Opinión

Tránsito y hora pico: Lo mismo de siempre

Lo que al inicio de año pudo haber sido una corrección al drama de las horas pico y el tránsito en la ciudad, decantó finalmente en casi nada, para evitar que se siga viajando en la estribera del transporte público

Darío Lugo Por Darío Lugo

El arranque del biorritmo propio asunceno y ciudades circundantes, con estudiantes que se agregan a oficinistas, empleados de empresas privadas y ciudadanos direccionados hacia las oficinas y negocios del centro, nos presentó entre febrero y marzo con las ansias de muchos por implementar el horario escalonado de ingreso a Asunción en horas del día, y también cuando la abandona al finalizar la jornada.

Hubo un anteproyecto de ley para implementar esa variante y que pudieran ingresar, de manera paulatina, los grupos que hasta ahora coinciden en su rutina, ya que si el mismo horario está pautado para el comienzo de las actividades en el aula, en las oficinas, en los comercios y en los servicios (bancarios, de telecomunicación, etc.), se produce un cuello de botella incontrolable que ralentiza todo el tránsito capitalino.

Sumemos a este fenómeno indeseable el aumento casi indiscriminado de vehículos particulares en los últimos años, conducidos por quienes pudieron acceder a financiación y deseosos de dejar atrás el despropósito de traslado en unidades del transporte que no ofrecen la menor garantía, vetustos colectivos cuyas empresas se preocupan muy poco de mejorar el servicio, pero sí están al día con sus reclamos por más subsidios, que les permitan seguir gozando de seguros dividendos, mientras el Estado continúa desangrándose y la ciudadanía se resigna a lo mismo de siempre.

Podemos también agregar el lamentable estado de las aceras: hasta las grandes avenidas tienen sus baches propios o urge un arreglo en cuando a alcantarillado sanitario, ya que una lluvia –que no precisamente debe ser el gran temporal– perjudica el tránsito mediante los típicos raudales que se llevan todo por delante. No hay rodado que pueda salir airoso de estas situaciones que –incluso– ponen en riesgo la vida humana.

Un horario escalonado de ingreso a la capital hubiera mejorado en gran medida lo que hasta ahora se padece al ingresar por la mañana y al salir por la tarde de Asunción. Todos los días se evidencia el mismo desagradable fenómeno, la gente se muestra harta, pero finalmente gana el estoicismo, la apatía y el mirar hacia otro lado cuando de reclamos genuinos se trata. En definitiva, continúa la irregularidad, no se encuentra la solución, casi nadie se involucra en crear fuerza para que las autoridades hagan su labor y se contemple el beneficio de la mayoría.

Las largas filas de buses y vehículos particulares que viajan a paso de tortuga en las principales vías de acceso y salida restan, incluso, competitividad al entorno; impiden la llegada a tiempo para las labores cotidianas y para el descanso merecido al final del día, más aún con otro factor que tampoco pudo ser solucionado hasta ahora: la ausencia de suficientes unidades durante la noche, a sabiendas de que una franja poblacional sigue en su trabajo hasta altas horas y busca el retorno al hogar desesperadamente, atravesando tiempo muerto en las paradas en espera de algún bus milagroso que le acerque a su casa.

Esto puede brindarse como botón de muestra acerca de las verdaderas prioridades de la población y de las autoridades. Se sabe que existe el inconveniente, se busca desde algunos sectores una corrección del drama, hay voces a favor y en contra, pero finalmente el tiempo ejerce su rol irrebatible y todo se desdibuja hasta llegar a ningún avance, a lo mismo de siempre, a la resignación de que “así no más debe ser”.

Mientras tanto, y aunque el debate ya no tenga fuerza a nivel público, día tras día se sigue padeciendo la angustia del usuario de a pie, cuya única resignación es saber que –por lo menos– no se contempla incremento en el precio del pasaje urbano. Consuelo de tontos, en definitiva, ya que el subsidio a los transportistas sigue subiendo en contrapartida.

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