Texto: Carlos Darío Torres │ Fotos: Javier Valdez
Un día de semana cualquiera. El escenario puede ser tanto un colectivo como una plaza o algún otro lugar público. O incluso el propio hogar. Ver a una persona inmersa en el mundo que le ofrece un smartphone es una escena cada vez más frecuente, sobre todo en los más jóvenes. Las nuevas tecnologías se han vuelto omnipresentes, ¿pero se puede afirmar entonces que están creando un nuevo perfil de paraguayo?
La respuesta, lamentablemente, no puede ser categórica, porque como sucede a menudo en Paraguay, no existen estudios que sostengan alguna afirmación que avale la hipótesis o la contradiga. Aunque su importancia –las de esas tecnologías– sea perceptible en la vida cotidiana.
Lo confirma el sociólogo José Carlos Rodríguez: “No conozco una literatura fuerte, sólida, para respaldar un planteamiento orientado hacia eso. Sabemos del efecto que tienen en general las nuevas tecnologías, en especial sobre los jóvenes, pero no hay datos sobre lo que pasa con el paraguayo y en qué se parece a los jóvenes del resto del mundo”.
El experto sostiene que esas novedosas tecnologías de la información se han constituido en un nuevo elemento, no solamente de comunicación sino también de entretenimiento y de otras actividades. “Son como multiuso. Son bibliotecas, salas de cine, Facebook, teléfono, WhatsApp, etcétera; son muchas cosas al mismo tiempo; y son también pornografía, acoso, delitos”, advierte.
Ámbitos novedosos
Para Rodríguez, con los aparatos celulares actuales se ha creado un nuevo espacio público, como lo es la prensa, e incluso la plaza o la iglesia. Y esto necesariamente ha generado cambios fundamentales, sobre todo en términos de comunicación, reitera.
El sociólogo recuerda que anteriormente la telefonía fija o de línea baja abarcaba a un grupo pequeño de gente, una importancia secundaria inclusive, por lo menos en la mayoría urbana que tenía acceso a ella.
“La generalización del celular hizo que desaparezca ese aislamiento histórico en el que vivía el joven, incluyendo indígenas, brasiguayos, menonitas, pobres y ricos. Hoy están todos comunicados. Ahora, cómo los afecta eso en particular es más difícil de determinar, pero insisto en que el joven hoy consume más tecnología, sobre todo de la información”, sostiene.
"¿Qué implica eso?”, se pregunta a continuación Rodríguez. Y contesta que hoy existe una ruptura generacional, y que esto es algo que sí se nota, porque “la familia dejó de tener importancia, ir a la iglesia dejó de tener la importancia que tenía anteriormente; antes todo el mundo iba, y hoy acude el 25 o el 30% de la gente”.
Pero también el espectáculo que ofrece la tecnología multimedia ha dejado su influencia, pues es “muchísimo menos moralista”, en opinión de Rodríguez, quien asegura que el resultado es que hay mayor liberalidad sexual, lo que –por ejemplo– ha incidido en el descenso de la edad promedio de iniciación sexual de las mujeres, que hoy es de 15 años.
Consecuentemente, la familia actual tiene menos poder sobre los jóvenes, al igual que la Iglesia y los partidos políticos. “Existe ahora como una autonomía mucho mayor del joven. Entonces, hay una conformación de una cultura juvenil más fuerte que en el pasado”, afirma.
También hubo cambios en lo que se conoce como el núcleo de formación del joven, que anteriormente recaía en ámbitos tales como el colegio y la universidad, al decir de Rodríguez. “Hoy la juventud posee muchos otros ejemplos de conformación. La recreación es muy importantambién los clubes deportivos, las barras bravas. O sea, hay muchos núcleos vinculados con la formación de jóvenes”, resalta.
Cultura cambiada
Rodríguez recalca que los cambios que afectan al sector juvenil no se limitan a él, sino que forman parte de transformaciones más generales. “Se puede decir que es muy probable que haya una nueva cultura. Hay cambios en la cultura en general. La que vivimos nosotros o nuestros padres, hasta la Guerra Fría, era como una cultura muy marcada por identidades fuertes. El partido, la Iglesia y la familia eran como entidades muy absorbentes”, enfatiza.
Hasta no hace mucho, explica el analista, una persona tenía que ser colorada o liberal, católica o no. “Había como mucho más identidad; hoy la cultura es más light, vos podés ser cualquier cosa o varias cosas al mismo tiempo. Y eso abarca a los grandes y a los chicos, pero más a los jóvenes que no conocieron esa historia”, señala.
El menor peso e influencia de esos grupos se siente también en las relaciones sentimentales, que actualmente se rigen muy poco por lo que dice el cura o por lo que dicen mamá y papá. “Eso ya pasó a ser como una decisión juvenil. No es más una decisión de la generación anterior”, dice Rodríguez.
La nueva identidad tampoco recibe en la actualidad los castigos que los grupos mencionados aplicaban antaño. “Las afiliaciones partidarias no son tan frecuentes, así como la participación política. Votan más los mayores que los menores. Hoy la gente tampoco tiene ningún problema en irse o no a la iglesia; si tiene ganas, se va; si no, no; pero ya no tienen esa historia de que es pecado si no te vas el domingo a la iglesia. Eso ya no influye mucho”, agrega el sociólogo.
El resultado es entonces un joven que vive en su propio mundo, de recreación, de autobúsqueda de lo individual. “Tenemos mucho individualismo, menos moralismo, una ética de autorrealización personal con colectividades más débiles, con discursos globales más débiles. Ya casi nadie es más nacionalista en sentido fuerte, ni más liberal en sentido fuerte; nadie es más comunista en sentido fuerte”, dice Rodríguez.
La ausencia de un discurso global abarcante generó una onda ecléctica nueva y a la vez fuerte. Cómo conforma esa realidad una personalidad, probablemente sea también difícil de determinar, porque no existe un estudio específico sobre cómo es el joven ahora en relación al de antes. Solo vemos que es diferente y que la tecnología influye en ese cambio de perfil.
Modelos: Priscila Garcete, Petrus Brits y Javier Paredes de Humberto Yamil models.