Los personales del zoo, para poder retirar el animal, primero tuvieron que guardar y separar a los demás miembros de la manada, porque no se puede ingresar de otra forma, ya que son animales salvajes. Una vez separados los demás jaguares, Esperanza fue llevada a la clínica veterinaria para su necropsia y posterior envió de muestras a la Facultad de Veterinaria.
La administración del zoo recordó que la jaguar estaba siendo tratada a causa de una enfermedad hepática e insuficiencia renal, siendo sometida rutinariamente a tratamientos médicos.
Asimismo, se desmintió categóricamente que el animal emitía olor o estaba en estado de descomposición, ya que en el instante que fuera identificada la muerte de la felina se procedió a separar a los demás miembros de la manada para poder rescatar el cuerpo. El cuerpo, posterior a la necropsia, será derivado al museo para su taxidermia, es decir, disecación.