22 de agosto
Miércoles
Despejado
24°
34°
Jueves
Mayormente nublado
24°
35°
Viernes
Despejado
23°
35°
Sábado
Nublado
20°
33°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Revista Vida
martes 21 de marzo de 2017, 11:38

Artista sin límites

Félix Salas es un contorsionista paraguayo que hace siete años trabaja para la Compagnia Finzi Pasca, de Suiza. De visita en Paraguay, aprovecha para compartir con el público una muestra de su talento y para relatarnos cómo es la vida de un artista de élite que recorre el mundo actuando.
Por Carlos Darío Torres
Fotos: Javier Valdez

La respuesta materna es a la vez autorización, reproche, consejo y absolución: "Ya sos mayor de edad y podés decidir qué hacer. Pero vas a tener que trabajar para mantenerte". Su hijo acaba de manifestarle que ya no quiere seguir estudiando Economía, carrera por la que había optado luego de graduarse con honores en el colegio San Cristóbal, el que está en el barrio Herrera, donde vivía hasta ese momento. Ahora Félix Salas (34) sabe que el "sí" de su mamá marca la hora de empezar a transitar el camino que, hasta entonces, solo se había imaginado cada vez que soñaba despierto. Sería un artista.

- ¿Cómo te definís como artista?
- Soy un artista multidisciplinario, y aunque mi especialidad es el contorsionismo, hoy en día puedo hacer muchas cosas más en el arte. Y más que actor, creo que soy un intérprete, porque no tengo una formación de teatro clásico.

- ¿Cuándo nace tu decisión
de dedicarte al arte?
- Mi mamá me llevaba a las calesitas, a los circos itinerantes, acá y en Buenos Aires. Así nació mi pasión por el circo. Le decía a ella que me quería ir con el circo y me respondía que no, porque entonces jamás nos veríamos. Pero la idea se me quedó para más adelante. Esa fue mi inspiración inicial, la tradición del circo.

- ¿Cómo te preparaste para desarrollar lo que la vocación te pedía?
- Siempre me gustaron las cosas de riesgo. Como para hacer un caminito, practiqué gimnasia olímpica con Karim González y así pude acceder a la acrobacia. No había otra manera, porque en Paraguay no tenemos escuelas de circo. Cuando me dijeron que tenía que trabajar si quería hacer mi vida, empecé a aprovechar lo que había aprendido a hacer con mi cuerpo. Fui uno de los primeros profesores de Pilates con aparatos. Me eligieron en Tamara Di Tella para capacitarme como instructor y eso me ayudó para estar siempre trabajando con el movimiento.
Al mismo tiempo seguía entrenándome en gimnasia, empecé a tomar cursos de danza contemporánea, clásica. Todo lo que tenía que ver con el cuerpo me atraía y me servía para formarme. Hice eso durante un año y después me fui a Buenos Aires a hacer la escuela de circo.

- ¿Cómo te fue en Buenos Aires?
- Me fui con lo que tenía y me ofrecí a la central de Tamara Di Tella. Fue ella misma quien me aceptó. Me dijo que tenían una sucursal donde necesitaban un instructor. Conseguí trabajo apenas llegué. Al principio no me animaba tanto a ir a las escuelas de circo, creo que porque eran caras, no recuerdo bien. Entonces fui a lugares alternativos, donde se enseñaba a la gorra. Eran galpones lindos, con buenos profesionales y ese sistema me gustaba. Después me metí a la Escuela de Circo Criollo, una de las más tradicionales de Buenos Aires.

