Correo Semanal

A 700 años, el infierno de Dante aún cautiva (1)

 La Divina Comedia (iniciada en 1304 o en 1307 y finalizada en 1320), de Dante Alighieri, obra preeminente de la cultura italiana y una de las cumbres literarias más importantes del mundo, junto con Shakespeare y la Biblia, describe un viaje imaginativo al más allá. Se divide en tres partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso.

María Gloria Báez

Escritora

Escrito en el italiano vernáculo de la década de 1300, se ha traducido a más de veinticinco idiomas. Como tantas de las epopeyas clásicas que admiraba Dante Alighieri, la obra comienza con el Primer Canto XXX, “Infierno”, sin acompañamiento de información contextual.

Es Viernes Santo y Dante, de 35 años, se encuentra perdido, “a mitad del camino de la vida, en una selva oscura me encontraba porque mi ruta había extraviado. (Canto I; v. v. 1-3). El sol despunta sobre una montaña por encima de él, e intenta subir a ella, pero encuentra el camino bloqueado por tres bestias: un leopardo, un león y una loba. Asustado e indefenso, Dante regresa al bosque. Aquí se encuentra con el fantasma de Virgilio, el gran poeta romano, quien convocado por tres santas mujeres: Beatriz, la Virgen María y Santa Lucía, lo enviaron a fin de guiar a Dante de regreso a su camino, a la cima de la montaña. Virgilio dice que la senda los llevará a través del infierno y eventualmente llegarán al cielo, donde la amada de Dante, Beatriz, espera. Los poetas se dirigen a las puertas del infierno, sobre las que puede leerse la siguiente inscripción: “Es por mí que se va a la ciudad del llanto, es por mí que se va al dolor eterno y al lugar donde sufre la raza condenada, yo fui creado por el poder divino, la suprema sabiduría y el primer amor, y no hubo nada que existiera antes que yo. Abandona toda esperanza, tú que entras aquí” (Canto III; v. v. 7-9). Entran en la región periférica o ante-infierno, donde las almas que en vida no pudieron comprometerse con el bien o el mal y ahora deben correr en una fútil persecución tras una pancarta en blanco, día tras día, mientras los avispones los muerden y los gusanos lamen su sangre. Dante es testigo de su sufrimiento con repugnancia y piedad.

A continuación, los poetas conocen a Caronte, el barquero del infierno. Se trata de un anciano irritable, “cano de cabello antiguo” (Canto III; v. 83) quien se opone a llevar a un hombre vivo al reino de los muertos. Virgilio pronuncia la frase: “así se dispuso allí donde se tiene la autoridad", indicando de esta manera que el viaje de Dante es deseado por Dios.

ENCUENTROS EN EL LIMBO

El cruce sobre el Aqueronte la frontera del infierno, no está descrito, ya que Dante se desmaya y solo se despierta del otro lado. Han cruzado el Aqueronte y Virgilio lo lleva al primer círculo del abismo, el Limbo, donde él mismo mora. Este círculo contiene a los gentiles virtuosos y no bautizados que, aunque no fueron lo suficientemente pecadores como para justificar la condenación, no conocieron a Cristo. Dante se encuentra con Ovidio, Homero, Sócrates, Aristóteles, Julio César, entre otros. Abandonan el limbo y continúan el viaje al segundo círculo del Infierno, donde se encuentran con el rey de Creta Minos, quien juzga a las almas entrantes y las asigna a su lugar apropiado en el infierno.

Este círculo es reservado para el pecado de la lujuria, donde las almas son eternamente azotadas por los fuertes vientos. Aquí encuentran a Aquiles, París, Elena de Troya, Tristán, Cleopatra y Dido, entre otros. Dante y Virgilio se encuentran con Francesca De Rimini y su amante Paolo, hermano de su marido Gianciotto Malatesta, quien asesinó a ambos en su ira. La pareja está atrapada en un eterno torbellino, condenada a ser arrastrada para siempre por los aires, justo cuando se dejaban llevar por sus pasiones. Dante llama a los amantes, quienes se ven obligados a detenerse brevemente ante él, y habla con Francesca. Ella declara indirectamente algunos de los detalles de su vida y muerte. La historia de Francesca toca tal fibra dentro de Dante, quien, abrumado por la piedad y el dolor, desmaya por lástima.

Cuando recobra el sentido, el poeta se encuentra en el tercer círculo, donde están las almas condenadas por el pecado de la gula. Los glotones se revuelcan en un lodo repugnante y pútrido producido por una lluvia incesante, nauseabunda y helada como castigo por someter su cordura a un apetito insaciable. Cerbero, la monstruosa bestia de tres cabezas del infierno, resguarda con avidez a los glotones que yacen en el pantano helado, los hace pedazos y despelleja con sus garras mientras aúlla.

EL CUARTO, QUINTO Y SEXTO CÍRCULO

Siguen al cuarto círculo, donde el avaro, codicioso y el pródigo son castigados juntos. La avaricia, es una de las inequidades que “provoca el desprecio y la ira de Dante" (Raffa 37). La codicia, es el deseo vehemente de poseer muchas cosas, especialmente riquezas o bienes. La prodigalidad se define como lo opuesto a la avaricia; es decir, el rasgo del gasto excesivo. Ambos grupos se ven obligados a pelear eternamente entre sí, utilizando pesas de piedra como armas. Se gritan el uno al otro: “¿Por qué acumulan?” “¿Por qué desperdicias?" (Canto VII; v. 30).

