Una Asunción ruinosa, triste carta de presentación del país

La capital del país acumula serios problemas, pero el más crítico de todos es la notable ausencia de una conducción, de un liderazgo que pueda convocar a los sectores público y privado, a las universidades y a las asociaciones a una mesa de trabajo para intercambiar enfoques que puedan ayudar a enfrentar la actual situación. Los problemas estructurales deben ser asumidos sin temor, y en vez de señalar culpables el Municipio debería convocar e inspirar a la sociedad a un compromiso con su ciudad. Es hora de asumir las responsabilidades.

La capital del país muestra en la superficie edificios abandonados, veredas rotas, calles con baches y sin señalización, tráfico pesado a todas horas, basura acumulada, un Centro Histórico impresentable por su fealdad y sus olores.

Esta situación preocupa al ciudadano que sabe que esta es la carta de presentación de la ciudad. Particularmente de frente a un evento deportivo que podría llegar a convocar a más de 15.000 turistas, quienes verán esta triste imagen de abandono. Negocios cerrados e inmuebles con carteles de “Alquilo” por doquier, escasos espacios verdes seguros y un transporte público que sin ninguna duda no está preparado para ser amable ni con los nativos del país, ni con los visitantes de fuera. ¿Qué infraestructura para el descanso o la recreación podrá mostrar nuestra Costanera de Asunción a los turistas? O nos vamos a limitar a recomendar que, por su seguridad, visiten los despersonalizados grandes centros comerciales fuera del centro.

Más allá de esa superficie se esconden los problemas estructurales que se fueron acumulando, como quien va escondiendo la basura debajo de la alfombra y hoy nos dejan una sensación de calamidad.

La Intendencia debe asumir la causas de la migración de los negocios y tiendas, proceso que se inició con la pandemia, pero que ya se venía gestando debido a la especulación inmobiliaria, los altos impuestos, la falta de estacionamiento ordenado, la presencia de cuidacoches, entre otros factores. Todo este sector se ha convertido en una especie de tierra de nadie caracterizada por la inseguridad, es por eso que el gran potencial de nuestro Centro Histórico se está desperdiciando. El sinceramiento de la cuestión impositiva e inmobiliaria debería ser una de las prioridades.

La Intendencia debe reaccionar convocando a todos los sectores que puedan colaborar, el objetivo debería ser: reunir y unir a la sociedad; en vez de echar la culpa al Gobierno Central, que responde a su mismo color partidario; a los pocos dueños que tienen en su poder la mayoría de los edificios y que, según aquella, crean monopolio, y por supuesto los sospechosos de siempre: la prensa. Con histrionismo no se resuelven los problemas sino liderando y congregando a los mejores.

Pero además de su condición actual de abandono, la capital tiene otros problemas que alguna vez la autoridades deben enfrentar, tanto las del Gobierno central como el municipal, de Asunción y de toda su área metropolitana. Al estar centralizado todo en Asunción eso supone una cotidiana sobrecarga de tráfico vehicular y de personas, sumado a la caótica red del transporte público que nunca se ha modernizado, los miles que circulan a diario a través de la ciudad pero no viven en ella y por tanto no tributan, suponen una carga, de la cual el Municipio debe hacerse cargo. Esta población, que es asuncena solo durante el día, demanda servicios e infraestructura que Asunción no puede satisfacer, porque la Municipalidad es además un enorme elefante blanco lleno de funcionarios que tienen un altísimo costo, mantenido por unos pocos miles de asuncenos que pagan sus impuestos.

Estos son los grandes temas que deben ser encarados, en vez de reaccionar de manera inmadura con berrinches. Para resolver nuestros problemas, los cotidianos más inmediatos y los estructurales también, precisamos contar con autoridades municipales que sean capaces de analizar la situación y liderar procesos para buscar las soluciones, convocando a las mejores mentes y voluntades con que cuenta el país. Los habitantes de la capital tanto como los que la visitan se merecen buenos servicios, calles ordenadas, espacios verdes recreativos seguros, transitar por calles que cuenten la historia de la ciudad y del país; se merecen calidad de vida.

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