“Las recientes declaraciones del presidente de la República Federativa del Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, sobre la Guerra de la Triple Alianza han reavivado el debate sobre uno de los acontecimientos más dolorosos de la historia de nuestra región y han despertado una comprensible sensibilidad en el pueblo paraguayo”, señalaron desde el Arzobispado de Asunción.
En ese sentido, manifestaron que se pone de manifiesto que la memoria histórica continúa siendo un patrimonio vivo de los pueblos, especialmente cuando se refiere a acontecimientos que marcaron profundamente su identidad y su destino.
“La Guerra de la Triple Alianza constituye una de las mayores tragedias de la historia de América del Sur. Sus consecuencias alcanzaron a todos los pueblos involucrados, pero dejaron en el Paraguay heridas particularmente profundas que siguen formando parte de nuestra memoria nacional”, indicaron.
Por ello, señalaron que toda referencia a este episodio exige respeto, prudencia y un sincero compromiso con la verdad histórica, evitando simplificaciones que puedan oscurecer la complejidad de los acontecimientos o herir la sensibilidad de quienes conservan viva la memoria de aquel inmenso sufrimiento.
“Una memoria reconciliada no supone olvidar el pasado ni disminuir el dolor de las víctimas; significa asumir la historia con honestidad, aprender de ella y procurar que nunca más la violencia sea el camino para resolver las diferencias entre las naciones”, recalcaron.
En este contexto, valoraron que las cuestiones suscitadas puedan ser abordadas mediante los cauces institucionales del diálogo diplomático, expresión de la madurez de nuestros Estados y del respeto mutuo que debe caracterizar las relaciones internacionales.
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Para el Arzobispado, el diálogo sincero y respetuoso siempre será el camino más fecundo para superar incomprensiones, fortalecer la confianza recíproca y preservar la amistad entre los pueblos.
“Paraguay, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia y los demás países de nuestra región han comprendido que el futuro de América del Sur no puede edificarse sobre las heridas del pasado, sino sobre la cooperación, la solidaridad y el reconocimiento de una responsabilidad compartida por el bien común”, remarcaron.
“En las comunidades fronterizas, en las parroquias, en las escuelas, en las universidades, en los lugares de trabajo y en tantas iniciativas de servicio, paraguayos y brasileños comparten la vida cotidiana, cultivan relaciones de amistad y colaboran en la construcción del bien común. Esa convivencia fraterna constituye uno de los frutos más visibles del proceso de integración regional y un signo esperanzador de que nuestros pueblos están llamados a caminar juntos”, manifestaron.
Para la Arquidiócesis, esas diferencias de interpretación sobre hechos del pasado no deberían debilitar este camino de integración. Antes bien, pueden convertirse en una oportunidad para promover el diálogo entre historiadores, educadores, instituciones y autoridades, favoreciendo un conocimiento más profundo de nuestra historia común y una memoria compartida que, sin renunciar a la verdad, contribuya a la reconciliación y al fortalecimiento de la confianza mutua.
“Que la memoria del pasado no nos aprisione en el resentimiento, sino que nos inspire a construir un futuro compartido; que la verdad fortalezca la confianza entre las naciones, y que el diálogo, la cooperación y la fraternidad sigan siendo el camino para consolidar una América del Sur cada vez más unida, donde cada pueblo vea en el otro no a un adversario, sino a un hermano”, instaron.
Expresiones de Lula
“A nosotros nos gusta la paz, pero no podemos olvidar que, un buen día, Paraguay decidió invadir Brasil. Invadió Corumbá y, al mismo tiempo, invadió Uruguay y, al mismo tiempo, Argentina. Y esa guerra, que parecía que no iba a ser gran cosa, duró cinco años”, había manifestado el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, para justificar una mayor inversión en defensa.
“Todavía no tengo la cifra exacta, pero esa guerra debió de consumir el equivalente a cinco presupuestos del país de aquella época. Porque cuando hay un conflicto, nadie se pone a preguntar si hay dinero o no”, añadió.
El dirigente progresista hizo referencia a la Guerra de la Triple Alianza, que tuvo lugar entre 1864 y 1870, y fue el mayor conflicto bélico de Suramérica.
No obstante, según recoge la Secretaría Nacional de Cultura de Paraguay en su página web, la guerra “comenzó a causa de una intervención militar del Brasil, que invadió el Uruguay con su ejército”.