Maduro, de 61 años, tenía previsto en la víspera “tomar” Caracas “de punta a punta”, con una marcha que comenzó en la mañana en importantes barriadas de la capital y acabó en la emblemática avenida Bolívar, en el centro. Antes, participó de un acto en la petrolera Maracaibo (oeste), muy golpeada por la crisis.
González Urrutia puso igualmente broche final a su campaña con una concentración en Las Mercedes, un barrio acomodado en el sureste de Caracas. El diplomático de 74 años estuvo acompañado, como es habitual, por la ex diputada María Corina Machado, quien originalmente era la candidata de la alianza opositora Plataforma Unitaria, pero su postulación fue vetada por una inhabilitación administrativa.
“Ellos podrán tener los recursos del Estado, podrán tener el control del CNE (autoridad electoral), podrán tener la fiscalía que aplaude sus abusos, pero nosotros tenemos el amor, el apoyo y el entusiasmo de la gran mayoría de los venezolanos que quieren el cambio en paz”, dijo González Urrutia en una rueda de prensa ayer con corresponsales extranjeros.
Maduro, quien se jacta de haber llegado a más de 250 ciudades durante su gira electoral, intenta proyectar una imagen de fuerza en sus presentaciones. Las acompaña de una avalancha de propaganda en medios tradicionales como la TV, la radio y las redes sociales, en las que se presenta como un “gallo pinto”, de los que se usan en las sangrientas peleas de gallos, y tilda de “débil” a su principal rival.
“Acá el único presidente que garantiza la paz y la tranquilidad se llama Nicolás Maduro Moros, hijo de (Hugo) Chávez”, dijo el pasado miércoles el gobernante izquierdista, apelando a su condición de “heredero” del fallecido líder socialista, cuando las encuestas le dan la espalda en su búsqueda de un tercer período que lo proyectaría a 18 años en el poder.
BAÑO DE SANGRE. Las advertencias de Maduro sobre “un baño de sangre” en caso de triunfo opositor despertaron preocupación internacional.
El presidente de Chile, Gabriel Boric, exigió ayer elecciones “transparentes, competitivas y sujetas a observación internacional”.
“No se puede amenazar bajo ningún punto de vista con baños de sangre, sino que lo que reciben los mandatarios y los candidatos son baños de votos”, expresó Boric en línea con su par brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, que esta semana expresó preocupación por la afirmación de Maduro.
“Me asusté con las declaraciones de Maduro, de que si él pierde las elecciones habrá un baño de sangre. Quien pierde las elecciones toma un baño de votos, no de sangre”, afirmó el veterano político brasileño en alusión al golpe que significa perder unos comicios.
“Maduro tiene que aprender: cuando ganas, te quedas (en el poder). Cuando pierdes, te vas. Y te preparas para disputar otra elección”, señaló Lula el lunes.
Sin hacer referencia al brasileño, aliado a su gobierno, Maduro respondió: “El que se asuste que se tome una manzanilla”.
El ex presidente argentino Alberto Fernández había sido invitado como veedor por la autoridad electoral, pero dijo en la red social X que después de hacer declaraciones similares a las de Lula, en las que pidió a Maduro respetar los resultados, el Gobierno de Venezuela le instó a que “no viajara”.
La reelección de Maduro en 2018 fue desconocida por Estados Unidos, la Unión Europea y varios gobiernos de América Latina, entre los cuales figuraban los de Argentina y Brasil, después de denuncias de fraude de la oposición.