Por Andrés Colmán Gutiérrez
@andrescolman
Apenas le avisaron que Ana María y Mabel Careaga Ballestrino habían llegado a la Nunciatura, el papa Francisco salió al encuentro de ambas con los brazos abiertos y las abrazó con efusividad, relataron ambas en la mañana de este sábado, tras concluir la audiencia privada que mantuvieron con el Pontífice.
“Fue una reunión muy emotiva, que se prolongó durante casi 20 minutos”, explicó Ana María
, aún radiante por el encuentro mantenido con quien fue empleado y discípulo de su mamá, en su juventud.
Jorge Bergoglio había entrado a trabajar en su primer empleo a los 17 años de edad, en 1953, en los laboratorios Hickethier Bachman, de Buenos Aires, en una división de la que era jefa la bioquímica Esther, quien vivía en Argentina tras haberse exiliado del Paraguay.
“Ella fue quien me enseñó a pensar”, les dijo Francisco a las dos hijas de su ex jefa.
Ana María y Mabel le regalaron al Papa una antigua fotografía, rescatada del álbum familiar, en la que se observa al joven Jorge Bergoglio, entonces aún adolescente, con sus demás compañeros del laboratorio, entre ellos, Esther.
"¡No lo puedo creer! ¡Mirá esta foto! ¡Aquí está tu mamá y aquí estoy yo!”, les dijo el Papa, al ver la imagen, y enseguida empezó a reconocer a cada uno de los que aparecían en la foto, entre ellos a Rafael, un primo de Esther, quien siguió siendo muy amigo del Papa y a quien él llamaba puntualmente por teléfono en cada cumpleaños.
“Seguir haciendo líos”.
Durante la reunión privada, que se inició a las 7.30 de la mañana, antes de que el Papa partiera al Hospital Pediátrico Acosta Ñu, recordaron la historia de Esther, quien fue militante del Partido Revolucionario Febrerista, fundadora del Movimiento Femenino del Paraguay, del cual fue su primera secretaria general. “Fue una gran mujer, idealista y luchadora”, la calificó el Papa.
Tras la guerra civil de 1947, Esther tuvo que exiliarse en Argentina, donde se casó con el también dirigente febrerista paraguayo Raimundo Careaga y tuvieron tres hijas: Esther, Ana María y Mabel.
Cuando primero secuestraron a su yerno Carlos y luego a su propia hija, Ana María, en 1977, Esther se involucró en la lucha por los derechos humanos y fue una de las fundadoras de la organización Madres de Plaza de Mayo.
Ana María pudo ser liberada tras cuatro meses de detención ilegal y torturas, pero Esther fue secuestrada el 8 de diciembre de 1977, junto a otras madres y dos religiosas, y nunca más apareció con vida. Sus restos, rescatados de un cementerio donde fue sepultada anónimamente, pudieron ser identificados recién en el 2005.
“La mamá de ustedes fue quien me enseñó a pensar”, les dijo a sus dos hijas (Esther, la tercera, vive en Suecia y no pudo venir), rescatando la pluralidad de opiniones que le inculcó la mujer, ya que ella era marxista, mientras Jorge provenía de una familia muy católica y era ya un devoto creyente.
En el encuentro, ellas le entregaron, además de la foto, un poema de Eduardo Galeano sobre las Madres de Plaza de Mayo, un libro que contiene la historia de los paraguayos desaparecidos en Argentina, entre otros obsequios. El Papa les regaló rosarios, que él mismo bendijo en su presencia.
“El Papa recordó nuestra casa en Buenos Aires, recordó con muchas anécdotas lo que fue esa época”, relataron.
“Al despedirnos nos dijo: ‘Ayúdenme para que siga haciendo lío’, refiriéndose a todo lo que está haciendo por motivar a nuestros pueblos a luchar por un mejor destino, especialmente a los jóvenes”, relataron.