Por Marisol Ramírez
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Malabares con antorchas encendidas, cadenas, pelotas de colores, acrobacias o piruetas forman parte del repertorio de los llamados artistas del semáforo.
Son alrededor de 20 trabajadores itinerantes, paraguayos y extranjeros, que viven de su talento, explotándolo al máximo con mínimo soporte externo.
No están nucleados y si se conocen entre ellos es “por la vida, andando por las calles”, cuenta Víctor Meaurio, quien a veces está en Félix Bogado casi 18 de Julio, Lambaré.
Para Víctor, la vida de artista callejero, o como prefiere denominar él, “del semáforo”, es un estilo particular de vivir.
“Tiene que ver con la libertad de uno y con lo que nos gusta hacer, con lo que nos sale bien”, comenta.
Aunque algunos de sus colegas consideran que esta actividad equivale a “pedir limosna”, él sabe que es un trabajo. “Esto requiere disciplina, actualización y cumplir un horario, si querés ganar más plata”, enfatiza.
Según Víctor ellos empezaron a trabajar en los semáforos hace varios años, pero como son itinerantes y están dispersos, su fama no trasciende.
“Algunos son extranjeros, pero nosotros somos de los primeros (refiriéndose a su grupo de colegas). Yo empecé hace como seis años”, agrega Víctor.
De los extranjeros, menciona que suele encontrarse a peruanos, chilenos y argentinos, y que con ellos acostumbra intercambiar conocimientos y técnicas.
Uno de sus mejores amigos y colegas es Peruca -Rodrigo Martínez-, un peruano que reside y trabaja en el país.
Rivalidad, envidia, celos, no son un problema entre esta gran comunidad de artistas, aunque “siempre hay algo”, dice.
POR GUSTO. A diferencia de Víctor Meaurio, para Arnaldo Francisco Benítez (26) el hacer malabares en los semáforos es una decisión y un gusto, “que también da plata”.
Benítez es malabarista, equilibrista, faquirista y trabaja en los semáforos a veces, pues hace tres años está en el grupo estable Arte & Escena, bajo la dirección de Blas Alcaraz.
Julio César Bertolinni, integrante de Arte & Escena, también experimenta el trabajo en los semáforos haciendo malabares porque le gusta la sensación de libertad.
Benítez y Bertolinni son circenses. El segundo nació en el ámbito, pues su padre era propietario de un circo.
Cuando las cosas no estuvieron bien económicamente, buscó alternativas de subsistencia, hasta que llegó al grupo Arte & Escena.
Benítez, en un día de trabajo normal, puede sacar entre 18.000 y 80.000 guaraníes, dependiendo del día del mes y del clima. “El calor es el peor enemigo, ni siquiera tanto la lluvia”, añade.
ITINERANTES. Los artistas de los semáforos suelen estar sobre la avenida Mariscal López, a la altura de Tacuary, Estados Unidos, o hacia la zona de Villa Morra. También llegan hasta Santísima Trinidad y Aviadores del Chaco, o Lambaré.
“No tenemos lugar, ni días u horario fijos. Además, a veces viajamos en grupo hacia Encarnación, Concepción, Ciudad del Este, San Pedro o al exterior incluso”, explica Víctor Meaurio. Los artistas se movilizan a dedo, a veces en bus, y se quedan donde pueden conseguir albergue.
UN TRABAJO DIGNO
Para Víctor Meaurio, de 22 años, hacer malabares en los semáforos es un trabajo digno. Sólo cuando entra el sol, ofrece su fugaz espectáculo, que puede consistir en malabarismos con stick, antorchas, clavas (botellas de colores), swing con cadenas, acrobacia o piruetas. Su show es entretenido y bien montado para los breves segundos que dura una parada de semáforo. En un día normal puede sacar entre 20 mil y 60 mil guaraníes, dependiendo de la fecha y del mes.
Artistas en los semáforos, la alegría de la calle
Son trabajadores itinerantes que prefieren activar de noche, cuando el calor no es tan intenso. Se ubican en esquinas y hacen ma-labares y piruetas. Ellos no consideran que el dinero que piden a cambio sea una limosna.