El líder supremo iraní Alí Jamenei, cuya muerte fue anunciada el pasado sábado por el presidente Donald Trump, fue un estratega hábil que nunca dudó en recurrir a la represión y que superó muchas crisis al frente del sistema teocrático de la República Islámica.
Jamenei dominó Irán desde que asumió el poder en 1989, sucediendo al fundador de la República Islámica de Irán, el ayatolá Ruholá Jomeini.
A lo largo de décadas reprimió brutalmente una serie de protestas, como la movilización estudiantil de 1999, las manifestaciones masivas desencadenadas en 2009 por unas controvertidas elecciones presidenciales y una ola de contestación en 2019.
Siempre con turbante negro y una espesa barba blanca, Jamenei también sofocó duramente el movimiento Mujer, Vida, Libertad, de 2022-2023, desencadenado por la muerte de Mahsa Amini, detenida por supuestamente infringir el estricto código de vestimenta impuesto a las mujeres.
El líder supremo tuvo que esconderse durante la guerra de 12 días en junio de 2025 provocada por un ataque sin precedentes de Israel, su enemigo acérrimo, que puso de manifiesto la profunda penetración de los servicios de inteligencia israelíes en las estructuras iraníes.
Pero sobrevivió a la guerra y, ante la nueva ola de protestas que sacudieron el país a comienzos de este año y cuya represión se saldó con miles de muertos, según varias oenegés, apareció desafiante como nunca.
En un contexto de amenaza constante de ataques israelíes o estadounidenses, el líder supremo, conocido por llevar una vida sencilla y sin lujos, estuvo últimamente bajo alta protección.
Nunca salió del país desde que asumió el poder, al igual que el ayatolá Jomeini, que regresó a Irán desde Francia durante la revolución islámica de 1979. Su último viaje conocido al extranjero se remonta a 1989, cuando era presidente, para una visita oficial a Corea del Norte.
Durante mucho tiempo se especuló sobre su salud, dada su edad. Tenía el brazo derecho paralizado desde que sobrevivió a un intento de asesinato en 1981, que las autoridades siempre atribuyeron a un grupo ahora ilegalizado de antiguos aliados de la revolución.
ACTIVISMO. Jamenei, hijo de un imán, nació en el seno de una familia pobre, el 16 de julio de 1939 en la ciudad santa de Mashad (cerca de la frontera iraní con Afganistán).
Estudió el Corán en la ciudad santa del chiísmo, Nayeb, en Irak, y de regreso a Irán acudió a la escuela religiosa de Qom, bajo la dirección de los grandes ayatolás seguidores de Jomeini, y a la Universidad de Teherán.
Desde comienzos de los sesenta, fue activista del movimiento islámico contrario al Shah Reza Palhevi y participó en el levantamiento armado contra su régimen en 1963.
En 1964, regresó a Mashad y desde entonces hasta el triunfo de la Revolución en 1979 fue encarcelado varias veces por la policía política del Sha. A partir de 1978 se dedicó a la actividad revolucionaria y participó en el derrocamiento del Sha en febrero de 1979 que llevó a los ayatolás al poder.
Formó parte del Consejo de la Revolución, órgano creado tras la revolución, hasta su disolución en 1980, al constituirse el primer Parlamento, del que fue diputado.
Su lealtad al ayatolá Jomeini fue recompensada en 1980, cuando se le confió la importante tarea de dirigir las oraciones del viernes en Teherán. Elegido presidente un año más tarde tras el asesinato de Mohammad Alí Rajai, en un principio no se le consideraba el sucesor natural de su mentor.
Sin embargo, poco antes de su muerte, este último destituyó al favorito, el ayatolá Hossein Montazeri, que había denunciado las ejecuciones masivas de miembros del grupo Muyahidines del Pueblo y otros disidentes.
Los Muyahidines del Pueblo fueron aliados de la Revolución, pero están actualmente prohibidos en el país. A esta organización se le atribuye el asesinato de Rajai.
Tras la muerte de Jomeini, Jamenei rechazó inicialmente, en un episodio que se hizo famoso, su designación como líder por parte de la Asamblea de Expertos –el máximo órgano clerical de la República Islámica– antes de que los religiosos se levantaran para ratificar su nombramiento.
Desde entonces, su control sobre el poder nunca disminuyó, y bien al contrario reforzó la ideología radical del sistema, incluyendo la confrontación con el “Gran Satán” estadounidense y la negativa a reconocer la existencia de Israel.
Jamenei trabajó con seis presidentes electos, un cargo mucho menos poderoso que el de líder supremo.
Se cree que tiene seis hijos, aunque solo uno, Mojtaba, tiene relevancia pública. Fue sancionado por Estados Unidos en 2019 y es una de las figuras más poderosas entre bastidores en Irán. AFP-EFE