El nuevo crecimiento del precio internacional del petróleo derivado de conflictos geopolíticos y sus efectos en Paraguay muestran las inconsistencias de una política energética que no articula la producción de energía, el sistema productivo, el sistema de transporte y la resiliencia económica. La excesiva de pendencia de hidrocarburos y de sus precios internacionales revelan la ausencia de una,política energética coherente con las oportunidades con que cuenta nuestro país
Paraguay se presenta internacionalmente como un caso paradigmático en la producción de energía eléctrica renovable. Con una matriz eléctrica dominada por la generación hidroeléctrica, el país genera excedentes que le permiten exportar energía y presumir de baja huella de carbono. Sin embargo, esta ventaja aparente contrasta con una realidad más compleja: La economía y la seguridad energética del país siguen siendo sensibles a los precios y la disponibilidad de combustibles fósiles importados.
La estructura sectorial de la energía en Paraguay es altamente fragmentada. Mientras que la electricidad proviene en su mayoría de fuentes renovables, los sectores del transporte, la producción e incluso los hogares dependen esencialmente de combustibles fósiles, incluyendo carbón. La generación de energía eléctrica renovable no está implicando una transición energética que reduzca la dependencia de hidrocarburos.
La política energética ha tendido a priorizar la exportación de excedentes eléctricos en lugar de promover medidas que reduzcan la demanda de combustibles importados. Paraguay no ha podido diversificar su consumo energético aumentando el consumo de energía eléctrica y reemplazando los combustibles fósiles.
Este es el resultado de la ausencia de una política energética nacional coherente y de largo plazo, articulada entre las diferentes instancias públicas que tienen competencias en este ámbito.
La infraestructura para sustitución de combustibles es incipiente y desigual. Además, el sistema de incentivos no contribuye a la transición energética. Por ejemplo, el subsidio al transporte público profundiza la matriz dependiente de combustibles fósiles e importados.
Los conflictos geopolíticos que elevan los precios del petróleo repercuten directamente en la economía paraguaya, aumento de precios de combustibles para transporte, costos logísticos, encarecimiento de fertilizantes y biocombustibles. Todo ello impacta en la inflación, la competitividad de las exportaciones agrícolas y el poder adquisitivo de la ciudadanía.
Un ejemplo concreto es la importación de diésel y gasolina para el transporte de carga y pasajeros, así como para la agricultura mecanizada; pese a que la electricidad es abundante y barata en términos relativos, la falta de electrificación del transporte pesado mantiene la dependencia de combustibles importados. Asimismo, la industria que requiere calor a alta temperatura o procesos específicos continúa usando carbón o derivados del petróleo.
Las inconsistencias producen impactos totalmente medibles. Económicamente, la volatilidad de los precios de combustibles incrementa el costo del transporte y la producción agrícola, afectando tanto a productores como consumidores. Socialmente, los hogares de menores ingresos soportan aumentos significativos en transporte y alimentos básicos, incrementando la pobreza y la desigualdad. Ambientalmente, la persistente utilización de combustibles fósiles prolonga emisiones de gases de efecto invernadero en sectores claves, contraviniendo compromisos climáticos y desaprovechando la oportunidad de liderazgo climático que implicaría una electrificación profunda basada en la matriz renovable.
Ser un gran productor de electricidad renovable y, al mismo tiempo, vulnerable a los shocks de los combustibles fósiles es una muestra de las inconsistencias de la política energética. La solución pasa por aprovechar la ventaja competitiva en la producción energética para transformar otros sectores dependientes del petróleo y el gas. En un mundo de crecientes tensiones geopolíticas, la resiliencia energética no solo es una cuestión ambiental, sino una necesidad económica y social. Paraguay tiene la oportunidad de convertir su matriz eléctrica limpia en palanca para una transición energética completa; hacerlo requerirá voluntad política sostenida, inversiones estratégicas y políticas coherentes que alineen seguridad energética, desarrollo, bienestar de la población y justicia social.