Tenía la intención de escribir algo en esta columna acerca de este once aniversario del Marzo paraguayo, pero me pareció más significativo abrir el arcón de la memoria y compartir con los lectores y lectoras los fragmentos de una carta que alguien escribió hace algún tiempo:
”... se cumplen años del Marzo paraguayo. Sé que casi no habrá celebraciones, porque muchas personas prefieren no recordar que aquello realmente pasó. Prefieren olvidar que en la plaza se les despertaron los mejores sueños y fueron capaces de dar la vida por hacer posible un país diferente.
“Pero lo entiendo... todo lo que sucedió después fue tan terrible, que a todos nos da vergüenza. El Gobierno que asumió después de aquella gloriosa gesta debe haber sido el más inepto y corrupto de toda la historia del Paraguay. Fue una tremenda frustración, que nos golpeó a todos. Pero, ¿qué culpa tenemos nosotros?
“Es un tremendo error vincular a la gesta del Marzo paraguayo con lo que vino después. Cuando la patria estuvo en peligro, los ciudadanos acudimos al llamado... y cumplimos.
“Después, fue el momento de los políticos. Ellos no cumplieron. Ellos fallaron. Eso no invalida nuestra heroica gesta. Claro que tendrán que pasar muchos años más para que esto sea percibido y valorado en su justa y verdadera dimensión.
“En todo caso, nuestro error fue no hacer otro Marzo paraguayo para echar también a estos traidores. Lo que me duele es que todo esto parece confirmar esa terrible afirmación de nuestro gran escritor Augusto Roa Bastos, de que ‘el infortunio se ha enamorado del Paraguay’.
“Me pregunto: el país soñado, con valores de justicia, libertad, esfuerzo colectivo y solidaridad, ¿solo puede construirse en una plaza, convertida en la Isla de la Utopía durante seis días, ante el peligro de una nueva dictadura? ¿Solo ante un enemigo común podemos unirnos y hacer cosas grandiosas? ¿Somos incapaces los paraguayos y las paraguayas de llegar un poco más allá? ¿Estamos condenados a acariciar el paraíso con la punta de los dedos, para luego caer de nuevo en el infortunio?.
“Sí. A veces me vence la desesperanza... Pero entonces me acuerdo de esos días de amor y de guerra, y me digo: si fuimos capaces de hacer todo lo que hicimos en esa plaza, en apenas seis días, ¿qué no haríamos, si nos propusiéramos, en todo el resto del país y por todo el tiempo?”.
Es lo que dice la carta que alguna vez llegó a mis manos, y que se reproduce al final de la novela El país en una plaza, publicada en 2005, por el sello editorial El Lector. La firma escuetamente Batichica Tricolor, el nombre con que bauticé a la aguerrida adolescente que encarnó en su idealismo militante todo el sentido de la gesta de Marzo, pero que ayudaron a escribirla tantos jóvenes que dieron sus sueños por una patria mejor. Y que siguen aguardando...