“Como un regalo de cumpleaños”, así define Gaspar Fernández (32) la forma en que conciben un espectáculo infantil. “Que al chico le genera suspenso y al abrirlo surge la sorpresa, y después viene otro regalo... Es como muchos regalos que se le van dando, de forma que se sienta sorprendido en todo momento”, añade. Para él y Cecilia Peredo (30), crear para los más chicos es cosa seria.
Además de actriz, Cecilia es artista plástica y bailarina (“Aunque el baile lo dejé hace rato”, dice, modesta). Gaspar suma a su formación actoral la de mimo, clown y acróbata (incluso llegó a realizar espectáculos con el grupo argentino de teatro aéreo Fuerza Bruta). Cuando se conocieron, para ambos fue lo más natural focalizar su trabajo hacia lo infantil, pero con un giro de tuerca, como explica ella: “Nos dimos cuenta de que teníamos la misma idea del teatro para chicos, de que queríamos contar algo con contenido, pero que veníamos trabajando en grupos en los que no compartíamos la mirada. Sin menospreciar a los que hacen obras de princesas y demás, dijimos: ‘Bueno, esto es lo que siempre se ve. Nosotros queremos hacer algo completamente distinto, queremos innovar’. En nuestro espectáculo, creamos un mundo inventado por nosotros. Apostamos por algo distinto, que nos guste, algo que sea artístico”.
“También nuestro modo de actuar es diferente. Nos caracterizamos por una forma caracterizada de interpretar, supergestual. Es lo que los críticos nos han dicho: ‘Se nota que han innovado con una técnica nueva que a los chicos les fascina’. Como lo que ven en los dibujos animados traducido al teatro: un lugar donde todo puede pasar”, agrega Gaspar.
Si bien, desde hace varios años, ambos se dedican a animar eventos y llevar obras a colegios, el primer espectáculo infantil concebido para una sala de teatro apareció en el 2013: La fábrica de los sueños, estrenado en el teatro El Tinglado de Buenos Aires. En esta puesta, los jóvenes actores personifican a Caniche y Finito, dos niños que deben salvar a la Ciudad Alegría de la malvada Elvicaria ─reina de Ciudad Oscura─, quien decide abrir, junto a su secuaz Mr. Gagá, una fábrica de sueños, para la que planea robar las emociones, los deseos y sueños de los niños.
Para crear este mundo fantástico, fusionaron las diferentes expresiones artísticas en las que ambos están formados. Esto incluye danza, clown, mimo y malabares, además de recursos multimedia. “Cuantas más disciplinas y actividades manejás, más herramientas tenés para incentivar y sorprender a los chicos con diferentes estímulos”, sostiene Cecilia. Ambos toman como referentes el humor de Los tres chiflados, El gordo y el flaco o los hermanos Marx; así como Charles Chaplin, Buster Keaton, Benny Hill, Mr. Bean y el mimo de mimos, Marcel Marceau.
Cecilia y Gaspar visitaron el país invitados para brindar el taller Escena teatral infantil, abierto al público en general; así como un curso intensivo a los integrantes del grupo Cuarta Pared, quienes llevarán a escena La fábrica de los sueños, en el mes de julio, bajo la dirección de Regina Rial Banti.
Un espacio para imaginar
Los niños son un público muy exigente. De eso no hay duda. Por ello, hay una serie de cuestiones a tener en cuenta cuando se piensa en un espectáculo dirigido a los más pequeños, como comenta Gaspar. “Nosotros siempre nos focalizamos en el ritmo, en los tiempos. Porque al niño hay que tenerlo muy atento, atraparlo. Entonces, estamos pensando todo el tiempo en eso y en tener muchas herramientas, con esto que decíamos del mimo: lo corporal, la música”, señala. “El ritmo nos lleva a trabajar con los diferentes matices. Que cada escena tenga un ritmo distinto al otro, pero que en un conjunto sea todo bien dinámico, como con una obra con diferentes colores, como si cada escena tuviera su propia música interna”, detalla Cecilia.
La fábrica de los sueños fue nominada al Premio ACE (Asociación de Cronistas del Espectáculo) como Mejor Espectáculo Infantil del 2013. Aunque no obtuvieron el galardón, el que su primera puesta haya sido una de las cinco seleccionadas en un país donde se hacen más de 400 producciones al año en ese estilo no deja de resultar un mérito que destacar.
Para lo que va del año tienen planes de remontar La fábrica... en mayo, preparar una nueva obra que llevarán a los colegios y, a la par, realizar proyectos dirigidos a un público adulto. Por eso, mientras se habla de la dificultad de llevar a la gente al teatro, en el caso de esta dupla, ambos indican que no se han encontrado con este obstáculo. “A lo mejor, los chicos pueden ver dibujitos y están con los videojuegos y demás, pero eso no les ayuda en lo creativo, en el imaginar, en el conectar con un espacio que están viendo, en sentirse parte de lo que ven”, afirma Cecilia.
La alegría que les genera esta labor se nota en cada gesto, en el tono de la voz y en el brillo de sus ojos cuando hablan de su quehacer. Su objetivo lo tienen bien en claro, como enfatiza la actriz y bailarina: “Buscamos que el teatro pueda cumplir también una función de conectar a los niños con un mundo más sensible desde el juego y, sobre todo, dejar un mensaje positivo. Cuando hacemos una obra, lo primero que nos preguntamos es: '¿Qué queremos contar a los chicos? ¿Qué queremos que se lleven?’”
Texto: Jazmín Ruiz Díaz
Fotos: Fernando Franceschelli.