Opinión

Tinieblas

Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

El informe presidencial, al que le llaman en otros países como EEUU “el estado de la Unión”, suele ser un discurso muy esperado por el momento, el auditorio y las líneas políticas que traza el gobierno de cara hacia un futuro como el de hoy dominado por la incertidumbre más espesa. El presidente exhibió el miércoles todas sus debilidades o su liviandad, (vevyi), como lo definiría su hoy ministro del Interior. Lo peor de esto es que estimula las tinieblas en directa proporción a lo que proyecta. No tuvo nunca clara la idea de gobernar y creyó que con la suerte que lo ayudó siempre sería suficiente. Se lo nota como Lugo o Cubas y puede tener el mismo destino. Está confundido, asustado y eso se nota en un lenguaje corporal dominado por el temor, una voz apagada y adolescente y, por sobre todo, en la carencia de una convicción de lo que anhela. Si tuviéramos que concluir sobre la puesta en escena de su informe podríamos decir que solo le interesa terminar como sea y tan pronto sea posible su presidencia. El problema es que faltan todavía más de tres años y los de la línea de sustitución son aún peores. Estamos navegando en tinieblas sin faros, sin luces ni banderas.

A la amenaza creciente del coronavirus se suma la incompetencia de gestión de un gobierno diseñado para pagar favores políticos. Esta debilidad lo hace prisionero de su realidad primero y de sus adversarios colorados de antes. Estos ya se han envalentonado sobre las confusiones y debilidad del gobierno que sugieren renuncia masiva de sus ministros o dan lecciones de gobernanza administrativa a su compañero de rutas de mucho tiempo: el ministro de Hacienda. Este, no tuvo más que reconocer que en realidad la economía es llevada adelante por el mismo equipo de Cartes, cuyos resultados son conocidos.

Ante la confusión de lo que puede venirse, el encuentro con el ex presidente perseguido por la Justicia brasileña es asumir la política real para ambos. El control del aparato de Justicia paraguayo es completo por parte de Cartes, quien conoce el precio del aparato y que da la impresión de cuasigobernar además en lo político desde el Congreso. Sus legisladores insisten en violar la Constitución haciéndolo jurar como senador para evitar que la entonación de la delación premiada de Messer acabe en un molestoso pedido de extradición.

Podrían salvarse de momento ambos, pero el nivel de crispación social en las calles subirá de punto y se transformará en estallido social. Ya hemos tenido algunas muestras de eso y la pérdida de legitimidad del Gobierno solo incrementará la presión y la fuerza de la explosión. La Justicia no quiere castigar la corrupción de los políticos que nombra a sus jueces y fiscales a quienes tiene de hijos y de empleaditos.

Cuando los muertos sumen, los hospitales colapsen, la economía se hunda, se sigan exhibiendo las impúdicas riquezas de nuestros administradores y la capacidad de gestión esté dominada por la corrupción, no habrá salida y el país entrará en una espiral de violencia incontrolable para todos. Hay pocas esperanzas de que el presidente despierte y se sacuda. Las oraciones de sus ministros-pastores no alcanzan y las jaculatorias públicas en vez de tranquilizar perturban y agitan. Walter Bower, aquel ministro del Interior de infausta memoria, había dicho como respuesta a la creciente delincuencia callejera que lo único que quedaba era: rezar. El presidente está montado en una barca llena de piratas cuyo único objetivo es robar lo que se pueda, saltar por la borda y dejarlo solo como un perfecto estúpido con la gorra de capitán. Debe sacudirse antes que acaben con él al fondo de las procelosas aguas de nuestra democracia pererí (frágil).

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