La muerte violenta del joven desató la ira en el barrio, los pobladores se levantaron contra los uniformados, avanzando más de 100 personas contra la comisaría. Arrojaron enormes piedras y petardos que impactaron contra las patrulleras e hirieron en el rostro y la cabeza a dos agentes.
Los policías defendían el puesto policial armados con escopetas y balines de goma, lanzagranadas y granadas de gas. Pasadas las 19.30, la violencia no cesaba y comenzaron a llegar refuerzos de otras dependencias; unos 80 uniformados fueron movilizados desde distintas comisarias, varias patrulleras resultaron con los vidrios destrozados (R. C.)