Por Natalia Ferreira Barbosa / Fotos: Javier Valdez
Un té de boldo para digerir, un té de manzanilla para el malestar estomacal, un té de verbena para aliviar las flatulencias o un té de jaguarete ka’a para mitigar el efecto de un atracón. El concepto de té como una alternativa medicinal está profundamente arraigado. De los guaraníes heredamos el conocimiento de las plantas medicinales. La mayoría de los que consumen tereré le añaden algún pohã ñana (remedio que cura) o pohã ro’ysã (remedio que refresca), por lo que estamos más que familiarizados con las infusiones.
Pero solo desde hace un par de años, la noción de té se separa de lo medicinal para crear terreno propio. Beber té ya no se relaciona solo con los convalecientes y enfermos. “En mi época, cuando estabas mal del estómago, tomabas té Hornimans (una marca de té negro), mientras que ahora se toma té en vez del café. Hay una revolución de infusiones, sin embargo, antes solo encontrabas dos marcas importadas en el mercado”, cuenta Porfirio Sosa (49), un consumidor casual.
La experiencia de ingerir brebajes medicinales no era de lo más agradable, sino un mal amargo y necesario. Ahora el paladar evolucionó para apreciar el sabor, aroma y color de los distintos tipos de té e infusiones.
Para todos los gustos
El té es un arbusto originario de China. Se tiene registro de su consumo desde el año 200 a.C. y alrededor del siglo XVI o XVII empezó a circular por Europa. Los distintos tipos de té se obtienen de acuerdo al grado de oxidación o fermentación de las hojas. Es decir, si la hoja tiene una oxidación mínima, se obtendrá té verde; mientras que si la hoja se fermenta por un periodo prolongado, el resultado es el té negro. Otras variedades son el té blanco, el rojo y, menos conocidos, el amarillo y el azul.
También está el blend, que es una mezcla de té (de cualquier variedad) con otro elemento, ya sea floral o frutal, o con especias. Los más populares son: el English breakfast (una combinación de tés negros que se puede mezclar con leche), el Earl Grey (mezcla de té negro aromatizado con bergamota) y el Ceilán (de sabor intenso). También están los herbales y frutales, un poco más suaves. La cantidad de combinaciones es la única limitación para las variedades y una mayoría importante de ellas se puede encontrar en el mercado local.
Consumo nacional
Se dice que el té es la segunda bebida más consumida en el mundo luego del agua. En el país probablemente este lugar lo ocupe el tereré, debido a las condiciones climáticas y a la costumbre popular. Aun así, el consumo de esta bebida fue popularizándose y refinándose en los últimos tiempos. Basta visitar las góndolas de los supermercados o alguna despensa para comprobar que las opciones ya no se limitan únicamente a infusiones herbales medicinales. Se pueden encontrar fácilmente más de 10 marcas de té de industria nacional, argentina, chilena, británica, colombiana, estadounidense y alemana, que suman más de 50 variedades.
Solo para tener una idea del aumento del consumo, Belén Stadecker, directora de Hierbapar (empresa nacional que produce y comercializa hierbas medicinales y especias), asegura: “Abastecemos a todo el territorio paraguayo, estamos en todas las cadenas más importantes de supermercados. El crecimiento anual de la producción, en promedio, de los últimos cinco años fue de 30%, tendencia que sigue en aumento”. En el 2007, la empresa comenzó envasando infusiones en saquitos: de anís, cedrón, burrito, manzanilla, boldo y jaguarete ka’a. Estos tres últimos son los más requeridos. A partir del 2009 introdujeron el té negro, rojo y verde y, debido al crecimiento del consumo, lanzarán una línea de blends en menos de 15 días.
Hace más de 48 años, la empresa Té Guaraní empezó a comercializar té digestivo y para adelgazar. “Ambos productos eran industrializados de manera artesanal y eran fraccionados en presentaciones a granel, no todavía en saquitos. En aquel entonces no existía competencia en el rubro del té de hierbas medicinales. Hace tres años empezamos a ofrecer té negro y verde, porque las tendencias de consumo avanzaron en nuestro país. Actualmente ganamos participación debido a la evolución del mercado y a la globalización. El té y los productos naturales han tenido una evolución y demanda creciente en diferentes mercados del mundo”, afirma Jazmín Díaz Benítez, jefa de Marketing del Laboratorio y Herboristería Santa Margarita, que produce la línea Té Guaraní y Yerba Kurupí.
Los productos más demandados de la empresa son Plan 30 Días y el Adelgaté, a los cuales sigue el té verde, “que ha tenido un crecimiento significativo —asegura Díaz— posterior a sus múltiples beneficios descubiertos y comunicados a nivel mundial. Actualmente ofrecemos 27 variedades de té, comercializadas en diversas presentaciones”.
Producción artesanal
Hay amantes del té que se aventuraron en un viaje por el camino de las especias para elaborar también infusiones caseras. Ellos importan las hebras de té y, a partir de ellas, preparan combinaciones únicas y frescas, que son degustadas por aquellos que refinaron su gusto por esta bebida.
“Importo hebras de té traídas de India, China y Japón, y las mezclo con frutas, flores y hierbas nacionales para preparar los blends, de los que ofrezco 16 variedades frutales, especiadas y florales. Para la elaboración de los blends utilizo 50% de hebras de té y lo restante se distribuye entre los diferentes ingredientes. Todo se prepara a mano y hay que tener cuidado, porque el té es una planta que pasa por un proceso de oxidación. Entonces, si se lo mezcla con una fruta que haya sido cortada con un cuchillo, por ejemplo, el sabor final puede variar.
