Revista Vida

Artífice de los cielos

Sus obras incorporan símbolos reales y mucho cielo. Estos son los elementos que forman parte del lenguaje artístico de Adriana Villagra y la llevaron a obtener dos reconocimientos en Taiwán. Hace unas semanas, participó de uno de los eventos asiáticos más importantes de arte. Ella nos revela qué la inspira a seguir creando.

Daisy Cardozo RománPor Daisy Cardozo Román

Por: Daisy Cardozo Román | daisy-cardozo@aj.com.py

Fotos: Fernando Franceschelli.

Hace unos días la artista paraguaya Adriana Villagra volvió de Taiwán. Nos recibe en su casa y nos invita a pasar a su taller. Contenta, comparte la experiencia de su último viaje y nos habla sobre su trayectoria. Representó al país en uno de los eventos asiáticos más importantes del arte, que se viene realizando desde 2011. Allí contó con su propio stand en el salón internacional del Art Revolution Taipéi, lugar en el que pudo interactuar por algunos días con el público.

La misma comitiva que organizó la exposición de arte revolucionario en la capital taiwanesa, en 2017, seleccionó dos obras de Adriana en el International Artist Grand Prize Competition. Estas fueron exhibidas a fines del año pasado. Mediante esta oportunidad, quedó elegida entre 20 artistas del mundo. Fue galardonada con la posibilidad de exponer en un stand propio una colección de obras y ella eligió una de origamis. De esta manera fue que, del 17 al 21 de mayo, expuso 15 de sus trabajos. Algunos fueron pintados años atrás y otros se prepararon precipitadamente para llevar al evento en Taipéi. La mayoría de los exponentes eran europeos, asiáticos, africanos y australianos. “En el sector donde yo estaba éramos solo dos personas de Sudamérica: Cecilia Pérez Martín, que iba por Argentina; y yo, por Paraguay”, relata y agrega que, por un lado, su vecino de stand fue un africano, y por el otro, un australiano.

Con Adriana participó en el mismo evento otra paraguaya: Yuki Hayashi, quien este año presentó una de sus obras en otro sector de la gran exposición taiwanesa. Ambas recibieron ayuda económica del Fondo Nacional de la Cultura y el Arte (Fondec) para financiar el viaje. Tanto el Ministerio de Relaciones Exteriores como la Embajada Paraguaya en Taiwán brindaron su apoyo a las dos artistas.

Reales y simbólicas

El taller de Adriana está montado en un pequeño cuarto del segundo piso. Su lugar de trabajo tiene una ventana, la cual evoca el paisaje de afuera, aquel que transmite aires de tranquilidad. Esta vista se confunde con un cuadro de lienzo que tiene representado un cielo gris y nubes negras, ubicado sobre un caballete, frente a la ventana. Se trata de la obra a la que denominó Desatando los vínculos del alma, de 2011. De mera casualidad, el día que hicimos la entrevista era una jornada gris. Afuera caía una garúa imparable.

A la izquierda de ese cuadro hay otro colgado en la pared. Se llama Vínculos y es de 2012; en esta obra, el cielo también es protagonista. Es evidente que este elemento es la fuente de inspiración de Adriana, en el lienzo y con el óleo. A través de él siempre tiene un mensaje que dar. “Con eso lo que busco es esa proyección hacia el infinito. Uno casi siempre eleva la mirada al cielo, y es como que lo invita a cuestionarse. Es una invitación a la meditación y reflexión, a través de este componente”, explica.

Además del cielo, en sus obras también predominan origamis y flores; elementos reales que dibuja y pinta, que conjugan un símbolo y se convierten en portadores de un mensaje trascendente.

RUTA DE VIDA. Adriana Villagra Riquelme nació en 1978, en Ciudad del Este. Antes de dedicarse exclusivamente a pintar, siguió una carrera universitaria y se recibió como diseñadora gráfica en 2003. Además, egresó como alumna distinguida de su promoción. Más tarde, en 2009, decidió trazar un camino definitivo, tomando de la mano al arte. Comenzó ese mismo año a formarse en cursos de corta duración y seminarios. Hoy en día profesa un lenguaje artístico, con el cual se identifica plenamente: el realismo simbólico. Dice que primero dibujó a lápiz de grafito y después tomó el pincel y el óleo.

Habilidad heredada

En el taller hay marcas de pintura por todas partes: en las paredes, en el suelo, en las cosas que están ahí y que sirven para que Adriana pueda crear sus obras. En medio de todo eso, ella también nos habla del origen de su talento. Sin dudar afirma que esa cualidad fue algo que heredó de su madre, Ramona Riquelme. “Ella tuvo un lenguaje artístico diferente, un realismo más crítico, porque siempre le interesaron esos temas y es una persona muy sensible al medio social”, expresa. Aunque después aclara que no se volcó enteramente a eso, por la familia y porque también se dedica a decorar cumpleaños infantiles y a las ilustraciones de este tipo.

Desde niña, Adriana Villagra demostró poseer habilidades con el dibujo. En el colegio era la asignada para dibujar en la pizarra, en los cuadernos de los compañeros —cuando le pedían— y en los carteles de exposición. “Siempre recaía en mí ese tipo de trabajos”, recuerda entre risas.

Actualmente forma parte del grupo Neo-Realistas.py, conformado desde 2014 por otros cuatros artistas del mismo estilo: Eugenia Ortigoza, Sebastián Díaz, Emmanuel Fretes y Yuki Hayashi —con quien viajó a Taiwán—.

Por otra parte, Adriana Villagra se dedica a promocionar un documental biográfico que aborda su trayectoria artística. Se llama Voy a seguir creando y tiene una duración de 34 minutos. La idea y producción son de Roberto Manzanal (padre) y la dirección está a cargo de Roberto Jr. Manzanal.

Ya hizo dos proyecciones en Asunción, una en noviembre de 2017 y la otra en abril de este año. La tercera se realizó hace pocas semanas en Ciudad del Este. “La gente va a poder enterarse un poco de cómo pienso y la manera en que trabajo. Es como una pequeña retrospectiva”, indica.Mario Benedetti dice en uno de sus poemas que cada uno alcanza el cielo que le pertenece. Adriana Villagra hace años que encontró el suyo. Está en sus manos, en su arte.

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