28 feb. 2024

Con ÚH: Memorias de la Gloria, el libro de la leyenda ODD

A los 11 años, Osvaldo Domínguez Dibb se ingenió para convertirse en aguatero del Club Olimpia. En ese entonces, decía “que algún día entraría a la cancha como jugador. Pero no. Yo llegué a presidente. De aguatero a presidente. Quién lo diría”, extracto del libro Memorias de la Gloria. Mi vida.

La obra sobre la vida del gran ODD, recientemente fallecido, llegará nuevamente a los lectores de Última Hora este martes 13 de febrero, a G.150.000.

Para reservas se puede solicitar al canillita o al distribuidor local. También llamando al (0984) 805-360, (021) 415-7535 o pedir vía delivery comunicándose al (0986) 280- 611.

El escritor y periodista, Hugo Vigray, quien trabajó con ODD en la escritura del libro, comentó que una de las mayores contribuciones de don Osvaldo al fútbol paraguayo fue el cambio de mentalidad. “El de haber convencido a sus compañeros de travesía que nunca debemos pensar que somos menos que nadie”, manifestó.

Vigray considera que la historia del deporte paraguayo lo recordará como un gran basquetbolista, donde se notó su temple, su carácter indomable. “Aquel ímpetu que luego, como dirigente, transmitió a sus compañeros del peregrinaje a los que convirtió en apóstoles de la gloria”, sostuvo.

“Su temple estaba arropado de frases infinitamente motivadoras para su gente, como que ‘pienso en grande porque somos grandes’. Convencía diciendo que ‘para ver nuevos horizontes hay que perder el temor de perder de vista la playa’ y aquella frase de entereza mística que supo recoger de la poesía de Almafuerte: ‘ni aún vencido te sientas vencido’. Ese era el gran ODD”.

Su hijo Alejandro Domínguez, presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) señaló a ÚH que su padre partió a la eternidad envuelto en el afecto y la admiración de miles de personas, en una de las muestras de cariño y respeto más masivas que se hayan visto en nuestra sociedad. “Naturalmente, no se trata de un fenómeno accidental”, expresó orgulloso.

Agregó que, con su fuerte personalidad y su mentalidad ganadora, ODD demostró que los paraguayos son capaces de alcanzar cualquier meta y “que no estamos condenados a contentarnos con los octavos o los cuartos de final, que somos capaces de llegar a la final y ganarla. Y no solo en el fútbol”.

Alejandro acotó que las grandes conquistas que alcanzó con su amado Olimpia ODD, no eran objetivos egoístas o destinados a saciar vanidades, al contrario, tenían un propósito profundo: “Enseñar que cualquier hazaña es posible y que cuanto más grande sea el rival, mucho mejor. Quería que el paraguayo se acostumbrara a ganar, a no amedrentarse ante los adversarios, a no justificar las derrotas, algo que, por cierto, él nunca hizo”.

Desde su juventud en las canchas de básquetbol ODD aprendió que ninguna derrota es definitiva y que siempre habrá revancha, que hay que estar preparado para la oportunidad.

pasión y convicción. “El entrenamiento y la repetición generan perfección”, solía decirle a Luis Cubilla, cuando se pusieron al frente de un Olimpia que revolucionó el fútbol paraguayo, compartió Alejandro. “Levantó una bandera y pidió que creyeran y le siguieran. En todo ese proceso, ODD mostró una pasión arrolladora y disfrutó al máximo de cada segundo en el fútbol”, dijo.

El presidente de la Conmebol sostuvo que su padre siempre les hizo parte de su vida, de sus proyectos y de sus planes.

“Estuvimos a su lado en la gloriosa travesía que hizo con el club Olimpia a lo largo de décadas; trabajamos codo a codo con él en sus empresas e industrias y fue así también cuando se lanzó a la arena política”, recordó.

En todos sus emprendimientos o iniciativas, buscó el apoyo de su familia, pues “sabía que un hombre sin esta fuerza y sostén, no puede llegar muy lejos. Esto no es extraño, en realidad, considerando sus raíces. Hijo de inmigrantes sirios, se formó en un hogar asentado sobre dos sólidos pilares, el trabajo y la familia”, relató, agregando que años después, como empresario, invirtió en Paraguay porque fue el país que le abrió las puertas a sus padres, que habían llegado de Medio Oriente con poco más que lo puesto.

Para el dirigente, su padre fue un hombre sin dobleces, que iba de frente, sin máscaras ni falsedades, y que “se convirtió en una verdadera leyenda y cosechó el cariño y la admiración de un país. Guardaremos como un tesoro su compromiso con los suyos, su ejemplo y su guía”.

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