11 abr. 2026

Atrapado entre las zarzas

Hoy meditamos el Evangelio según san Marcos 4,1-20.

En la parábola del sembrador, Jesús habla de cuatro posibles destinos para la semilla que se siembra a voleo el sembrador. Hoy nos fijaremos en el grano que cae entre espinos.

El Señor explica a los discípulos que lo caído entre espinos simboliza lo que les sucede a quienes “han oído la palabra, pero las preocupaciones de este mundo, la seducción de las riquezas y los apetitos de las demás cosas les asedian, ahogan la palabra y queda estéril”.

A diferencia de la semilla que cae junto al camino o en terreno pedregoso, en este caso el grano sí ha podido germinar y desarrollarse. Sin embargo, tiempo después, cuando arrecian las dificultades, la planta se ahoga y el resultado es el mismo que en los casos precedentes.

La tibieza es una enfermedad del alma que mucho tiene que ver con estos espinos. Pequeñas faltas de caridad no arrepentidas, omisiones pequeñas en nuestra relación de amor con Dios, búsqueda de satisfacción de los anhelos profundos del corazón en personas o cosas que no hacen sino aumentar esta sed, cerrazón ante las opiniones o modos de pensar de los demás, etc.

Sin embargo, ninguna de las causas anteriores, por sí sola, es capaz de ahogar a una semilla plantada por Dios. Bastaría con examinarse unos minutos en presencia del Señor y acudir con contrición a sus brazos para que nos cure y nos llene de deseos de volver a luchar, de recomenzar.

Dedicar unos pocos minutos al día a examinar nuestra conciencia nos ayuda a ver los espinos que crecen en nuestra alma y a nuestro alrededor. Y con la contrición final –la parte más importante del examen– el Señor se encargará de quitar de cuajo esos espinos y que la planta se pueda desarrollar libre y orgánicamente.

(Frases extractadas de https://opusdei.org/es-py/gospel/2025-01-29/)

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