15 ago 2026

De la Espriella piensa en un “Plan Marshall” ante estragos del sismo

Réplica. El presidente colombiano busca asistir a un departamento “abandonado” por Bogotá.
Sin tiempo. Los rescatistas redoblaron esfuerzos, ayer, en búsqueda de cientos de desaparecidos.

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Angustia. El terremoto destruyó más de diez mil casas, lo que dejó a familias enteras a la deriva.

LUIS ACOSTA/AFP

QUIBDÓ/ PEREIRA

El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, afirmó ayer que tiene en mente un proyecto semejante al “Plan Marshall” para ayudar al departamento del Chocó, uno de los más pobres del país y epicentro del terremoto de magnitud 7,4 que el lunes causó una gran destrucción en varias partes del país. “Yo quiero proponer un plan especial, un ‘Plan Marshall’ para el Chocó. El Chocó ha sido abandonado a su suerte por el centralismo del poder en Bogotá, como si no existiera, y quiero darle en la “patria milagro” a este departamento de gente extraordinaria el lugar que se merece”, dijo De la Espriella apenas llegó a Quibdó.

El “Plan Marshall” fue un millonario programa puesto en marcha por Estados Unidos para ayudar a los países de Europa occidental tras la Segunda Guerra Mundial.

De la Espriella, que ya había visitado Quibdó el pasado martes para constatar los daños causados por el terremoto en el Chocó (oeste), donde hubo 13 muertos y numerosas casas y edificios destruidos, regresó este viernes a la ciudad capital para hacer un recorrido por barrios y centros educativos afectados.

El mandatario, que asumió el cargo hace sola una semana, ha tenido que hacer frente desde el tercer día de su mandato a los efectos del terremoto cuyo epicentro estuvo en San José del Palmar, un pueblo del Chocó, y que deja hasta la fecha 285 muertos y 379 desaparecidos.

Según el presidente, Colombia es un país que ha estado acostumbrado a reponerse de las adversidades y ante esta tragedia “lo tenemos que hacer juntos, lo tenemos que hacer unidos como sociedad”.

“Yo estoy trabajando 20 horas al día, eso me llena al corazón, quiero ayudar a la gente. Creo que en medio de toda esta tragedia aquí hay una oportunidad muy grande para el Choco”, dijo al hablar de la reconstrucción de esa región.

De la Espriella, que se ha propuesto descentralizar el Gobierno, incluso con despachos presidenciales fuera de Bogotá, añadió: “Todos estos territorios que han sido olvidados y ahora devastados por la naturaleza, tenemos que reconstruirlos, hay una gran labor por delante”.

Contrareloj. Las autoridades colombianas redoblaron ayer la búsqueda de los cientos de desaparecidos que dejó el potente terremoto, aunque se desvanecen las posibilidades de hallar sobrevivientes pasada la fase crítica de rescate.

Las maquinarias pesadas empezaron a remover escombros en lugares donde se descarta que haya vida tras el sismo de magnitud 7,4, que afectó el oeste del país.

El balance de víctimas aumentó a 281 muertos y más de 3.900 heridos, reportó el presidente colombiano. Además, se cuentan 379 desaparecidos bajo montañas de ruinas, latas y cables colgando.

David Tamayo, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), reconoció que “la probabilidad de encontrar sobrevivientes se va agotando”.

“Pero la consigna es no dejar de buscar (...) no descansar hasta que no demos un parte de encontrar esas personas, ojalá vivas, o recuperar sus cuerpos si están dentro de los escombros”, indicó en un video publicado por su agencia la noche del pasado jueves.

En medio de la zozobra, surge un espacio para dar abrazos

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Crucial. La contención emocional es fundamental entre los miles de damnificados, quienes están en total desamparo.

RAUL ARBOLEDA/AFP

Los damnificados del terremoto que sacudió Colombia esta semana requieren de múltiples ayudas, desde medicinas hasta techo y alimentos, pero en medio de las graves necesidades una iniciativa brinda abrazos, un soporte emocional que da esperanza.

En el sector Capri, uno de los más afectados en Cali, escombros y hierros retorcidos hacen irreconocible la zona. Allí un músico caleño de 46 años busca dar aliento y ánimo a sus paisanos.

En medio de dos árboles a la sombra y carteles improvisados, Andrés Solomón manifiesta su solidaridad con fuertes abrazos a los que lo perdieron todo y buscan a sus familiares en la tercera ciudad más poblada del país. “Estamos atravesando un trauma colectivo y creo que la mejor manera también en la que podía ayudar era pues regalando la energía que tengo y la vitalidad que me queda”, dijo. Cree que además de las ayudas materiales es clave apoyar “escuchando a las personas, abrazándolas, sintiéndolas e invitándolas también a que se suelten todo ese dolor que tienen reprimido por la situación”.

Como él, muchos voluntarios se acercan a abrazar a los damnificados y darles una voz de esperanza cuando la ventana de 72 horas críticas para hallar sobrevivientes llegaba a su fin a primera hora del jueves. “Nací en Cali y ver este dolor me llega hasta lo más profundo, imaginarme que personas aún están enterradas con vida”, dijo Lyda Arias, de 72 años, presidenta de la Confederación Evangélica de Colombia que vino para apoyar a quienes buscan apoyo anímico.

No solo los damnificados se benefician de este gesto humanitario. Por el sector Capri pasan socorristas, personal de logística, de salud, funcionarios locales, voluntarios, entre otros que también llevan encima una fuerte carga emocional.

“Primero es una descarga. A la gente le cuesta mucho acercarse porque todo el mundo está reprimiendo porque creen que tienen que sentirse fuertes para para poder ayudar”, asegura al agregar: “Es importante dejar, soltar todo ese dolor que tenemos en este momento, porque duele mucho”.

Oriana Ordoñez, una estudiante de derecho de 21 años, que también se acerca para apoyar, habla de la importancia de reconfortar a las personas en su dolor. “Mis compañeros, muchos quedaron sin vivienda y están pasando un momento muy difícil. Muchos están acá con su fachada dura, pero realmente por dentro están muy tristes”, dice.

La solidaridad en las zonas más afectadas se ha traducido en varias iniciativas colectivas, desde ollas comunales para hacer y distribuir comidas, donaciones, refugios temporales o ayudas con vehículos y maquinaria pesada para remover escombros y ayudar al mayor número de personas atrapadas. AFP

EFE
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