Lo mismo ocurre si se manipulan las hojas con la mano, porque pierden el grado de oxidación. Tenemos presentaciones de 10 gramos, en saquitos artesanales de organza con hilo natural de algodón y cajitas personalizadas”, explica Alex Niz, tea designer y una de las propietarias de Un Toque de Aníz, que comercializa blends artesanales desde hace dos años.
Los blends más solicitados son los especiados, como el Chai, compuesto por té negro, cardamomo, canela, anís y pimienta, lo que da como resultado un sabor intenso y algo picante al final. Es bastante popular su consumo en invierno. Otro muy demandado es el denominado Sutil, una bebida helada que combina té blanco, jengibre y cáscaras de naranja.
Otra emprendedora del rubro es Norma Martínez, propietaria de Quererté, que empezó a funcionar en el 2009, cuando abrió una franquicia de una marca estadounidense, aunque con nombre diferente al original. Martínez trae el té mezclado con ingredientes frutales y florales. Además, ella misma elabora la mezcla de algunos. En su tienda se vende té en hojas y no en saquitos, y la cantidad mínima que se puede adquirir es 50 gramos, de los que se pueden obtener entre 40 y 50 tazas. “Los más pedidos son Desayuno en Londres, que tiene tés negros de India y China; Sentirse una reina, que combina tés de Ceilán y Darjeeling y Keemun Mao Feng (variedad aromática de té negro), con fragancias de bergamota, cáscara de naranja y coloridos pétalos de flores; y Vacaciones exóticas, una mezcla de tés negros con pedacitos de jengibre, que es algo picante”, especifica la propietaria de la tienda. Otra infusión que ella recomienda a las cafeterías es Fruto del pecado, una combinación de trozos de manzana, cáscara de naranja, pétalos de la rosa del beso, caléndula y botón azul.
Empezar a degustar
Para quienes no tengan la costumbre de beber té, Martínez aconseja empezar con el té verde, que es uno de los más suaves, al igual que el té blanco, y recién después probar el té negro. En lo que se refiere al momento para tomarlo, no hay una hora específica. Se pueden ingerir en cualquier momento del día, pero si se tiene dificultad para dormir no es recomendable beberlo por la noche, a no ser que se trate de una infusión herbal.
El té, de por sí, no es una bebida muy dulce, pero lo ideal es beberlo sin endulzarlo para sentir plenamente los sabores de entrada y de fondo. Quienes de todos modos deseen endulzarlo, pueden hacerlo con un poco de azúcar, edulcorante o miel. Ahora bien, no todos los tés están preparados para combinarse con leche, por lo que sería prudente indagar sobre ello antes de tomar un trago amargo. “El tiempo de hervor varía, cuanto menor es la deshidratación de la hoja, menos tiempo de cebado se necesita para beberlo. El té verde, por ejemplo, está listo en dos minutos. Mientras que el negro demora tres, y los frutales, unos cuatro minutos. Cabe resaltar que el té no debe hervirse dentro del recipiente: hay que echar el agua caliente sobre la hoja y dejar reposar en una taza. Normalmente, al momento de añadirle el agua la hoja flota, pero una vez que el té está listo, vuelve a caer en el fondo del recipiente. Esto es una especie de parámetro”, aclara Martínez.
“El té tiene tres momentos para ser catado: el sabor de entrada, el estacionado y el de fondo. La bebida —puntualiza Niz— también tiene maridajes específicos. De repente, el té blanco se puede combinar con pescados crudos, algunos tipos de frutas o tomarlo después de comer sushi. El Earl Grey se puede combinar con galletitas, budines, cítricos, minitortas, sandwichitos mezclados de frutas y jamones. Es muy suave en la entrada y es balsámico. Tiene como un sutil sabor a menta al final, entonces todo eso se puede combinar con cosas que sean dulces. Mientras que el verde se combina con quesos y vegetales, con tartas de frutas secas, con cremas agrias”.
T’ien Yiheng, un crítico chino del siglo XVI, decía: “Se bebe té para olvidar el ruido del mundo”. Y usted, ¿para qué lo beberá?
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Cultivo de té
El té, o Camellia sinensis, es oriundo de China, y los principales productores a nivel mundial son China, Sri Lanka, India y Kenia. Un poco más cerca, en Misiones, Argentina, existen 37.000 hectáreas de cultivo de té, de acuerdo con el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de Argentina.
Las empresas que producen té de industria nacional importan la materia prima, porque en Paraguay hay muy pocas plantaciones —solo en Villarrica y San Pedro— y no abastecen el consumo. “Estamos preparando un proyecto para implementar el cultivo de té el próximo año, puesto que tenemos un suelo propicio. Además, es una planta que no requiere mucho mantenimiento”, adelanta Aníbal Zapattini, presidente de la Cámara Paraguaya de Hierbas y Té (Capahite).
Importación en aumento
El aumento del consumo de té se ve reflejado en las cifras de importación nacional. Por ejemplo, en 2010 se importaban té e infusiones de Argentina por valor de USD 443.000. Al año siguiente, la cifra trepó a USD 2.046.000, y desde entonces no ha bajado de un USD 1.000.000. El año pasado, las importaciones provenientes de ese país alcanzaron USD 1.036.000, según datos de Trade Map.
Entre el 2010 y el 2014 también hubo un incremento más que importante de las exportaciones de países como Reino Unido (138%), Estados Unidos (93%) y Alemania (158%).
Si se toma en cuenta el total de las importaciones provenientes de 23 países, las cifras señalan que en el 2010 el valor fue de USD 7.595.000 y en el 2014 subió a USD 9.066.000, lo que se traduce en un aumento del 19,4%.