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domingo 7 de mayo de 2017, 01:00

El delfín y la rebelión que complica el tablero cartista

Estela Ruiz Díaz @Estelaruizdiaz
Por Estela Villalba

"Luis Gneiting es mi candidato a vicepresidente", le comunicó el presidente Horacio Cartes a Juan Afara, hace 20 días en Mburuvicha Róga.

Entonces, el vicepresidente, el político discreto, obediente, el que nunca se quejó hasta hoy, comprendió que estaba fuera del proyecto presidencial. "Con esto me estaba diciendo: 'Vos no sos la persona a quien estoy viendo como candidato'. Lo que más me dolió es la forma en que me planteó", reveló el viernes en radio Monumental, donde con voz tranquila rompió lanzas y confirmó la fractura del cartismo.

Una semana después de que el nombre del joven ministro de Hacienda, Santiago Peña, saltó por los aires como el delfín cartista, Afara mostró su disconformidad en un acto internacional. Fue el jueves, tras la firma del acuerdo con Argentina sobre Yacyretá. Allí, el presidente y el vicepresidente ya ni siquiera compartieron la mesa. El primero en demostrar su disconformidad pública fue el diputado Hugo Velázquez. "Es hora de un político".

Las cartas estaban echadas.

La elección de Peña como candidato de Honor Colorado ya no tiene retorno, afirman en el Palacio. La decisión fue el 99% de Cartes, el 1% del entorno gerencial-empresarial-familiar. El entorno político tragó saliva y acató. "A nadie le gusta, no encontramos un solo dirigente de base que diga es buen candidato", admiten bajo la mesa con todo lo que implica: la decisión se toma en Palacio, pero quienes tienen que "vender la mercadería" son los gobernadores, diputados y seccionaleros.

La rebelión de Afara y una docena de diputados complica el proyecto cartista, que pretendía confrontar con su adversario Mario Abdo Benítez sin tantas bajas. Tener al vicepresidente en la vereda de enfrente bajó los decibeles del triunfalismo.

Afara no decidió aún qué será. Lo claro es que si Peña es el candidato, él se irá y hará rancho aparte. "A mí cuando no me gusta, digo hasta aquí llego, y tomo mi camino. Somos hombres libres, yo no estoy rentado", disparó el vicepresidente aludiendo a sus correligionarios que acatan sin chistar. Las bases lo proclaman candidato presidencial como "auténtico colorado", el político que debe estar en Palacio y no el "técnico insensible" y cuyo coloradismo tienen aún muy fresca la pintura azul, el color que causa roncha en las filas republicanas.

POR QUÉ PEÑA. El mejor alumno para seguir el modelo. Así explican la decisión presidencial de optar por el ministro. Cartes no escapa al sueño imperial de seguir cogobernando tras su salida del poder. Lo quiso Juan Carlos Wasmosy con Carlos Facetti. Lo quiso Nicanor Duarte Frutos con Blanca Ovelar. Los resultados son harto conocidos.

Peña es ambicioso y lo demostró con su afiliación pública y polémica en la convención colorada que bramó exigiendo la cabeza de los ministros liberales. Allí, sin ningún empacho ni rubor, desechó 20 años de liberalismo mientras Cartes le anudaba al cuello el pañuelo colorado. Ya en pose de candidato hoy afirma que ni siquiera sabe dónde queda la sede del PLRA.

El ministro debe ganarse el corazón de los colorados.

Mañana inicia una gira con su dupla Gneiting y dependerá de su capacidad de generar empatía en los difíciles escenarios seccionaleros.

Por de pronto, adelantó puntos de su plan presidencial: más bonos soberanos, más APP y rechazo a una reforma constitucional.

TEMOR. En filas del cartismo duro no temen que Afara gane la interna presidencial, pero sí que les robe un porcentaje letal del electorado. "No está en condiciones de ganar, pero te puede hacer perder", confesó un operador avezado en lides electorales, al tiempo de criticar al entorno empresarial que "cree que haciendo ecuaciones en papel" se ganan las elecciones.

Otro temor es la sobrevaloración del voto joven, una de las razones de la elección de Peña. En la ANR, el voto duro se concentra en la franja etaria adulta, tanto en internas como en las generales. Es un alto riesgo porque el díscolo voto joven puede rechazar la imagen de un candidato genuflexo. Ningún partido político puede controlar este sector, que se mueve según su peculiar humor.

NEUTRALIZANDO. En tanto, Mario Abdo Benítez dilata la elección de vicepresidente. Sigue esperando más fugas del cartismo para ofrecer como trueque. Mientras tanto, visitó a Nicanor Duarte Frutos no para acordar alianza electoral, sino para unificar el discurso contra el oficialismo. Cartistas y disidentes asumen que la mejor retórica electoral la tiene el ex presidente y sus discursos calan hondo. La visita tuvo ese fin. "Tal vez Nicanor no le apoye a la presidencia, pero por lo menos que deje de cañearle ya es un avance", dijo un cercano al líder de Colorado Añetete. Hace días nada más, Nicanor decía que "Marito es Peñita con militancia".

LO QUE SE VIENE. Tras el fracaso de su reelección, Cartes eligió candidato e hizo la apuesta más arriesgada de su carrera. Cree que se repetirá la fórmula Alliana, cuando lo encumbró como presidente de la ANR. El joven diputado pilarense es el plan B en caso de que Peña tenga alta resistencia en las bases.

Pero el panorama no es ya tan optimista para sus pretensiones. Afara, su fiel y efectivo apoyo para llegar a la presidencia, se cruzó en su camino. El vicepresidente, que con su decisión confirmó la regla de la ruptura del Ejecutivo en el tramo final del mandato, no piensa ir a su casa sin pelear su espacio. Si pierde quiere llevar consigo a Cartes, poniéndole la piedra en el tobillo para hundirse juntos en el río.

La batalla apenas empieza en un escenario colorado con tres candidatos: un outsider con apoyo del aparato estatal, el aparato partidario y la poderosa billetera presidencial, versus dos contendientes cuya contracara es tradición y militancia.

Aún mucha agua correrá bajo el puente de las turbulentas aguas republicanas.