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Correo Semanal
sábado 3 de septiembre de 2016, 17:19

Las damas cautivas del templo de Trinidad

Con motivo de un aniversario más de la muerte de don Carlos Antonio López, sale a la luz una fuente de archivo que guarda relación con el sitio donde descansan los restos de su esposa y sus hijas.

Margarita Durán Estragó | Historiadora


Los investigadores de la historia nos preguntábamos con frecuencia cuál habría sido el final de doña Juana Pabla Carrillo Viana, madre del mariscal López. ¿Habría sobrevivido a los largos interrogatorios, torturas, prisión y destierro en aquella caravana de la muerte, durante la Guerra Guasu? Hemos hallado recientemente un acta notarial de incalculable valor para la historia, ella nos dio la respuesta de lo que nos faltaba conocer acerca del lugar donde fue sepultada. Tiempo atrás, habíamos dado con el año de su fallecimiento cuando buscábamos a los herederos del palacio de Benigno López, actual sede del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Un poco de historia

Es de todos conocido que don Carlos ordenó la construcción de un templo en Ybyray, al norte de la parroquia de la Recoleta, lugar de su residencia familiar (actual sede del Museo de Ciencias Naturales-Botánico). Aquel templo fue el más suntuoso de todos los edificados durante su gobierno, ya que lo eligió como asiento de su mausoleo. Para hermosearlo, no tuvo mejor idea que dar la orden de trasladar los altares laterales del templo franciscano de Yaguarón, de estilo barroco, en nada acorde con el retablo central hecho de mampostería, para trasladarlos, en catorce carretas, hasta su nuevo destino.

Aunque el Paraguay contaba con un obispo: Basilio Antonio López, hermano mayor del presidente, este se tomó la atribución de erigirlo en templo parroquial con la advocación de la Santísima Trinidad, el cual quedó bendecido el 13 de abril de 1856.

Un día como hoy, de 1862, moría don Carlos Antonio López. Sus restos fueron velados, con toda pompa y esplendor en su residencia particular, la que mandó construir en forma simultánea con la Catedral de Asunción (1842-845), en diagonal con la misma (El Paraguayo Independiente e Independencia Nacional).

Una crónica de la época nos cuenta que luego de la misa de cuerpo presente celebrada en la Catedral, como a las cuatro de la tarde, "el ataúd fue colocado en una lujosa carroza hecha en París por celebrados artífices para iniciar la marcha hacia el templo de Trinidad, distante unos seis kilómetros. Seguido de la carroza, iba el coche del finado y detrás, el Vicepresidente de la República, general Francisco Solano López y todos sus hermanos, otros carruajes, seguidos de un número incansable de oficiales y dignatarios de la República a caballo y, por fin, un concurso innumerable del pueblo. El polvo que se levantó fue tal, que el sol perdió la luz".

"Ya entrada la noche, la comitiva llegó a la iglesia de la Trinidad... El ataúd fue depositado en una fosa abierta a un costado de la nave principal".

Este documento confirma que la cripta que guardaron los restos mortales de don Carlos durante 77 años, fue construida con posterioridad a su muerte, razón por la cual, no se habla de ella en los documentos de archivo que detallan la construcción del templo.

La cripta debió haber sido espaciosa al ser proyectada para la familia López; una vez terminada y sepultado en ella los restos de don Carlos, su entrada quedó sellada con una lápida de mármol blanco, al costado derecho del presbiterio.

La misma reza así: "1800-1862. Bajo esta losa, en esta iglesia de la Santísima Trinidad que él mandó levantar, yace el primer presidente constitucional del Paraguay, don Carlos Antonio López".

Decíamos que la cripta no formó parte de la edificación del templo; lo que su artífice Francisco Solano López jamás se hubiera imaginado, al igual que sus hermanos Venancio y Benigno, fue que ninguno de los tres reposaría allí algún día, porque, muertos en la guerra, sus restos quedaron confundidos con la tierra: en fosa común los de Benigno y en tumbas anónimas los de Venancio y Francisco Solano.

