13 jul. 2024

Un “pesebre ecológico” despierta gran admiración en Isla Pucú

Un gigante y artístico pesebre, realizado con más de 4.000 botellas de plástico reciclado, es motivo de admiración en la ciclovía de Isla Pucú, Cordillera. Es obra del joven pintor y escultor Diego Martín Diarte, quien también exhibe un imponente retablo de semillas en la iglesia local.

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Los Reyes Magos de botellas recicladas causan sensación, en la ciclovía de Isla Pucú. |Foto: Desirée Esquivel

Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman / Edición de video: Mathias Melgarejo

Estaban destinados a convertirse en basura... pero se volvieron objetos de arte y hoy brindan el rostro de una de las Navidades originalmente más atractivas del Paraguay a la histórica ciudad de Isla Pucú, en el Departamento de Cordillera.

El “pesebre ecológico”, instalado en la ciclovía de entrada a la localidad cordillerana, está hecho con botellas de plástico que habían sido fabricadas para una conocida marca de aguardiente de caña, pero acabaron defectuosas y el joven pintor y escultor local Diego Martín Diarte quiso darles un mejor destino.

"¿Qué mejor que convertir la basura en arte, aprovechando esta época de Navidad para transmitir un mensaje sobre la necesidad de reciclar los plásticos y cuidar el medio ambiente?”, propone Diego, quien convenció al intendente municipal de Isla Pucú, Hugo Fleitas, de patrocinar la obra artística que actualmente es la mayor atracción en la comunidad.

Se trata de un gran pesebre con siete enormes figuras de 2,5 metros de altura, que representan a San José, la Virgen María, el Niño Jesús (el único más pequeño), el Ángel Gabriel y los tres Reyes Magos, armado con más de 4.000 botellas, pintadas con diversos colores. Cada figura lleva más de 500 botellas, salvo el Niño Jesús, que lleva un poco menos.

“Ya había hecho una primera versión el año pasado, solo con las figuras de San José, María, el Niño y el Ángel, pero este año quisimos hacer algo mucho mayor y le agregamos a los tres Reyes Magos, poniéndolos además en un sitio más visible, en la ciclovía de la entrada a la ciudad”, explica Diego.

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Los viajeros que pasan en auto por la ruta que une a Eusebio Ayala con Caraguatay no pueden evitar detenerse a observar el pesebre, tomarse fotos y selfies para el recuerdo. El pesebre es particularmente atractivo en horas de la noche, cuando unos potentes reflectores lo iluminan y le dan un aire mágico, con aires navideños.

Una ciudad con toque ambiental y artístico

A 84 kilómetros al este de Asunción, Isla Pucú era conocida antiguamente como Ka’aguy juru, lugar donde el 18 de agosto de 1869 se libró la última gran batalla de la Campaña de las Cordilleras, durante la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870).

De aquel tupido bosque que se iniciaba allí, tras los campos de Acosta Ñu, no queda casi nada. Todo ha sido deforestado con el tiempo, pero las actuales autoridades y los pobladores buscan darle a la comunidad un toque ambiental y artístico, rescatando el valor de la historia y agregándole obras de arte regional y paisajístico.

Antes de llegar a la ciudad, al costado de la ruta, un enorme mural recrea un cuadro de la Batalla de Ka’aguy juru, junto a enormes letras con el nombre de Isla Pucú. Más allá, un pintoresco portal da la bienvenida, en medio de un jardín de frondosos árboles con los troncos pintados con los colores de la bandera paraguaya.

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La ciclovía es, a la vez, una galería de arte al aire libre, donde ahora se exhibe el pesebre ecológico, cuyas piezas estarán instaladas hasta febrero. Al término del recorrido está el mural Tupasy del Rosario, también realizado por Diego Martín Diarte, que rinde homenaje a la santa patrona, la Virgen del Rosario y rescata parte de la historia en torno a la imagen.

“En tiempo de la Guerra de la Triple Alianza, poco antes de la batalla de Ka’aguy juru, una familia que venía huyendo de los invasores trajo una imagen de la Virgen del Rosario, que protegió al pueblo. En mi obra, de estilo mosaico, reproduzco esa imagen y un fragmento de la cruz de madera que quedó chamuscada en el combate”, cuenta Diego.

El mural tiene tres metros de alto por dos de ancho, y la técnica es de mosaico con venecitas, azulejos, espejos y cristales reciclados. El mural ha sido declarado patrimonio cultural de la ciudad por la Junta Municipal de Isla Pucú.

Creando arte con semillas

En el interior de la histórica iglesia de Isla Pucú, el templo parroquial de Nuestra Señora del Rosario, hay otras dos significativas obras de Diego Martín Diarte.

Se trata de dos enormes retablos realizados enteramente con semillas vegetales, inspirados en la obra del artista misionero Koki Ruiz, quien realizó el retablo de maíz para la visita del papa Francisco al Paraguay, en 2015.

“La obra de Koki me inspiró en la técnica utilizada, aunque mi estilo es diferente”, explica Diego, quien en 2016 hizo un primer retablo de semillas en homenaje a la Virgen de Caacupé, que actualmente se guarda en la Basílica menor de la capital cordillerana.

En la Iglesia de Isla Pucú hay un retablo tras el altar, y uno más nuevo a un costado, que es más imponente y ha sido trabajado con una técnica mucho más cuidada, incorporando luces de colores, por lo que es recomendable observarlo de noche. Muestra a un Jesús con los brazos abiertos, con un enorme corazón en cuyo interior está la imagen de la Virgen.

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El cuadro tiene cuatro metros de alto y tres de ancho y en su elaboración se usaron más de 97 kilos de 19 tipos de semillas, principalmente de maíz, arroz, porotos de varios tipos y colores, girasol, lino, soja, mijo, alpiste, melón, arroz, sésamo y semillas exóticas como la leucaena, todos en color natural, apenas resaltados por un barniz que le da protección. Le llevó 45 días de trabajo y contó con la colaboración de varios jóvenes de la comunidad.

Diego tiene 23 años, es ingeniero comercial y licenciado en administración de empresas. Se declara artista autodidacta, ya que no tiene ningún estudio académico en pintura o escultura.

“Siempre me gustó crear obras artísticas, desde niño, y quiero contribuir a que mi comunidad sea conocida por la expresión de su arte y el rescate de su historia, que la gente venga a mirar y conozca a Isla Pucú como un lugar donde también creamos cultura”, destaca.

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Afuera, varios autos se detienen frente al pesebre ecológico. Es noche cerrada y las imágenes parecen salidas de un cuadro de fantasía. Un niño de apenas 4 años se desprende de la mano de sus padres y corre a abrazar al otro niño acostado en el pesebre, y posa sonriente para la foto.

-¡Mirá, mamá...! ¡Es un mita’i hecho de botellas! –exclama.

Y luego, mirando a sus progenitores con un tono de reproche:

-¡Y nosotros, que siempre tiramos nuestras botellas...!

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