Opinión

¿Un mundo sin policía?

 

Alberto Acosta Garbarino Por Alberto Acosta Garbarino

Luego de la traumática retirada de las tropas norteamericanas de Afganistán, el presidente Biden pronunció un discurso de enorme trascendencia para los Estados Unidos y para el mundo. “Esta decisión sobre Afganistán no es solo acerca de Afganistán” —dijo Biden y agregó—: “Se trata de terminar una era de emprender grandes operaciones militares para rehacer otros países”.

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El discurso es histórico, porque marca el fin de una era que se inició al terminar la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos se transformó en una superpotencia global y asumieron el rol de “policía del mundo”.

Durante el periodo de la Guerra Fría, las intervenciones militares norteamericanas fueron para impedir el avance del comunismo, por eso se involucraron en las guerras de Corea y Vietnam en el Asia, y participaron en numerosos conflictos en América Latina en países como República Dominicana, Granada y Panamá.

Después de la caída del Muro de Berlín, gran parte de las acciones militares fueron para proteger sus intereses o para combatir al terrorismo. Entre las muchas intervenciones podemos resaltar la Guerra del Golfo, la de Afganistán y la de Irak. Además de numerosas operaciones militares en la extinta Yugoslavia, en el Líbano, en Libia, en Somalia y en Siria.

Para cumplir este rol de “policía mundial”, Estados Unidos tiene en el extranjero cerca de 800 bases militares, en 38 países y en los cinco continentes.

El presupuesto anual norteamericano en defensa es de aproximadamente USD 800.000 millones, seguido por China, con USD 250.000 millones y los demás países con montos inferiores a los USD 70.000 millones.

Este rol de “policía del mundo” es cada vez más difícil de sostener financieramente, para un país con un déficit fiscal gigantesco del 13,4% sobre el PIB —cuando lo recomendable es no superar el 3%— y un endeudamiento del 103% —cuando lo recomendable es no superar el 60%—.

Gracias a este paraguas protector de los Estados Unidos, potencias económicas, como Alemania y Francia en Europa, y Japón y Corea en el Asia, pueden invertir sus recursos en el desarrollo económico, sin un gran peso de los gastos militares.

Lo interesante del discurso de Biden es que él se encuentra totalmente alineado con el discurso nacionalista de Trump de “América primero” y con la visión de ambos de exigir a sus aliados que contribuyan más con los gastos de defensa. Por otro lado, la retirada de las tropas de Afganistán ha sido muy popular en Estados Unidos, con un apoyo del 66% de la población.

Si hay consenso en los dos partidos políticos norteamericanos y la decisión es muy popular, es seguro que en los próximos años veremos a Estados Unidos reduciendo el rol protagónico que tuvo desde la Segunda Guerra Mundial.

Pero el mundo, que hoy se encuentra lleno de graves conflictos globales —la proliferación de armas nucleares, la amenaza del terrorismo, el avance del narcotráfico, el cambio climático y las futuras pandemias—, necesita, sin lugar a dudas, de un liderazgo global.

Los regímenes autoritarios, como el de Xi Jimping en China y de Putin en Rusia, van a querer ocupar los vacíos que dejara la retirada norteamericana.

Para enfrentar las amenazas de la anarquía o el avance de países autoritarios será necesario que los países democráticos construyan una nueva alianza, donde dos grandes potencias económicas, como Alemania y Japón, puedan volver a rearmarse.

Sin embargo, el permitir que se rearmen dos naciones que históricamente han sido guerreras, despierta en mucha gente... el fantasma de Hitler y la confrontación mundial que dejó más de 80 millones de muertos.

Lo indiscutible es que el repliegue de Estados Unidos de su rol de “policía del mundo” dejará un vacío que alguien lo llenará. Ojalá lo llene una nueva alianza entre las potencias democráticas, y no el autoritarismo o la anarquía.

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