La falta de imaginación y creatividad de un sector del Partido Colorado en la llanura, como para demostrar a propios (korreli) y extraños (el resto) la ensalada mental en la que están inmersos al dejar de succionar el pezón del Estado, hace que el Chapulín Colorado se incorpore a su propaganda.
Lo más notorio del buzón-afiche que compró la Asociación Nacional Republicana (ANR) es que el personaje del mejicano Roberto Gómez Bolaños es un antihéroe. Magistralmente caracterizado por su creador e intérprete, muestra cómo no debe ser quien pretenda estar a favor de causas justas, o al menos de sus amigos.
El humor salva al Chapulín del ridículo y la compasión. Sus buenas intenciones, invariablemente, acaban en una tontería grande como el estadio Azteca. La risa del televidente - de cualquier edad- es el escudo que le protege para no ver la miseria del que amaga, pero acaba en el intento.
Al otro lado del héroe fracasado - vaya paradoja en este calificativo- , una especie de don Quijote de la pantalla chica, están los que sí triunfan para defender a la humanidad, su país, su ciudad, o sencillamente al hijo de un anónimo vecino amenazado.
Superman, Batman y Robin, Spiderman o los X-Men son los que han ganado espacios en la mente popular por sus superpoderes, por derrotar escollos imposibles de salvar y estar a favor de valores indiscutiblemente positivos y dignos de ser incorporados a la vida de una persona.
En oposición a los que al final de cada historia siempre salen airosos, el Chapulín - aunque lleve una CH incrustada en el pecho- carece de un batimóvil, no vuela ni trepa las paredes con rapidez asombrosa. Por el contrario, resbala a cada rato, se golpea la cabeza por la puerta y no identifica a sus enemigos. Su único poder - para hacer más sarcástica la crítica a los invencibles- es empequeñecerse tras tomar su pastilla mágica, la chiquitolina. En vez de hacerse grande, hincharse como el verde gigante Hulk, se vuelve anga diminuto, mínimo, casi invisible, del tamaño de un botón en la palma de la mano.
Pues bien, ese Chapulín más digno de lástima que de admiración, ese Pycháî que jamás llegará a casarse con la hija del rey como en los cuentos populares, es el que el Partido Colorado toma como emblema.
Parece que la idea a comunicar es que los dirigentes colorados ayudan y defienden a sus correligionarios en peligro de ser echados de sus puestos públicos y acaso al país de rumbo incierto. La imagen escogida por los “cerebros”, sin embargo, transmite lo contrario: ANR oporodefendérô, amóntema. Calle segura.
Leyendo desde una perspectiva más global el mensaje, al fin de cuentas, el Partido Colorado en el poder nunca defendió a los kolo´o perseguidos - Movimiento Popular Colorado, Mopoco; Asociación Nacional Republicana en el Exilio, Anrer, etc.- y mucho menos al país que no robaba, torturaba o desterraba.