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Sucesos
viernes 7 de julio de 2017, 01:00

Arroyito: La ciudad que vive entre tanques, metralletas y necesidades

“Terminemos con la violencia. Solamente falta decisión y voluntad”, vociferaba desde el púlpito el padre José Zavala, que presidió la misa por el aniversario de los tres años de cautiverio de Edelio Morínigo, en la parroquia María Auxiliadora de Arroyito, ante la mirada de algunos miembros de la Fuerza de Tarea Conjunta que también participaron de la ceremonia.

El hombre, que lleva cuatro años como sacerdote católico, recalca que no está en contra del trabajo que realizan los militares y policías, pero asegura que no es el camino para terminar con el peor de los males que tiene el pueblo de 20 mil habitantes que recién fue elevado a distrito: la pobreza y la desigualdad. “La verdad que en zozobra vivimos todos. No estoy en contra que actúen, pero andan por la ciudad pidiendo documentos y ahí no están los malhechores. Hacen que la gente se asuste”, explica Zavala, quien tuvo como primera misión pastoral estar al frente de la parroquia del pueblo que es considerado uno de los lugares de influencia del Ejército del Pueblo Paraguayo.

La tranquilidad del pequeño pueblo, desprovisto de obras de infraestructura como caminos transitables para llegar a los asentamientos, o un buen centro asistencial para la atención médica, se ve alterada por la aparatosidad del desfile de tanques y camiones con hombres armados con metralletas y equipados como para ir a la guerra. Una guerra que el Estado está perdiendo a todas luces, según el padre Zavala. “Ñembokapúpe ha jekyhyjépe (con balazos e infundiendo temor) no vamos a lograr nada. Acá hay muchas necesidades; lo que más se necesita son caminos; la gente muere antes de llegar a un hospital. Faltan fuentes de trabajo”, insiste.

miedo. Cosme Herrera, uno de los pocos pobladores de la zona que se anima a opinar de la situación, contó que al comienzo de las incursiones de los militares y policías había mucho miedo entre los vecinos, sobre todo con la aparición de helicópteros o camiones de gran porte, que ellos no estaban acostumbrados a ver. “Los niños al principio lloraban y había mucho miedo. Hoy por hoy, estamos perdiendo la sensibilidad”, se sinceró.

Un grupo de los pobladores de Arroyito se dedican a la agricultura. Plantan mandioca, sésamo o poroto. Pero la preocupación de las autoridades y de los líderes de la zona se centra en la falta de trabajo, sobre todo para los jóvenes, ya que muchos de ellos se ven tentados a ganarse la vida ingresando al oscuro mundo del narcotráfico. “La preocupación que tenemos es que por la falta de trabajo se nos van los jóvenes a plantar marihuana. Muchos de los que van a esos lugares traen la droga, se vuelven fumadores y ahí ya empiezan otros problemas. Comienza la delincuencia para poder responder a su vicio”, explica el pa’i José.