01 ene. 2026

De la mano de los orishas brasileños se acercan al fin de año

Miles de fieles de las religiones afrobrasileñas tiñen de blanco la playa carioca de Copacabana.

Entre velas y ofrendas, la imagen sonrosada de Yemanjá fue llevada este sábado hasta la vera del mar en una procesión precedida por barcos a escala y rodeada de un sinfín de rituales y sacerdotisas vestidas con el icónico traje blanco con tocado.

Decenas y decenas de fieles seguían este domingo haciendo ofrendas florales en el mar a título individual, con ramos blancos comprados en los puestos improvisados que cada fin de año se colocan en incontables esquinas del barrio de Copacabana.

“Yemanjá es la fuerza del mar, es nuestra fuerza marina que trae positividad y se lleva las energías negativas por la sal del agua”, explicó a Efe Caenara, una de las responsables del evento y celadora de umbanda y candomblé, las dos principales corrientes religiosas dentro de las tradiciones afrobrasileñas.

Al ojo desentrenado, que espera algo parecido a una procesión al estilo de la vieja Europa, le sorprende la alegría y la música que se entrelazan en canciones y ruedas de baile con notas de ascendencia africana que inundan la playa.

Y es que la música para los seguidores de estas religiones es equivalente a la “oración”. “Nuestros cantos son lo que nos gustaría decir a nuestros orishas”, afirma Caenara.

Sin embargo la tenue línea del sincretismo que separa estas religiones de origen africano de mimetizarse con el cristianismo europeo en ocasiones se desdibuja y apenas se distingue.

Durante el ritual, varios fieles se santiguan antes de abrir las manos y cerrar los ojos, con intención de percibir la energía que emana de unas velas encendidas.

La prohibición de las religiones africanas por parte de varios gobiernos hasta mediados del siglo XX y su marginación por parte de la mayoritaria Iglesia Católica, que perduró durante décadas, propiciaron ese sincretismo.

Por ello, en muchos lugares de Brasil Yemanjá se asimiló como Nuestra Señora de la Concepción de la Playa, patrona del estado de Bahía (noreste), región con más fieles de candomblé.

Bajo la pátina de la cristianización se mantuvieron rituales, la música y las creencias de los africanos, procedentes de lo que hoy es Nigeria y Benin, que fueron esclavizados durante la época colonial para realizar los trabajos más duros.

En el núcleo de sus creencias están los orishas, divinidades hijas de Olorún, un dios supremo muchas veces asimilado en Brasil al dios uno y trino del cristianismo.

Con el tiempo el candomblé y el umbanda rebasaron la frontera racial y en especial el culto a Yemanyá, que ahora cuenta con seguidores que incluso no se consideran fieles de esos credos de origen africano.

Para Marta Doshun -apellido de candomblé, según ella misma explica- la religión umbanda “lo es todo”, ya que “cambió todo” en su vida.

Doshun, que acudió a la procesión vestida de blanco inmaculado como todos los que se acercaron a honrar a Yemanjá, también encuentra muy adecuado este tipo de festividades en el centro neurálgico de Río de Janeiro porque “ayuda a divulgar” su religión.

Con ella coincide la celadora Caenara, para quien la procesión anual de Yemanjá “además de ser una fiesta totalmente religiosa, muestra al pueblo que la religión no es solo para practicar dentro del barracón”.

“En la calle también hay religiosidad, puedes encontrarte a varias personas para rezar, adorar y bailar”, concluye.

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