Lo que empezó como una simple conversación en la puerta de su casa terminó convirtiéndose en uno de los momentos más dolorosos y humillantes para una mujer que solo buscaba una oportunidad para ganar un poco de dinero.
Dos desconocidas llegaron hasta la vivienda de Liz Sanabria en Santa Rosa del Aguaray, ofreciéndose como supuestas compradores de cabello, aprovechándose de la vulnerabilidad económica que golpea a tantas familias.
Según relató entre lágrimas, las mujeres le aseguraron que solo necesitaban una pequeña mecha para verificar la calidad de su largo y hermoso cabello, que le caía por debajo de la cintura.
Ella se negó en varias ocasiones, aferrándose al valor sentimental que ese cabello representaba. Ante la insistencia, la presión y la esperanza —aunque mínima— de obtener algún ingreso, la llevaron finalmente a confiar.
“Me dijeron que solo iban a cortar un poquito”, expresó con la voz entrecortada.
Fue en ese instante cuando todo cambió. En apenas segundos, las falsas compradoras actuaron con total frialdad: tomaron un mechón grande y cortaron casi todo su cabello de un solo tajo.
No hubo explicación, no hubo negociación, no hubo pago. Solo una brutal decisión que la dejó paralizada, sin tiempo para reaccionar mientras veía caer al suelo una parte de sí misma.
Tras unos forcejeos para recuperar su mechón, las desconocidas huyeron inmediatamente, dejándola en shock, con el rostro desencajado, la mirada perdida frente al espejo y el mechón de cabello en sus manos.
“Sentí que me arrancaron algo más que el pelo”, confesó.
El hecho despertó profunda indignación en la comunidad, que lamenta cómo la pobreza lleva a muchas personas a confiar en desconocidos y caer en engaños cada vez más crueles.
Vecinos recuerdan que este no sería el primer caso y temen que existan grupos que se dedican a recorrer barrios aprovechándose de la necesidad.
Las autoridades exhortan a la población a no dejar ingresar a extraños a sus hogares, a denunciar a personas sospechosas y a reforzar cuidados.