La música clásica está generalmente asociada con la alta cultura e incluso se tiene el pensamiento que para apreciarla solamente se puede hacer en espacios como el teatro o conciertos.
Sin embargo, muchas de las composiciones permearon la cultura popular y formaron parte de la banda sonora de publicidades inolvidables, fueron asociadas a eventos deportivos, acontecimientos sociales y mucho más.
Dos destacados maestros de la escena musical paraguaya conversaron con Última Hora y brindaron su percepción y un análisis sobre destacadas composiciones centenarias.
Novena sinfonía, de Beethoven
La composición hecha por el músico alemán Ludwig van Beethoven, data de 1824 y contiene el Himno a la alegría, considerada por el maestro Diego Sánchez Haase, director de la Orquesta Sinfónica del Congreso Nacional (OSIC), como “uno de los mayores monumentos a la música sinfónica”.
Haase menciona que la composición posee “un enorme canto de esperanza para la humanidad”.
A su turno, el director de la Orquesta de Cámara Municipal de Asunción (OCMA), Miguel Ángel Echeverría, califica la composición como “una obra cumbre”, “majestuosa para coro y orquesta” y detalla que fue escrita por Beethoven ya cuando enfrentaba la sordera.
El Himno a la alegría fue por muchos años asociado a la Copa Libertadores, utilizada por un canal argentino que transmitía la competencia deportiva, como canción de las transmisiones, y fue, al igual que otras composiciones de Beethoven, banda sonora de la adaptación cinematográfica de La naranja mecánica, dirigida por Stanley Kubrick.
Las cuatro estaciones
La obra hecha por el compositor italiano Antonio Vivaldi describe “las distintas características de cada estación”, según comenta el maestro Echeverría, quien destaca: “Es muy descriptiva”.
Ese mismo rasgo también es resaltado por Sánchez Haase. “Uno de los antecedentes de la música descriptiva y muestra del dominio vivaldiano de las estructuras y de la escritura violinística”, resaltó el director sobre las composiciones que datan de alrededor de 1725 y que fue banda sonora de dibujos animados a publicidades.
Tocata y fuga en re menor
La pieza fue creada por el compositor alemán Johann Sebastian Bach cerca de 1708 y es considerada por Sánchez Haase, presidente de la Sociedad Bach del Paraguay, no solo como “una de las mayores obras organísticas”, sino también como “una muestra del magistral arte del contrapunto bachiano”.
Por su parte, el maestro Echeverría señaló que la obra conjuga una unión dramático-penetrante al ser interpretada en los grandes órganos a tubo y se trata de una pieza en la que el autor demostró “su dominio de la técnica que poseía en composición”.
Asociada corrientemente en la ficción a vampiros, formó parte de la banda sonora de películas como Ed Wood, de Tim Burton, y también aparece en la animación Fantasía, de Disney.
La cabalgata de las valquirias
Esta pieza fue compuesta por otro alemán, Richard Wagner, cerca de 1870, y forma parte de una de las óperas del autor. Echeverría destaca que de influencia alemana, se inspiró en la historia de los vikingos.
“Muestra de la poderosa orquestación wagneriana y de la riqueza de los leitmotivs”, señaló Sánchez Haase, sobre la obra que suena en una épica escena de la película Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola.
El Danubio azul
La obra fue compuesta por Johann Strauss alrededor de 1866 y a nivel popular se volvió parte esencial de las fiestas de 15 años y casamientos.
“La música popular llevada magistralmente a la orquesta sinfónica”, considera el maestro Sánchez Haase, que califica la pieza como “una de las obras maestras del Rey del Vals, como se le conoce a Strauss”.
A su turno, el maestro Echeverría menciona que la pieza se trata de la época del romanticismo y fue inspirada en el majestuoso río Danubio azul, ubicado en Europa, “que hoy en día ya no es tan azul”.
Infaltable también en las ficciones, sobre todo en escenas de casamientos, como en la película argentina Relatos salvajes.
Obertura de Guillermo Tell
Esta obra que forma parte de una ópera creada por el compositor italiano Gioachino Rossini cerca de 1829, probablemente sea una de las más populares, utilizada en cientos de publicidades de los más diversos productos y por haber sido banda sonora de un clásico de la televisión y el cine.
“Conocida por grandes y chicos por su banda sonora en la película El Llanero Solitario”, recordó el maestro Echeverría, mientras Sánchez Haase la destacó como una muestra del “maravilloso melodismo italiano” y del estilo “personalísimo” de Rossini.
Pequeña serenata nocturna, de Mozart
Creada por uno de los mayores representantes de la música clásica, el austriaco Wolfgang Amadeus Mozart, alrededor de 1787, es considerada por Sánchez Haase como una de sus principales composiciones.
“Como todas las músicas de Mozart, esta tiene unas melodías que transmiten sensación de alegría contagiante para músicos y melómanos”, destacó Echeverría.
Esta pieza ganó varias versiones y formó parte de programas de la televisión mundial y otras producciones.
Quinta sinfonía, de Beethoven
Considerada por Sánchez Haase y otros maestros como “la pieza más conocida de la música clásica”, fue compuesta por Beethoven y estrenada en 1808. Es recordada por sus cuatro primeras notas, que dieron lugar a la popular interpretación de que representan “el destino llamando a la puerta”.
La obra es probablemente una de las más presentes en la cultura popular y suele utilizarse para acompañar momentos de tensión, dramatismo o suspenso.
La Catedral
En cuanto a la colaboración paraguaya a la música clásica, ambos maestros coinciden al citar la magistral obra La Catedral, de Agustín Pío Barrios, que aparece en 1921 y constaba originalmente de dos partes y luego Mangoré agregó otro movimiento.
“Una de las obras maestras universales para la guitarra y la obra cumbre de Mangoré”, destacó Sánchez Haase mientras que Echeverría destacó que la “interesantísima” pieza forma parte “de los programas de los grandes conservatorios del mundo”, al igual que del repertorio de “los grandes solistas de guitarra”.
Otras obras
Sobre otras piezas, Sánchez Haase menciona que En la gruta del rey de la montaña, creada cerca de 1876, por el compositor noruego Edvard Grieg, se trata de una obra con “magistral manejo de la orquestación”, mientras que Canon, hecha alrededor de 1680 por el alemán Johann Pachelbel, denota una “maestría en sus variaciones”.
Asimismo, sobre la popular Para Elisa, de Beethoven, creada cerca de 1810, el maestro señala que a pesar de ser una obra menor “muestra claramente la impronta personalísima del genio de Bonn”, ciudad natal del compositor alemán.
De igual modo, sobre la Quinta sinfonía, de Piotr Ilich Tchaikovsky, compuesta cerca de 1888, el maestro Echeverría destacó que se trata de su sinfonía preferida.
“Por la solemnidad del primer movimiento; los demás movimientos demuestran la calidad metodista del compositor”, acotó.