- ¿Cuándo descubriste que lo tuyo era la contorsión?
- Un año después de recorrer las escuelas de circo. Hay muy pocas escuelas de contorsión y no me atervía a decirle a los directores: "Yo soy contorsionista". Era muy fuerte para mí. Me animé a hacer espectáculos de calle en la feria de San Telmo, que me parece un lugar mágico. No era una cuestión de necesidad económica sino de probar algo artístico en ese lugar específico. Sin pedir permiso ni nada, para que veas la ingenuidad de uno, extendí una alfombra y me puse a hacer contorsiones. La gente se quedaba a mirar. Estuve dos horas sin parar la primera vez, temblaba todo al final.
Yo no pasé la gorra, pero me fui a mirar el sombrero y encontré plata. Demasiado contento estaba, tanto que decidí hacerlo de vuelta. Iba todos los domingos: era un espectáculo que sí o sí tenía que hacer. Así que yo lo considero parte de mi formación, el contacto directo con el público.
La gente de la escuela me vio en la calle y le contó a los directores. Me preguntaron si era contorsionista y me sonrojé. "Sí", les contesté. Entonces me pidieron que me doblara y yo con todo el miedo del mundo me doblé. Y me dijeron: "Ah, sí, sos contorsionista".

- ¿En qué momento te llegó la gran oportunidad?
- En ese ínterin (2005) puse mis fotos en un sitio de internet de hombres flexibles. Gracias a eso, un circo canadiense me propuso ir a hacer una audición en Europa. Yo era muy novato todavía. Me dijeron que la audición sería la semana siguiente en Roma. Les escribí, riéndome: "¿Cómo piensan que me voy a ir a Roma la semana que viene? ¿Con qué? ¿Creen que es fácil pagarme un pasaje, audicionar, sin saber si me van a aceptar o no?". Dijeron que me podían pagar el pasaje, pero me pedían un video. No pude hacer el video porque no contaba con los medios y tenía solo una semana de tiempo. Sin embargo, seis meses después me presenté con un número en uno de estos lugares alternativos de Buenos Aires. Me filmaron sin que yo lo supiera. Una amiga brasileña me dijo que tenía el video y me lo pasó en un cedé. Entonces colgué el video en YouTube y le escribí a la que me pidió el clip diciéndole: "No sé si todavía necesitan un contorsionista, acá está lo que yo hago". Me respondió al día siguiente así: "Esta es una coincidencia enorme, estábamos por cerrar la audición porque no habíamos encontrado lo que queríamos. Pero vos sos lo que queremos".

- ¿Qué te ofrecieron?
- Quien contactó conmigo me dijo que me pagaban el pasaje y que la semana siguiente tenía que estar en Canadá. Me tenía que hacer una visa. Me empecé a mover, tenía pasaje para dentro de seis días y me quedaban tres o cuatro para hacerme la visa. Llegué a la Embajada de Canadá en Buenos Aires, con todos los documentos el día que salía el avión, para hacerme la visa. Tuve una entrevista con una señora que me preguntó para cuándo la necesitaba y le contesté que para ahora. "Disculpame, pero eso no existe. Las damos en 24 horas. ¿Y para qué es?", me preguntó la funcionaria. Yo solo tenía una carta invitación. Se la mostré y le dije: "Es para cumplir el sueño de mi vida". Me miró a los ojos, leyó la carta y me pidió el pasaporte. "Andá esperame afuera". Estaba por morirme de los nervios porque el avión salía en dos horas. Volvió a los 20 minutos, me llamó a su cubículo y me dijo: "Tomá". Estaba la visa. Fue como un ángel caído del cielo. Nunca más la vi. Me esperaba un amigo en moto fuera de la Embajada. Le dije: "Rubén, ya no tengo tiempo para hacer las maletas, llevame ahora mismo al aeropuerto". No tenía valijas que despachar y fui directo al avión. Era la primera vez que volaba".

