En los alrededores de la comunidad Maká, en Corumbá Cue, Mariano Roque Alonso (a escasos 8,5 kilómetros de Asunción), se puede percibir a una población convertida en un monumento al abandono estatal. Entre matorrales de baldíos que sirven de guarida y calles donde la basura compite con la desolación, una gran cantidad de niños, niñas y adolescentes deambulan sus calles consideradas como una zona roja, marcadas por la adicción, la inseguridad y la explotación sexual infantil.
Al realizar un recorrido por la zona, que inició en la calle Paraguay, en pleno atardecer se puede observar a grupos de nativos y no nativos agruparse en esquinas estratégicas, compartiendo las famosas petacas de caña.
El camino se interna hacia una zona boscosa; sin embargo, al llegar a la intersección con la calle Panamá, la escena se vuelve más turbia: Jóvenes ocultos entre la maleza, aparentemente consumiendo alguna sustancia ilegal. Esto es frecuente, confirman los vecinos.
Según testimonios recabados, estos grupos aguardan la llegada de “proveedores” que, mochila al hombro, distribuyen estupefacientes en un mercado a cielo abierto.
“Esta gente se reúne cerca de un proveedor (de drogas), no se van lejos porque a pie nomás andan, particularmente estos son rebeldes en su comunidad, ya no quieren entrar más ahí y viven por las calles”, refirió, don José Medina, un poblador.
Sobre la situación, el vecino criticó duramente al Gobierno por no abordar esta situación, sugiriendo que los que ya no tienen relación con la comunidad Maká, tengan otro tipo de tratos por parte de las autoridades. Lamentó que estas personas “hacen lo que quieren en la calle”, y son los principales autores de los cientos de casos de robos domiciliarios que se reportan en el lugar.
BALDÍOS
La zona cuenta con una gran cantidad de baldíos, convertidos en selvas urbanas, que no solo son depósitos de desechos, sino escenarios de crímenes atroces, donde, según denuncias, niñas y adolescentes nativas son llevadas para ser explotadas sexualmente por adultos no nativos.
Juana Franco, presidenta de la comisión vecinal de Corumbá Cue, apuntó a un lugar en particular que tiene un bananal, donde los no nativos introducen a las nativas de distintas edades para explotarlas.
“Hay un mangal y un container que usan de motel, usan a las chicas, las tiran en cualquier parte y no le pagan ni su 20 mil’i y ellas les arman escándalo por eso”, indicó, recordando situaciones de peleas en plena calle.
También indicó que el barrio cuenta con el apoyo de agentes del Grupo Águila, que realizan sus recorridos las 24 horas, interviniendo en algunos casos; sin embargo, no dan abasto por la extensión de la zona y por la dificultad de acceso a varias cuadras.
La mujer mencionó que tras la muerte de Andrés Cheméi, anterior cacique de la comunidad Maká, la situación empeoró, ya que el hombre se encargaba de llevar al Chaco a los nativos rebeldes o que empezaban a entrar en el mundo de las drogas.
“Antes no habían niñas paseándose o ofreciéndose, la juventud está perdida, el Gobierno al menos SNPP debería traer al lugar si les importa un poco para que al menos puedan estudiar y trabajar”, aseveró.
OSCURIDAD
Durante el recorrido del equipo periodístico por la zona, se puede observar que al caer la tarde, cerca de las 18:30, la dinámica cambia. Las esquinas oscuras comienzan a poblarse de niñas que apenas abandonan la infancia. Estas menores se agrupan en ciertos puntos de la comunidad, fumando y bebiendo, bajo la mirada de quienes transitan por la zona.
En un momento, una de las menores se acerca al móvil a pedir dinero. Señala que es para seguir bebiendo, pero luego la cosa cambia radicalmente. La menor directamente pide la suma de G. 30 mil y a cambio de ello se ofrece con ciertos servicios sexuales. A simple vista en su cuerpo se observan golpes en los brazos, cicatrices de heridas cortantes, que al ser consultada sobre que le pasó, se niega a responder y se retira.
Esta situación fue consultada a la mayoría de vecinos y comerciantes de la zona, quienes coincidieron en afirmar que es cosa de todos los días. Lamentaron la situación en la que se encuentran las niñas nativas, que muchas veces son encontradas tiradas e inconscientes en los baldíos a consecuencia de las agresiones sexuales. Por ello, exigen a las autoridades una solución al terrible problema de inseguridad, microtráfico y explotación sexual que sufre toda una comunidad a simple vista de todos.
- “Esta gente se reúne cerca de un proveedor (de drogas), no se van lejos porque a pie nomás andan, particularmente estos son rebeldes en su comunidad”. José Medina, poblador.
- “Hay un mangal y un container que usan como motel, usan a las chicas, las tiran en cualquier parte y ni siquiera les pagan su 20 mil’i y ellas les arman escándalo”. Juana Franco, pobladora.