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Caacupé: Claman por más centros para rehabilitar a adictos

 

Soltando globos al cielo, desde la explanada de la Basílica Santuario Nuestra Señora de Caacupé, la comunidad católica rindió ayer homenaje a las familias y, en especial, a las madres que soportan el flagelo que representa la adicción de un hijo a las drogas.

Esto luego de culminar la misa presidida por monseñor Ricardo Valenzuela, obispo de la Diócesis de Caacupé, que se centró en el Día Internacional contra el Tráfico Ilícito y Abuso de Drogas, que se recuerda cada 26 de junio.

El padre William Gerding, párroco de San Antonio y encargado del Centro de Rehabilitación de Adictos de la ciudad, recordó el trabajo de hace décadas de la hermana Regina Sian. Dijo que esta semana al ser condecorada en la Cámara de Diputados dio voz a los que no tienen voz. ‘‘Desde su silla de ruedas sigue clamando por espacios para el tratamiento de la adicción y nos ha demostrado que su amor infinito al prójimo en su dependencia al alcohol y otras drogas en los grupos de Alcohólicos anónimos y Narcóticos anónimos es posible’’.

Pidió a las autoridades presentes que no bajen la guardia porque el problema de la droga está generando sufrimiento, hogares rotos. El padre William bendijo a todos los que abrazan el camino de acompañar a los ‘‘sufrientes’’, a los que donan su tiempo a la prevención, tratamiento e inclusión social para aquellos que después de una rehabilitación o encarcelamiento al salir sufren de exclusión social.

Se dirigió a las personas que tienen el trastorno por uso de sustancias, a sus familias y amigos, y mencionó que cada vez en las parroquias y centros pastorales están capacitándose para escuchar e improvisar menos para acompañar más buscando disminuir el sufrimiento.

También se refirió a los grupos de tratamientos de personas adictas que no se ven por las redes, no se escuchan en la radio o no se ven en la televisión. A los operadores terapéuticos, los consejeros en adicciones, los especialistas que se comprometen con esta obra de ayudar, el párroco les dijo ‘‘que no están solos, las familias están agradecidas por su esfuerzo. No decaigan, son nuestra gran fortaleza’’.

‘‘La droga es como una mancha de aceite que invade todo. Cada vez necesitamos más cercanía para responder eficazmente desde salud pública a una enfermedad que necesita de otras respuestas por la alta disponibilidad y baja propuesta preventiva’’, indicó.

PRECARIEDAD. El párroco lamentó que como consecuencia de la venta ilegal al menudeo de la droga, en las comunidades y en los barrios, los niños y jóvenes que se encuentran viviendo situaciones muy precarias recurren a drogarse para calmar su hambre o para escapar de la cruel y desesperanzadora realidad que les toca vivir.

‘‘Hay que comenzar a implementar otras alternativas más cercanas a las familias, a las escuelas, a las comunidades, pasar de preocuparnos a ocuparnos del tema de manera sistemática y que las organizaciones civiles religiosas públicas y privadas sean efectivas para prevenir, para tratar y estigmatizar menos’’, destacó el párroco. DB


Nos alegramos tanto de que existan personas que tengan el valor y el coraje de luchar contra la adicción.
Ricardo Valenzuela,
obispo de Caacupé.

La droga no reconoce fronteras geográficas ni humanas, ataca por igual a países ricos y pobres, a jóvenes y adultos.
William Gerding,
párroco.

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