En buena compañía
Félix Salas2.jpg
Félix llegó a Canadá sin nada. Para su suerte era verano, porque en invierno la temperatura es de -30º C. Audicionó en Montreal para el Cirque Éloize, muy conocido en el mundo, pero sin tanta fama como el Cirque du Soleil, también de la misma ciudad. Mostró todo lo que sabía hacer físicamente. Lo que había hecho antes le sirvió: acrobacia, danza, acrobacia aérea, contorsiones, canto y hasta hablar en guaraní y cantar guaranias. Todo el día haciendo pruebas bajo la evaluación de cinco personas que también lo filmaban todo el tiempo.
Una vez terminadas las pruebas, mandaron el video a Suiza para que lo viera el director Daniele Finzi Pasca. Después, una reunión con los que ya estaban elegidos para el espectáculo para hacer un juego grupal. Así, hasta que vino el escenógrafo y le dijo: "Félix, decidimos que vas a ser parte de la nueva creación". Escuchó la noticia y se quedó duro, como un niño asustado, no lo podía creer. Ese día firmó contrato por dos años y volvió a Buenos Aires para hacerse la visa de trabajo para Canadá.
Daniele Finzi Pasca era el director de los espectáculos del Cirque Éloize donde trabajaba en coproducción hasta que se separó y fundó su propia compañía en Suiza. El teatro Sunil, de Daniele, se convirtió en la Compagnia Finzi Pasca y le pidió a Félix formar parte de ella. El joven paraguayo había pasado en Canadá cuatro años, desde 2007 hasta 2011.

- ¿Cómo denominan el tipo de espectáculo que hacen?
- Teatro circo, circo teatro, teatro acrobático, nuevo circo. Tiene muchas definiciones porque como es algo tan contemporáneo, no ganó todavía una definición específica. Nosotros seguimos la visión de Daniele Finzi Pasca, que es el Teatro de la Caricia.

- ¿Cómo es tu día a día?
- Hay dos momentos diferentes. Uno es la creación del espectáculo. Nos instalamos en un lugar por tres meses. Ahí nos alojan en departamentos y tenemos la oportunidad de vivir una vida estable, cocinar, como en tu casa, con tu espacio personal. Ahí también la rutina es diferente. Empezamos de mañana, comemos cerca del teatro y seguimos hasta las 6.00 o 7.00 de la tarde, todos los días, a veces incluso los domingos. La creación es el momento más intenso que tenemos, estamos juntos, todos los días durante tres meses, hasta que salga el espectáculo.
Daniele es el gran cerebro, el director, el genio. Todos hacen un poco de todo y tienen una visión general de lo que es un espectáculo, lo que hace que sea más rico. No es solo su visión, todos aportan, pero es él quien decide al final.
Hay también un tiempo de entrenamiento, porque existen aparatos nuevos, por ejemplo. Yo nunca había hecho aro y en Per Te me propusieron hacerlo. Entonces entrenamos todos los días en aro.
Mientras practicamos las canciones, hacemos ejercicios teatrales a la mañana. A la tarde, más entrenamiento físico y cerca del estreno se ordena en el espacio escénico. Después Daniele encadena las escenas, como en una revelación.

- ¿Incorporás algo que se pueda interpretar como paraguayo o de herencia guaraní en tus espectáculos?
- Creo que eso ya se lleva dentro. Ellos ven lo nativo en mí, y lo respetan mucho. En el trabajo que hacemos importa cómo uno es y lo que trae. Respetan lo que llevo de acá. En Per Te hablo en guaraní en una escena en donde empiezo a sangrar. Es una escena cómica y Daniele me pidió que me quejara en guaraní. Yo grito "hasy, hasyeterei"; el otro actor me sigue sacando sangre y yo le digo "ani, ani upéicha". La gente no entiende pero es un momento en el que puedo expresarme en guaraní.
Varios de mis compañeros ya conocen algunas palabras; las groserías son lo primero que se aprende. La compañera canadiense es la más cercana a mí y la única de mis compañeros que visitó Paraguay. Todos tienen una gran curiosidad sobre el país. Para ellos es el lugar más exótico.

- ¿Alguna vez los veremos actuar en Paraguay?
- Lastimosamente acá no se conoce nuestro trabajo, pero quizás más adelante alguien se interese en traernos. Hay que encontrar un inversor, porque movernos tiene su costo.
- ¿Pensás seguir haciendo esto toda tu vida?
- Daniele nos ofreció trabajo de por vida. Él dice que firmamos contrato por una exigencia legal nomás. Pero si queremos, tenemos trabajo de por vida. No me preocupa perder algún día las habilidades de contorsión porque sé que puedo transformarme y Daniele Finzi seguro me va a ayudar si en algún momento es necesaria esa transformación, ese pasaje a hacer otra cosa. Y me estoy nutriendo para poder hacerlo. Creo que soy un intérprete en transformación constante.

