La danza creada por el francés Thierry Malandain, inspirada en el tradicional cuento de Charles Perrault y los hermanos Grimm, se presenta este sábado en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá con una única función, aunque hoy se podrá disfrutar en cualquier parte del mundo vía streaming a través de su página web.
El espectáculo explota todas las emociones humanas, desde el amor hasta el humor, a través de unos personajes que han sufrido una transformación física radical.
La historia de amor, más pasional que en otras versiones, la protagonizan una Cenicienta más menuda y humilde que la de Disney y un Príncipe sufrido, desesperado por encontrar a la joven que perdió un zapato con la última de las doce campanadas de medianoche.
El miedo, la intimidación y la energía corren a cuenta de la madrastra, calva y con dos muletas, cuyo repiqueteo contra el escenario estremece al público.
En toda esta intencionada mezcla de sentimientos no faltan las pinceladas de humor que regalan al público las musculosas hijastras, interpretadas por dos hombres, como la madre, que tampoco se escapan de un profundo cambio en esta danza neoclásica.
Todo este mundo interior lleva la firma del reconocido coreógrafo francés Thierry Malandain (Petit-Quevilly, Francia, 1959), quien rechazó varias veces producir esta historia centenaria hasta que recibió la llamada de la Ópera de Versalles.
“En un principio, yo no quería hacer La Cenicienta, me lo propusieron muchísimas veces, pero me negué hasta que hace unos años me llamaron de la Ópera de Versalles, donde estuvo Luis XIV y fue en esa época cuando Charles Perrault (el autor original de la historia) presentó allí mismo su obra”, reconoce el director de la compañía de ballet en una entrevista con Efe.
Como la gran mayoría, Malandain entró en contacto con el cuento durante su infancia y le llama la atención, a sus 56 años, el hecho de que La Cenicienta sea una persona que está en la sombra, que quiere ser conocida y que quiere encontrar el amor.
“Eso es algo que todo artista quiere hacer”, apostilló el fundador de la Compañía Temps Présent.
La escenografía está pensada al milímetro con un fondo repleto de zapatos y un vestuario sencillo, alejado de la pompa que enseñó Disney, porque lo importante para Malandain es el viaje sentimental de los protagonistas, hasta el punto de que “las malas de la película” terminan por aplaudir a la pareja de enamorados en un final cargado de simbolismo.
La estética de la madrastra y sus hijas, los dos personajes que se llevan la mayor ovación de público también es idea suya.
“Son calvos porque como tenían que ser interpretados por hombres, entonces tenían que tener o peluca o cada uno con su pelo y me pareció más agresivo que estuvieran calvos”, señaló.
Malandain atribuye la fuerza que tienen estos tres personajes durante toda la escenificación a la música del compositor ruso Serguei Prokófiev, quien fue el encargado de darle más energía, a través de sus partituras, a los pasajes en los que aparecían los villanos.
Resaltan dos momentos concretos en las coreografías y puesta en escena, el primero es la llegada de Cenicienta a la fiesta de noche dentro una “carroza” renovada que únicamente consta de un círculo luminoso.
Y después, con la coreografía en la que aparecen buena parte de los 20 bailarines que participan en la obra, donde se funden con otros tantos maniquíes negros con faldas de color zahíno brillante en un danza que imita el baile en el que se enamoran de puro flechazo La Cenicienta y el Príncipe.
“La Cenicienta” de Malandain Ballet Biarritz, uno de los 19 centros coreográficos de Francia, cuenta con el acompañamiento musical de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, bajo la dirección del maestro David Porcelijn.
Carlos Meneses Sánchez