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Opinión
domingo 28 de mayo de 2017, 01:00

Vivir por la Patria

Luis Bareiro – @LuisBareiro
Por Luis Bareiro

Patriotismo no es obligar a un joven a treparse a una silleta improvisada en lo alto de una grúa para reparar un mástil; morir cayendo del armatoste no lo convierte en héroe ni en mártir, sino en víctima de una negligencia criminal cuyos responsables deben ser identificados; que la víctima sea un soldado y que la tragedia haya ocurrido en un cuartel no puede ser jamás una excusa para que la Fiscalía deje el caso en manos de la Justicia militar.

Se trata de una serie de acciones, omisiones y declaraciones que rayan el insulto, y que se pretende cubrir dándole a toda la historia un mensaje patriotero, el de un joven inmolado en defensa del pabellón nacional en un acto temerario (que seguro le fue ordenado por algún superior) producto de un pretendido exceso de amor a la Patria.

¿Qué entenderá esta gente por patriotismo? ¿Qué entendemos nosotros? ¿Qué supone hoy el amor a la Patria?

Permítanme repetir lo que ya referí en otras ocasiones. Más allá de los símbolos creados a lo largo del tiempo para consolidar una idea abstracta, la del Estado-Nación, y de los rasgos culturales y determinadas costumbres que hacen que los miembros de un colectivo humano se sientan parte de él, la Patria sigue siendo en definitiva el colectivo mismo, la gente. Son esos seres humanos con quienes compartimos un espacio físico y un tiempo determinados los que constituyen nuestra Patria.

El símbolo no puede ser más importante que la gente, nunca. Siendo así, hacer Patria es mejorar la calidad de vida de su gente. Un patriota es aquel que consigue de alguna manera introducir un cambio positivo en el presente o en las perspectivas de futuro de sus compatriotas. Y en contrapartida, el antipatriota es aquel que precariza la vida del colectivo.

Así pues, traición a la Patria es la humillación a la que seguimos siendo sometidos la mayoría de los paraguayos para recibir cuestiones tan básicas como una cobertura digna de salud o una educación pública de calidad. Quienes sienten en carne propia el vejamen de la Patria son los compatriotas obligados a colarse en la seguridad social de provincias argentinas o estados brasileños para salvar sus vidas o la de sus seres queridos, a menudo renunciando a su propia nacionalidad.

Cruzar la frontera y registrar a tus hijos en otra tierra sabiendo que solo así tendrán alguna oportunidad de educarse y tener atención médica, eso es sentir que se rasga la bandera.

No nos sentiremos orgullosos de ser paraguayos porque flamee espléndida la enseña, ni porque entonemos a los gritos el Himno Nacional. Nos sentiremos orgullosos cuando no tengamos que mendigar en la Patria o fuera de ella el acceso a la salud, la educación y la seguridad.

Y no, general. No se hace Patria realizando el mantenimiento de un mástil en condiciones precarias. Se hace Patria garantizando que ningún joven vuelva a poner en riesgo su vida por la ocurrencia estúpida de algún superior antipatriota.

No necesitamos jóvenes que mueran por la Patria, sino jóvenes que vivan por ella.