Se encuentran con el guardián del círculo, Plutón el rey mitológico del inframundo. Esta es la primera vez que atraviesan un círculo sin hablar con nadie. El quinto círculo del infierno contiene el río Estigia, un pozo negro pantanoso y fétido en el que los coléricos pasan la eternidad luchando entre sí; los hoscos yacen atados bajo las aguas del Estigia, ahogándose en el barro. Dante vislumbra a Filippo Argenti, un antiguo enemigo político suyo, y observa cómo otras almas destrozan al hombre. Virgilio y Dante se dirigen a la ciudad de Dis, urbe contenida dentro de la región más grande del infierno. Los demonios que guardan las puertas se niegan a abrirlas, pero un mensajero angelical llega del cielo para forzar las puertas a abrirse. Ingresan a una vasta llanura que se asemeja a un cementerio.

Es el sexto círculo del infierno que alberga a los herejes. Las tumbas de piedra, levantadas sobre el suelo sin las tapas, resplandecen en rojo por el calor de las llamas. Cada tumba contiene un número incalculable de individuos que se adhirieron a una doctrina particular pero que son todos castigados de acuerdo con la noción más amplia de herejía: la negación de la inmortalidad del alma. Dante se encuentra acá con el líder político, militar y aristocrático Farinata degli Uberti, quien intentó ganar el trono italiano y fue condenado póstumamente por herejía en 1283. Asimismo yacen en este lugar Cavalcante dei Cavalcanti, güelfo y padre de Guido, amigo de Dante; Epicuro, Ottaviano degli Ubaldini (Cardenal), el Papa Anastasio II y el Emperador Federico II.

EL SÉPTIMO CÍRCULO

Un valle profundo conduce al primer anillo del séptimo círculo del infierno, segmentándose éste aún más en sub-círculos o anillos. Hay tres de ellos, anillo exterior, medio e interior, que albergan diferentes tipos de delincuentes violentos. Los primeros son aquellos que fueron violentos contra las personas y la propiedad, como Atila el Huno. Los centauros vigilan el anillo exterior y disparan flechas a sus habitantes.

El Anillo Medio está formado por aquellos que cometen violencia contra ellos mismos (suicidio). Estos pecadores son devorados perpetuamente por las harpías (en la mitología clásica grecorromana, criatura fabulosa, probablemente un espíritu del viento. Generalmente se las representaba como pájaros con cabeza de doncella, rostros pálidos de hambre y largas garras en las manos. Los escritores romanos y bizantinos detallaron su fealdad).

El anillo interior formado por blasfemos, o aquellos que son violentos contra Dios y la naturaleza. Uno de estos pecadores es Brunetto Latini, un sodomita, quien fue mentor de Dante. Los usureros también están aquí Capaneo, que blasfemó contra Zeus. El monstruo Gerión transporta a Virgilio y Dante a través de un gran abismo hacia el octavo círculo, el cual se distingue de sus predecesores al estar formado por quienes cometen fraude consciente y voluntariamente.

Dentro de este círculo hay otro llamado Malebolge o “fosas malvadas”, el término se refiere a la división del círculo en varias depresiones separadas por grandes pliegues de tierra que albergan diez zanjas separadas. Cada fosa/bolgia está custodiada por diferentes demonios, y las almas sufren diferentes castigos. En la primera fosa, los proxenetas y seductores son azotados por demonios. En la segunda, los aduladores deben estar en un río de heces humanas por las palabras que produjeron. Siguen los simoniacos en la tercera fosa quienes cuelgan boca abajo en pilas bautismales mientras sus pies arden con fuego.

En la cuarta, están los astrólogos o adivinos, obligados a caminar con la cabeza hacia atrás, una visión que conmueve profundamente a Dante. En la quinta fosa los políticos corruptos que ganaron dinero negociando cargos públicos, están inmersos en un mar de brea hirviente que representa los dedos pegajosos y los secretos oscuros de sus tratos corruptos. Los hipócritas de la sexta fosa deben caminar siempre en círculos, vestidos con túnicas pesadas hechas de plomo. Caifás, el sacerdote que confirmó la sentencia de muerte de Jesús, yace crucificado en el suelo; los otros pecadores lo pisotean mientras caminan.

En la horrible séptima fosa, los ladrones se sientan atrapados en un pozo de víboras, convirtiéndose ellos mismos en víboras cuando son mordidos; para recuperar su forma, deben morder a otro ladrón a su vez. En la octava fosa, Dante habla con Ulises, el gran héroe de las epopeyas de Homero, condenado entre los culpables de robo espiritual (falsos consejeros) por su papel en la ejecución de la artimaña del caballo de Troya. En la novena fosa, las almas de sembradores de escándalo y cisma caminan en círculo, constantemente afligidos por heridas que se abren y cierran repetidamente. En la décima fosa, los falsificadores sufren horribles plagas y enfermedades.






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