Las únicas integrantes de la "dinastía López" que sobrevivieron a la guerra fueron doña Juana Pabla, quien falleció en junio de 1871, según documentos del Registro General de la Propiedad. Recordemos que a pocos meses de finalizada la guerra, Rafaela López viuda de Díaz de Bedoya contrajo nupcias con un miembro destacado de las fuerzas aliadas, el capitán auditor de guerra Milciades Augusto de Acevedo Pedra, abogado, originario de Salvador, Bahía-Brasil. Con su mediación, la vida de estas mujeres cambió radicalmente, y pronto lo tuvieron como apoderado general de sus bienes, hasta entonces confiscados. Con la influencia de esta persona, resulta fácil entender cómo los restos de doña Juana Pabla Carrillo, madre del "tirano" pudieron ser sepultados en la cripta de los López, al año de terminada la guerra y estando el país bajo ocupación extranjera. Cuando en 1891 murió Rafaela López, la menor de las hijas de don Carlos, nuevamente se abrió la cripta para depositar sus restos; lo mismo ocurrió en 1902 en que desapareció la última de los López: Inocencia, viuda del general Vicente Barrios; cuenta José Segundo Decoud que en esa ocasión se encontró "un par de gemelos con piedras preciosas de alto valor".

Aquella loza de mármol se levantó nuevamente en 1939 cuando, convertido el Oratorio de la Virgen de la Asunción en Panteón Nacional de los Héroes, por decreto del coronel Rafael Franco en 1936, se trajeron de Cerro Corá las supuestas cenizas del mariscal Francisco Solano López y del soldado desconocido, para luego conformar una comisión encargada de trasladar al Oratorio y Panteón, los restos de don Carlos Antonio López y los del general José E. Díaz. Fue entonces cuando el escribano mayor de Gobierno, don Daniel Galeano, labró un acta con motivo de la excavación de la tumba de don Carlos. El acta notarial lleva como fecha el 24 de febrero de 1939. La loza que cubrió su sepulcro se volvió a colocar en su lugar, según testimonio del padre Pedro Velazco, por muchos años párroco de Trinidad. Aquella lápida siguió guardando el sitio mortuorio hasta fines del siglo XX cuando la levantaron para cambiar el piso del templo. Hoy no queda rastro de la cripta, aunque aquella plancha de mármol, salvada por milagro, permanece silenciosa y mustia, recostada en una de las paredes del viejo templo. (Testimonio de la sacristana María Luisa Torres).

Con relación a los restos encontrados en la tumba, el citado escribano dejó constancia del procedimiento llevado a cabo durante la verificación de lo hallado en el sótano. "Arriba en primer lugar, los restos del ex presidente don Carlos Antonio López. Seguidamente, se sacaron los siguientes restos óseos: un fragmento de la bóveda craneana con restos de cabello, fragmento de la mandíbula inferior, la clavícula izquierda, pequeños fragmentos de costillas, seis vértebras, fragmentos de huesos de las manos y de los pies, fragmento de ambos húmeros, fragmentos del peroné, ambos cúbitos, ambos radios. Ambos fémures y ambas tibias, los que previa desinfección fueron depositados en la urna de bronce confeccionada por los talleres de la Dirección de Material y Arsenales y lleva grabada en la tapa la siguiente inscripción: "Pax. Presidente de la República Carlos Antonio López. Muerto en ejercicio de sus funciones en Asunción, 10 de setiembre de 1862".

Otros datos importantes asentados en el acta guardan relación con los restos de su vestimenta, conservados hasta el presente, aunque sin identificación alguna, en el Museo Histórico del Ministerio de Defensa Nacional: "De los restos del traje, la banda presidencial con la borla y la corbata se hizo cargo la comisión para ser enviados oportunamente al Museo Nacional".

Una vez soldada la urna, esta fue colocada en el Presbiterio de la misma iglesia sobre una mesa cubierta con la bandera nacional, al cuidado de un pelotón de soldados del Ejército como guardia, hasta su traslado al Palacio de Gobierno.

Por falta de espacio no transcribimos el acta completa, la cual no tiene desperdicios, pero sí dejamos constancia de lo sorpresiva que resultó para nosotros la mención de otros féretros que acompañaban al de don Carlos: "Se han dejado en el sótano a otros restos humanos contenidos en otros tres cajones y que según referencias dicen pertenecer a la esposa e hijas del ex mandatario".

Suponemos que las damas cautivas de la familia López siguen "durmiendo" en aquella cripta tapiada, esperando el momento en que alguien las "libere" de la prisión del olvido, del silencio, de la desmemoria...