El Pueblo paraguayo opinó electoralmente el domingo.
Ganó la esperanza contra el miedo. El respeto sobre el agravio. La serenidad ante la angustia de perder el poder.
Fue derrotado un presidente absolutamente desequilibrado desde hace años, que se convirtió sin quererlo en el enterrador de su partido, que dijo duraría 100 años en el poder. Ganó una figura sencilla, que ejerciendo el “sofá power” pudo convocar la bronca, el hastío y la repulsa de más de 700 mil paraguayos contra una manera equivocada de gobernar. Perdió el grosero, altanero y mediocre presidente que hemos tenido.
El que se mofaba de los incapaces que tenía a su lado, con los que se entretenía humillándolos en público. Una vez dijo frente a muchos y frente al aludido que “Herminio Cáceres debía usar el pañuelo en la boca como un burro y no en el cuello como colorado”. Se fue el mito de Oviedo y su política de mano dura, se fue Fadul y su soberbia monopólica, que confundió el negocio con la política.
Ganó Lugo de manera sencilla y drástica como las tormentas tropicales de nuestra tierra. Queda ahora trabajar por las cosas que importan.
Debemos recuperar la educación porque sin ella no somos nada. Duplicar la inversión como primera medida y desmontar el aparato administrativo diseñado para ganar elecciones y no para gestionar una educación del siglo XXI.
Establecer un régimen de salud pública para todos. Contener la pobreza que agobia a casi la mitad de este país con impuestos justos a la producción sojera y otros rubros.
Garantizar a ellos una seguridad acorde a sus aportes.
Desmontar el aparato policiaco heredado de la dictadura, cambiando el mecanismo de selección de los agentes y cuidando con mejores salarios su responsabilidad y compromiso con la seguridad.
Emprender obras públicas que generen empleo masivo, como el necesario y urgente desagüe cloacal y la red de agua corriente. Terminar con esa imagen de país que no trata las “aguas negras” y que además poluye su estratégico recurso subterráneo. Reformar el servicio público, haciendo que quienes sirven al Estado lo hagan de manera profesional, de forma tal que nunca jamás sean arreados ni humillados por nadie. Que los que ingresan a la función pública lo hagan por méritos propios y no ajenos. Reformar las empresas del Estado que dan pérdidas y que necesitan la capitalización de recursos. Hacerlo por la vía transparente de la inversión en bolsa que atraiga de nuevo al país los casi 4 mil millones de dólares que paraguayos tienen depositados en bancos del exterior.
Con un cuarto de ellos se podría hacer gran cosa. No perder el tiempo en cosas complejas como la reforma de la Constitución. Chile gobierna con la misma Carta Magna escrita por Pinochet y crece más del 5% anual desde hace casi dos décadas.
Buscar acuerdos políticos en proyectos de inversión que generen empleos. La gente cuando trabaja siente que el Gobierno es suyo. Cuando los políticos especulan y pierden el tiempo en reformas de leyes que solo buscan distraer, terminan por repudiarlos. El actual presidente queriendo cambiar la Constitución a su medida, prohijó a Lugo y recibió el desprecio electoral.
Buscar acuerdos estratégicos en la región, que no generen más dependencia y una retórica seudolibertaria, que hunde al país en el desconcierto y la pobreza. Hay que ser prácticos y saber elegir a los aliados, es mejor andar con los previsibles antes que con los cachafaces.
Concentrarse en no más de cuatro grandes temas. Tener pensados los primeros 100 decretos que cambien el país desde el primer día. Si los mismos son de nombramientos, habremos percibido claramente la dirección del Gobierno emergente en dirección a lo mismo. No queda mucho tiempo, la gente quiere que la esperanza se transforme en realidad, en cosas concretas que lleguen a mejorar su deteriorada calidad de vida.
Quiere además que el presidente sea respetuoso y obediente a sus mandantes, que respete la ley y que se rodee de los mejores.
Parafraseando al gran filósofo español José Ortega y Gasset, quien vivió algunos años en la Argentina y después de haber visto tantas potencialidades desperdiciadas por una política malsana e inútil, habría afirmado: Paraguayos...a las obras.