31-M. Análisis militar de la crisis

Por Édgar Emilio Servín @ServinCoronel

“Un presidente de la República –muchas veces– no puede imponer todas sus decisiones”, se excusaba un funcionario del Gobierno. Ello me remontó al siguiente anecdotario. Comúnmente, en materias de mi competencia, un presidente de la República suele contar con tres tipos de staff o de asesores: los palaciegos o burócratas (funcionarios permanentes del Estado), los políticos (sus aliados electorales) y los independientes (generalmente del sector privado).

Estos dos últimos son los más poderosos e influyentes, con ellos el mandatario construyó relaciones de amistad y conveniencia. En una crisis uno de estos es quien tiene mayores condiciones de imponer un curso de acción. Solo que, recién después de los hechos se sabrá si la recomendación fue sabia o no. También sabremos si en la toma de esa decisión participaron empíricos, improvisados o peritos. Un especialista reconoce a estos por la simple recolección de datos e indicadores.

En nuestro país y en este campo les diré que muchas veces, una decisión política carece de sustento técnico. Es por ello que los mismos hechos, a veces, demuestran tanta torpeza acumulada. Una de ellas –por ejemplo– fue la muerte del joven militante liberal Rodrigo Quintana en el local del PLRA.

El análisis arranca así. El presidente Horacio Cartes anunciaba el 30 de octubre de 2016 en su cuenta de la red social Twitter la designación del señor Tadeo Rojas como ministro del Interior. En aquel entonces levantamos la primera alerta por medio de dos variables independientes entre sí: Primero, el designado acudía a la cita con la historia sin ser perito y sin políticas públicas específicas. Segundo, su designación indicaba, claramente, que el control político sobre la cartera del Interior y la Policía Nacional estaba en manos de una corporación desconocida. El tiempo demostró que dicha corporación estuvo integrada por personas de poca formación académica y con primitivos conceptos sobre la seguridad y el control social, arcaicos en la materia, su saber era más próximo al terrorismo de Estado y una violencia similar a los hechos que desencadenaron la muerte de Roberto Luis Petit en 1954 antes que, a la fina estrategia aplicada en estos días.

Es que Lo que Natura non da, Salamanca non presta. Fíjense que como comunidad nuestra visión como colectivo social es tan torpe, pues consideramos que las manifestaciones del pueblo paraguayo son únicamente ideologizadas, cuanto que en realidad dicha insatisfacción obedece a otras motivaciones de mayor peso. Es que el paraguayo autóctono o el descendiente del migrante –en su medio natural– no acepta imposiciones. Y aquella administración en vez de aplicar una solución de esquema contingente, racional y pragmático, aplicó otra y cuyo resultado fue la muerte, los daños materiales y otras medidas absurdamente arbitrarias.

Una mezcla de un staff de asesores políticos de bajo nivel sumado a un cuerpo de ejecución de la ley liderado por agentes no probos que por entonces administraban la Policía Nacional fue el cóctel letal que produjo dos víctimas calificadas: la muerte del joven Rodrigo Quintana y la estigmatización del entonces presidente de la República. En conclusión: ni los asesores tenían el conocimiento sobre lo que en la ciencia militar moderna se conoce como el “control de los efectos”, ni el cuerpo de represión estatal midió “los límites del daño”.

Un buen ejemplo comparativo sobre una decisión acertada nos da la crisis de los misiles en Cuba de octubre de 1962, en donde el presidente John F. Kennedy tuvo que decidir entre los siguientes cursos de acción: 1) No hacer nada; 2) Una ofensiva diplomática; 3) Negociar con Fidel Castro; 4) Intercambiar bases militares con la URSS; 5) Invadir Cuba; 6) Un ataque quirúrgico, o 7) El bloqueo naval. Como se sabe, fue aplicada esta última solución por ser la más democrática ya que imponía el inicio de un periodo de reflexión y ponía en evidencia a Nikita Kruschov, su oponente. ¿Sabe de dónde provino la decisión de Kennedy? De un staff de asesores independientes que le permitió afirmar su autoridad presidencial mediante la diversificación y la ampliación de sus propias fuentes de información, descomprimiendo la presión de los burócratas que tenían una agenda monótona y de repetidas soluciones propuestas por el complejo industrial-militar, ya ofertadas a anteriores administraciones. Como verán, la diferencia en el control de una crisis se posa sobre dos bases muy sólidas: la capacidad de entender al enemigo junto con su entorno y el contexto político-social y un staff que asesora y que permite arribar a decisiones sabias. Fíjense que una guerra también se gana con fina sutileza y elegancia. Esa es la diferencia entre la brutalidad y la estrategia. Esa es la diferencia entre el capaz y el incapaz. Hay gente que no saber leer al pueblo paraguayo.

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