21 feb. 2024

Alimentando monstruos

Es grave lo que ocurre en nuestro Parlamento, con todos los casos de contrataciones sin concurso de familiares; hijos, esposas, suegros, entre otros, con altos salarios, además de otros privilegios y que fueron saliendo a la luz, gracias a publicaciones de la prensa.

Los legisladores se burlan de la gente despilfarrando el dinero público que no les pertenece; el dinero que sale del bolsillo de miles de trabajadores, ciudadanos que intentan ser honestos pagando sus impuestos al Estado, muchos de ellos con gran sacrificio y esfuerzo.

Es indignante ver cómo hacen vito con la plata ajena, autoasignándose aumentos de dietas y otros privilegios y utilizando sin vergüenza alguna el Congreso de la Nación como una empresa familiar o una bolsa de trabajo para parientes, operadores y leales.

Y es grave no solo porque indigna y llena de rabia o porque cada guaraní que se reparte significa menos dinero para salud, educación e infraestructura en Paraguay, sino también y, principalmente, porque se están alimentando peligrosos e invisibles monstruos que pueden parecer inofensivos al principio, pero que luego saldrán a devorar a propios y extraños.

Y es que si un padre no educa –con acciones y el ejemplo– a sus hijos al respeto de las leyes, al trabajo honesto, al sano sacrificio para la obtención de sus metas y objetivos, entre otras tantas cuestiones, está criando un monstruo y no es consciente de ello. Al final, ningún padre o madre, por más corrupto que sea, desea el mal de sus hijos.

Porque uno que recibe en bandeja un puesto laboral apenas terminado el colegio o la universidad, sin mérito alguno más que el de ser familiar o amigo de un político –algunos de ellos con antecedentes de manejos deshonestos–, una chica o muchacho son nombrados en una institución pisoteando leyes y reglamentos y sin permitirse una sana autocrítica, lo más plausible es un joven con altas probabilidades de convertirse en un adulto sin escrúpulos y entregado a las prácticas corruptas. Es decir, uno que posiblemente aprenda a normalizar esa forma destructiva de hacer política basada en las mañas y todo tipo de vicios, que no le ruborice en absoluto la compra y venta de votos o llevar adelante un trato apu’a con tal de alcanzar el poder u obtener una banca en el Congreso. Esa idea de que el fin justifica los medios es una línea de riesgo a la que no conviene llegar. Es grave lo que ha salido a luz en estos días porque “enseñar” con estas prácticas al joven o adulto a despreciar la cultura del trabajo y a no respetar el dinero ajeno, a asumir la política no como la actividad que procura el bien común, sino como medio para el beneficio propio y la prebenda, es alimentar un monstruo, difícil luego de combatir y que hará mucho daño a la sociedad.

Es promover el mensaje nocivo de que al final “todo vale” con tal de tener un salario millonario, incluso sin necesidad de asistir al puesto de trabajo.

¿Qué tipo de ciudadanos estamos formando o promoviendo? Porque un hombre se desarrolla y potencia cuando entra en acción. Uno descubre sus cualidades y capacidades ante los desafíos y los propios ideales. De qué vale un salario y puesto regalado si al final la persona ni siquiera es capaz de conocerse a sí misma, valorarse y respetarse.

Y es grave porque también se puede estar alimentando el monstruo del mesianismo y el autoritarismo. Pues, con tanta indignación acumulada, con tantos parlamentarios despilfarrando, no es difícil pensar el apoyo que tendría cualquier iniciativa que promueva la abolición del Parlamento y/o la eliminación de los legisladores, supuestos representantes del pueblo.

También no deja de ser menos grave, que el presidente Santiago Peña guarde silencio cómplice frente a estos hechos de nepotismo por conveniencia o temor a represalias políticas. Son monstruos que un día, tarde o temprano y hasta sin darnos cuenta, nos devorarán.

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