Sobre la modificación de la caja de jubilados del sector público aprobada a las apuradas en la Cámara de Diputados, la Iglesia considera que si bien es un alivio fiscal, no resuelve el problema de fondo, ya que persiste un sistema de seguridad social “fragmentado, desigual y excluyente”.
En rechazo de la inequidad, se pronunció fuertemente en contra de los parlamentarios, quienes el mismo día introdujeron cambios a la Ley del Fondo de Jubilaciones y Pensiones del Poder Legislativo, manteniendo sus privilegios.
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“Es imperativo avanzar hacia un sistema donde no haya ciudadanos de primera y de segunda. La existencia de jubilaciones privilegiadas en el sector político es un escándalo ético frente a un pueblo al que se le pide sacrificio. La solución real pasa por la convergencia de todos los sectores hacia reglas comunes y justas”, expresa el comunicado.
Al respecto, resalta que el debate debe poner como centro a la dignidad humana y basarse en la justicia y transparencia.
Asimismo, la Arquidiócesis lanzó un pedido de ejemplaridad a los sectores privilegiados, haciendo alusión a los políticos.
“Desde el Evangelio, recordamos que ‘a quien mucho se le dio, mucho se le reclamará’. Exhortamos a los beneficiarios de regímenes especiales a dar el ejemplo de patriotismo y solidaridad. La equidad no es un castigo, sino la base de la paz social”, menciona el texto difundido este viernes.
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Pacto social y transparente
Para la Arquidiócesis, es necesario un pacto social y transparente que aborde una hoja de ruta clara sobre el costo y financiamiento de la seguridad social, salud y educación que se desea para el país. Para el efecto, llama a un diálogo amplio y participativo, un proceso que no se dio para el tratamiento de modificación de las Cajas Parlamentaria y Fiscal.
“Lamentamos que instancias de la sociedad civil y de la Iglesia no hayan sido convocadas en la fase de elaboración de esta propuesta. La construcción de una nación se hace caminando juntos. La aprobación debe ser el inicio de un diálogo nacional profundo que aborde la movilidad laboral y la protección social universal”, agregó.
Así también, advierte que la Iglesia no será una simple espectadora pasiva y que, en cambio, seguirá trabajando para “organizar la esperanza, exigiendo que la economía esté al servicio del hombre y no al revés”.