Los desfiles de vehículos llamando la atención con sus bocinas y portando banderas y carteles con mensajes contra Bolsonaro y en favor de medidas eficaces contra la pandemia se multiplicaron en las capitales regionales pero también en ciudades medianas.
Los manifestantes quieren que el Congreso ponga en discusión algunas de las 57 peticiones de apertura de juicio político destituyente contra Bolsonaro que han sido presentadas a la Cámara de Diputados y que cuestionan al jefe de Estado principalmente por su negacionismo frente a la gravedad de la pandemia.
Las manifestaciones de ayer fueron convocadas en las redes sociales por los partidos de izquierda, centrales sindicales y las poderosas coaliciones Frente Brasil Popular y Pueblo Sin Miedo, que reúnen a enormes organizaciones sociales como el Movimiento de los Sin Tierra (MST) y la Unión Nacional de los Estudiantes (UNE). Las caravanas tuvieron la adhesión de cientos de vehículos en las mayores ciudades pero no fueron multitudinarias como otras protestas contra Bolsonaro debido a que sus organizadores optaron por convocar a los manifestantes en automóviles para no provocar aglomeraciones y evitar la diseminación del Covid. “Con estas caravanas demostramos que es posible ir a la calle a protestar pese a la pandemia. Este Gobierno ya cometió demasiados crímenes contra la población brasileña y no podemos seguir quietos”, afirmó la líder sindical Carmen Foro, secretaria general de la Central Unitaria de los Trabajadores (CUT), mayor central sindical del país.
BOLSONARO oBSTÁCULO. Para los frentes Brasil Popular y Pueblo Sin Miedo, el líder ultraderechista se ha convertido en un obstáculo para que Brasil pueda superar la actual crisis sanitaria, así como las crisis económica y política, por lo que es necesario presionar al Congreso para que lo juzgue y discuta su posible destitución. “Incluso con más de 215.000 muertos por Covid, Bolsonaro sigue negando la gravedad de la pandemia, posicionándose contra la vacunación y reduciendo los recursos para la salud. Ante el colapso por falta de oxígeno en Manaos no hizo absolutamente nada”, denunciaron los movimientos sociales.
Brasil, con 210 millones de habitantes, es uno de los epicentros globales de la pandemia; el segundo país con más muertes en el mundo por Covid-19 después de Estados Unidos, con unos 215.000 fallecidos, y el tercero con más contagios, con 8,7 millones de casos. Pese a ello, Bolsonaro se mantiene como uno de los gobernantes más negacionistas sobre la gravedad del Covid, que llegó a tildar de “gripecita”; se opone a las medidas de distanciamiento social y hasta al uso de tapabocas e insiste en que la eficacia de las vacunas no está científicamente probada y que pueden tener efectos secundarios que los laboratorios se niegan a asumir.
Los movimiento sociales quieren que, ante la llegada de una segunda ola de la pandemia a Brasil, el Gobierno vuelva a distribuir los subsidios que distribuyó el año pasado entre 66 millones de familias de desempleados, informales y pobres para ayudarlos a paliar los efectos de la crisis sanitaria.