Opinión

Combustible

Raúl Ramírez Bogado - @Raulramirezpy

Raúl Ramírez Bogado Por Raúl Ramírez Bogado

Markus Zusak, en su libro La ladrona de libros, cuenta que, cada 20 de abril, en el cumpleaños de Adolf Hitler, el Führer, había desfiles, marchas, músicas, canciones, y también una hoguera. Es que, como acto principal, los pobladores se reunían en la plaza central del pueblo y quemaban libros, periódicos, pósters, banderas, todo lo que imprimían sus enemigos.

Comenta que las Juventudes Hitlerianas de cada ciudad pasaban casa por casa recogiendo el “combustible”. Es decir, cualquier ejemplar que estuviera en contra de la ideología del Partido Nazi y de su líder, que tenía su propia literatura que debían leer de forma obligatoria, ya que era una muestra de adhesión; el conocido Mein Kampf (Mi lucha).

Además del acopio de los libros y cualquier publicación relacionada, también saqueaban barrios judíos. Entre los ejemplares destinados al acto, había bastante literatura. El autor menciona la obra El hombre que se encogía de hombros, que era la historia positiva de un judío.

Pero, cuál era el motivo de la quema de los libros. Cita un discurso dado durante el acto: “Hoy es un gran día. No solo es el cumpleaños de nuestro gran líder, sino que además hemos abatido a nuestros enemigos una vez más. Hemos impedido que se apoderen de nuestras mentes…”.

En su arenga, el líder local advertía a la gente que “se mantuviera en guardia, estuviera atenta, detectara y acabara con las malvadas maquinaciones que tramaban infectar la madre patria con sus deplorables métodos”. Señalaba a los “inmorales”: Los Kommunisten (comunistas), y por supuesto, los juden (judíos).

El discurso culminaba para luego dar paso a la gran hoguera donde se incineraba la montaña de libros que habían recogido de todo el pueblo, cuyos pobladores donaban cualquier ejemplar que no se compadecía con la ideología del Partido Nacional Socialista y, en especial, del Führer.

En la actualidad, contrariamente a estas quemas, el 23 de abril, tres días después del cumpleaños de Hitler, es la fecha internacionalmente dedicada al libro, pues dicen que coincide con el fallecimiento de Miguel de Cervantes, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega en el mismo día, en 1616 (Google).

Es un justo homenaje que se realiza al libro. Es que es la lectura es lo único que hará que podamos entender las cosas, sacar conclusiones, abrir nuestra mente, ser libres realmente y progresar hacia una vida digna.

Y esto vale oro en estos momentos, porque en la actualidad predominan los discursos de odio, la imposición de ideologías totalitarias, las noticias falsas, que ahora circulan por las redes sociales principalmente, y que, con la poca lectura que tenemos en nuestra sociedad, se van imponiendo cada vez más.

Hay críticas despiadadas que se hacen en forma direccionada a todo lo que se hace, a todo lo que dice, a la pertenencia o no a un grupo, y, en especial, a los que piensan diferente. Esta situación es azuzada por la actual pandemia que va matando nuestras esperanzas por el acuciante presente en el que vivimos.

Coincidiendo con esto, y aprovechando que este viernes 30 de abril recordaremos a los abnegados maestros, que son los que nos abren las puertas a este mundo de los libros, se da una circunstancia excepcional para estimular la lectura. Solo así podemos evitar que otros piensen por nosotros, que se “apoderen de nuestras mentes”, porque podremos distinguir las manipulaciones, lo real de lo falso. Ese es el principal aporte de la lectura, además de muchas otras cosas.

Lamentablemente, la pandemia hizo que tengamos que recurrir a las clases virtuales, que poco aportan realmente a la educación, pese a que existen buenos educadores. Sería bueno que, como trabajo práctico, les den a leer algunos libros, para luego comentarlos en clase. Es una buena forma de enseñar, de incitarlos a tomar este hábito, a tener “combustible”. Luego, espero que lo hagan porque les gusta.

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