- ¿Te ves llevando una vida sedentaria?
- No ahora mismo. Cuando estoy por más de tres meses en algún lugar, parece que automáticamente mi espíritu nómada ya me pide cambiar. Y digo que los guaraníes también tenían la Tierra Sin Mal. Me reconforta que eso no sea ajeno a mi cultura.

- ¿Volverías a nuestro país?
- Por ahora no, porque hay mucho por hacer. Me da miedo venir ahora y encontrarme con una estructura en la que no pueda continuar. No quiero que haya un corte, y sé que si vengo habrá un corte y voy a tener que rearmar de alguna manera una pequeña estructura donde pueda sobrevivir, y a partir de ahí hacer algo. Lastimosamente es así. Igual, cuando vengo, trato de ver qué es lo que se está haciendo. Hay gente que está intentando cosas diferentes, que hace circo; en la danza también se hacen cosas distintas. Lo que veo es que cuesta salirse de ese contexto donde se te tilda de alternativo y como que lo que hacés es para un sector de gente nomás. Sería interesante que un grupo así pueda actuar en el Teatro Municipal, en el BCP, que llegue a hacerse como un gran espectáculo. No nos falta nada, excepto plata quizás.

- ¿Se puede pensar en tener en Paraguay un público para el tipo de arte que hacen?
- Pareciera que nuestra propia educación nos limita y nos dice: "Hasta acá nomás podés llegar". La sociedad misma lo hace. Veo que la gente que está en el arte no se anima a dar ese salto o se automargina (algunos me van a querer matar), como que somos minoría y todo queda entre nosotros nomás. Quizás no quieran ser comerciales, pero debe haber una manera de hacer que llegue a todos, a familias, a niños, a adultos. Parece que todo se hace para un mismo público, que son los propios artistas. Y ocurre en todas las artes. Faltaría eliminar esas barreras y que todas las artes sean más abiertas. Las instituciones oficiales de cultura deberían buscar una mayor integración, y no desde el lado de que sea gratis, sino incentivar, porque la gente que no se interesa en el ballet o en la ópera, no se interesa ni aunque sea gratis. Se necesita un programa de educación que incentive a la gente a consumir también este tipo de arte.
Y no puedo dejar de hacer un llamado a los artistas paraguayos para que sigan probando, apostando, para que no se dejen avasallar por el Gobierno mismo que no apoya mucho al arte. Uno sí puede elegir y, cuando lo hace, las puertas se abren y aparece el camino. Si uno quiere pero no confía, nunca va a pasar nada; pero si uno dice: "Esto voy a hacer", ahí parece que la cosa cambia.

........................
La compañía
La Compagnia Finzi Pasca tiene su sede en Lugano, Suiza. También está asentada en Montreal, Canadá. Sus fundadores son Daniele Finzi Pasca y y su esposa canadiense (fallecida en 2016) Julie Hamelin, quien a su vez fue una de las fundadora del Cirque Éloize.
En Per Te, el último espectáculo, son 11 artistas en escena y con los técnicos suman 19 personas. Hay artistas de Brasil, Argentina, Canadá (de Quebec), España, Francia, Italia, Suiza (italiana). "Nos comunicamos en finzipasquense", bromea Félix.

Especialista en contorsiones
Félix no sabía que iba a hacer contorsionista. Empezó haciendo acrobacia aérea en Buenos Aires y a entrenarse en telas.
Por el camino aprendió otras disciplinas, a trabajar en aro, pole dance. "En nuestro último espectáculo, que se llama Per Te (Para Tí), declamo también. Todos los artistas hacemos acrobacias y declamamos. Incluso soy un poco payaso, un poco clown, porque Daniele es un clown. En estos 10 años con ellos ya me siento con capacidad para cantar frente a un público. Esta es una compañía que hace que uno se sienta en confianza. Aunque al inicio uno no vocalice bien, ellos nunca se enfocan en el error, sino en seguir y seguir, en ayudarte a hacerlo bien; de una manera muy leve te hacen creer que todo es fácil".