Opinión

¿Volverá ese dinerillo?

Alfredo Boccia Paz – @mengoboccia

Los voceros de la llamada Comisión creada para investigar las compras Covid del Ministerio de Salud hicieron lo posible por parecer sospechosos. Y eso que son personas fogueadas en comunicación institucional, conocedoras del efecto del mensaje en tiempos de suspicacias plantearon sus conclusiones de un modo tan evasivo, que era predecible lo que ocurriría. La prensa se hizo eco de lo más llamativo: El énfasis que pusieron en resaltar que no hubo daño patrimonial al Estado.

Como tal afirmación es poco menos que indefendible desde lo administrativo, desde el derecho y desde el sentido común, la sensación que quedó flotando en el ambiente es que existe la intención de encubrir a los protagonistas de un negociado miserable ejecutado justo en el momento más sensible de la crisis sanitaria.

En realidad, suena muy naif eso de dar por sentado que el dinero anticipado a las empresas del clan Ferreira será recuperado, además de estar cubierto por una póliza por incumplimiento de contrato. Son más de 25.000 millones de guaraníes que deben ser reclamados. Pero, ¿por qué actúan como si esa plata ya estuviera en las arcas del Ministerio de Salud? En el mejor de los casos, será una negociación larga y compleja.

Hay quien dice que ese monto es, justamente, la coima del negocio de los insumos. Y también hay quien está dispuesto a apostar que jamás volverá. Mientras, el dinero está en poder de los Ferreira. Entonces, ¿cómo que no hay daño patrimonial?

El enorme malestar ciudadano se hubiera podido evitar si enseguida el ministro Mazzoleni hubiera expresado de manera firme su intención de impedir la impunidad y enviar a los culpables a la cárcel. Pero eso no ocurrió. Lo que resulta decepcionante, sobre todo, si se tiene en cuenta que los fiscales encargados de la causa no desentonan en esta paraguaya coreografía de la indolencia: Tienen poquísimas ganas de investigar.

La paciencia colectiva anda corta en estos días. Por eso, antes que los murmullos de desaprobación se conviertan en rugidos amenazantes, Giuzzio tuvo que volver a salir a reconocer que hubo estafa. Mario Abdo intentó hacer lo suyo, acuñando una frase de antología: “En ningún gobierno hubo tantos amigos del Presidente imputados como en este”. Más que una proclama del tipo “caiga quien caiga”, la expresión sugiere la urgente necesidad presidencial de elegir mejor a sus amigos.

Lo que cuesta entender es que el ministro, un hombre honesto, deje que las cosas lleguen a este estado, siendo que el principal perjudicado es él mismo. Está inmerso en una paradoja. Puede mostrar resultados médicos excelentes que tuvieron, incluso, repercusión internacional. Nuestras cifras de víctimas del Covid son bajísimas, por motivos que aún no podemos precisar con exactitud pero que, sin dudas, están vinculadas a las correctas decisiones tomadas por su Ministerio al inicio de la pandemia.

Pero esto contrasta con una gestión administrativa ineficaz. Tiene al alcance de la mano un dinero disponible con el que jamás soñaron sus antecesores, pero no se anima a gastar. Su ejecución presupuestaria es insólitamente baja y nuestra estructura hospitalaria se fortaleció muy poco. Pese al escaso número de pacientes internados continuamos, como al inicio de todo, siempre cerca de un estado de colapso.

Y, para colmo, se muestra políticamente pasivo ante funcionarios suyos inmersos en la corrupción. Supongo que es capaz de darse cuenta de que la ausencia de gestos políticos firmes oxida terriblemente su imagen. Siendo así, ¿por qué lo permite?, ¿Está obligado a proteger a alguien?, ¿Subestima el poderoso impulso vivificante que tendrá para miles de compatriotas escucharlo abandonar por una vez su cortés discreción para permitirse un breve desahogo de altisonante indignación? Por último, si me obligaran a apostar sobre la recuperación o no del dinero de la coima, no tengo dudas. Esa platita no vuelve.

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