Lunes|1|Junio | grolon@uhora.com.py
Apenas nos instalamos en el vuelo de TAM que, procedente de São Paulo, nos traería de regreso a Asunción, las aeromozas nos entregan, a cada uno de los pasajeros, un protocolo que llenar. “Es un requisito de las autoridades sanitarias de Paraguay y les van a pedir al descender del avión junto con su declaración de equipaje”, alertan. “Si quiere un tapabocas me avisa, por favor”, agrega otra de las jóvenes integrantes de la tripulación.
¿Tiene o tuvo en los últimos diez días fiebre superior a los 38 grados? ¿Estuvo en los últimos diez días en alguna de las zonas donde se ha declarado la gripe A H1N1? ¿Le corre la nariz? ¿Le duele la garganta? son algunas de las tantas preguntas que figuran en el protocolo de referencia.
Ese solo hecho despierta la curiosidad de los pasajeros, situación que se ve acrecentada hora y media después al tocar suelo paraguayo.
Es que al descender del avión y abandonar la manga de desembarco, la recepción que le dan a uno es sencillamente sorprendente. Todo, pero absolutamente todo el personal en tierra luce impecables tapabocas y guantes de látex.
¿Qué pasa aquí? pregunta temerosa una somnolienta viajera mientras sacude el saco que se le había caído unos minutos antes sobre la alfombra sanitaria, toda cubierta de un polvo blanco (una suma de desinfectantes nada nocivos para los seres humanos, según me explicaron después).
La cosa es que, por lo menos hasta hace ocho días atrás, en el aeropuerto internacional Silvio Pettirossi las cosas parecen haberse tomado en serio en materia de prevención ante la aparición de la temible gripe A H1N1.
Confieso que no sé si las medidas en cuestión serán efectivas o no para evitar un contagio masivo, pero debo reconocer que lo que al principio fue una sorpresa para mí, luego se transformó en una agradable sensación de satisfacción con la tarea desplegada por las autoridades sanitarias en Paraguay.
Es probable incluso que mañana, según como vaya desarrollándose la enfermedad en nuestro país (aumenten los casos, los hospitales y centros de atención no den abasto o definitivamente se hagan mal las cosas), tenga que desdecirme.
Pero -nobleza obliga- reconocer y destacar lo que se hace bien no solo es alentador para los afectados directos (en este caso las autoridades sanitarias), sino para todo el país. Pues es reconfortante saber que quienes dirigen la política sanitaria por lo menos en este caso están actuando de manera correcta.
Además, hasta ahora, los casos de gripe A confirmados en el país no han registrado complicaciones.
En gran medida, lo que esperamos de Salud Pública es una atención profesional oportuna y segura. El resto es tarea nuestra, de los casi siempre impacientes pacientes, digo. Usted señor, usted señora, ya lo sabe: acudir a un centro médico ni bien aparezcan los primeros síntomas, jamás automedicarse, lavarse las manos, no enviar a los chicos al colegio si les corre la nariz, etc.