La guarania, violín y academia se encuentran en la propuesta artística y de investigación desarrollada por el violinista paraguayo Pablo Campos, quien llevó la música de José Asunción Flores al repertorio académico internacional a través de un arreglo para violín solista y orquesta para “trasladar, resignificar y poner en valor su música” y, al mismo tiempo, dar a conocer la guarania más allá de las fronteras del país.
Violinista, docente e investigador, Pablo se dedica a la interpretación del violín tanto en el ámbito artístico como académico. Su formación incluye cinco años en universidades de Estados Unidos: Dos años de maestría en Emporia State University, en Kansas, y tres años de doctorado en la University of Oklahoma.
Su tesis doctoral precisamente centró en un trabajo interpretativo basado en la obra de José Asunción Flores. “Consistió en un arreglo para violín solista y orquesta, compuesto por mí en forma de fantasía, al que llamé El Alma de Flores. Nace con el objetivo de poner en valor su música dentro del repertorio académico del violín y también como una forma de dar a conocer al mundo la guarania”, afirmó.
Valoración. Profesores formados en las mejores escuelas de música de Estados Unidos “quedaron maravillados con las melodías de la guarania”, relató. El trabajo reúne, además, un análisis narrativo, técnico e interpretativo, y prevé para el próximo año la publicación de un libro y la liberación de la partitura.
Integrar el violín –instrumento central del lenguaje académico– a la música popular paraguaya fue, para Campos, un ejercicio de diálogo y mucho respeto por todo lo que representa.
“Significó tender un puente entre dos mundos que muchas veces se perciben separados. El desafío no era imponer una técnica, sino ponerla al servicio del carácter, la melodía y la emoción propias de esa música”, expresó, al destacar que el violín se convierte así “en una voz que amplifica la identidad paraguaya sin perder su esencia”.
El arreglo abarca cinco melodías emblemáticas de Flores, como India, Gallito Cantor y Mburikao, pero hay una que ocupa un lugar especial. “La que más me toca es Nde ratypykua. Tengo una conexión especial con esa melodía desde niño; cada vez que la escucho me genera nostalgia”, confesó.
En cuanto al reconocimiento internacional, Campos sostuvo que la guarania sigue siendo poco conocida en el ámbito académico, pero considera su trabajo “un pequeño aporte” para que violinistas paraguayos y de otros países interpreten esta música y la guarania sea conocida “a través de la voz del violín”.
Desafío. Su paso por esta experiencia académica en Estados Unidos fue de una etapa exigente, marcada por la distancia y la presión constante.
“Es difícil lejos de los seres queridos y con la presión de los profesores y de la universidad, pero es una presión que hace crecer como músico e intérprete. Estás en desafío constante tocando conciertos o rindiendo exámenes, aunque el ambiente entre compañeros es de mucho apoyo”, señaló.
Actualmente cuenta con un estudio de formación musical donde busca ‘’acompañar a los estudiantes no solo en lo técnico, sino también en su crecimiento artístico y humano”, explicó.