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domingo 9 de octubre de 2016, 11:44

Un pedido al Papa

Por Guido Rodríguez Alcalá
La semana pasada recibí un correo electrónico de la oenegé ecologista 350.org, cuya página web, en varios idiomas, visitan varios amigos. Con el correo de 350.org, accedí al sitio http://gofossilfree.org/pope-divest-the-vatican-es/, donde encontré el pedido de desinvertir el Vaticano. Firmé el pedido y lo reenvié, porque me pareció razonable y porque comparto plenamente la línea ecológica del Papa.

La Tierra, dijo Francisco en su encíclica Laudato si', es "nuestra casa común" y conservarla corresponde a todos, creyentes y no creyentes; esta es una cuestión de moralidad básica y trasciende las diferencias religiosas y políticas. El cambio climático, afirma la encíclica, es un hecho científicamente comprobado, como está científicamente comprobado que las acciones humanas han influido en ese cambio y pueden llevarlo a un extremo que cause daños irreparables al planeta y a sus habitantes.

Esa encíclica se lanzó después de un largo proceso de reflexión en que participaron personas calificadas de grupos muy distintos. Entre ellas Naomi Klein, invitada al Vaticano en julio del año pasado. Siento que aún no nos haya llegado su libro Esto lo cambia todo, que debí leer en versión digital en mi Kindle. También me gustaría verlo en video, como La doctrina del shock, que vi en ambas versiones, complementarias y no excluyentes. Para proseguir, menciono a Klein para recalcar el carácter inclusivo del movimiento ecológico impulsado por Francisco.

Francisco y Naomi coinciden en que se debe actuar para contener el cambio climático y, entre las cosas que se deben hacer, figura la de reducir la emisión de gases de efecto invernadero, que aumentan la temperatura del planeta. En la emisión inciden, en gran medida, los gases provocados por la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas), y por eso deben buscarse fuentes alternativas de energía (solar, eólica, etc.).
Por desgracia, hay círculos poderosos empeñados en seguir haciendo las cosas como siempre; entiéndase, a seguir contaminando como siempre con el empleo de combustibles fósiles, que les hacen ganar mucho dinero; dinero a corto plazo, para una minoría, y en detrimento de la mayoría.

El amor desmedido al dinero es un tremendo obstáculo para salvar al planeta, y ha llevado a una suerte de neocolonialismo, dice Laudato si'. Esto concuerda con La doctrina del shock, severa crítica contra el neoliberalismo.

Uno de los recursos para conservar la casa común es la desinversión, el retiro de los fondos colocados en empresas contaminantes.
En palabras del Pontífice: la presión social —incluyendo el boicot de ciertos productos— puede obligar a ciertas empresas a tomar en cuenta su huella ecológica y su modo de producción; lo mismo vale para el movimiento de desinversión.

Al movimiento se han sumado instituciones académicas, agencias gubernamentales y grupos religiosos cristianos y musulmanes. El retiro de los fondos, hasta el momento, no representa un daño mayor para las empresas de combustibles fósiles, pero lo será si sigue creciendo y, desde ya, es una deslegitimación de las mismas. Crecerá más si el banco del Vaticano retira todas sus acciones de esas empresas, que es lo que se pide en el correo mencionado en las primeras líneas.