Opinión

Sos un desastre, pero sos nuestro desastre

Presidente, pensaba escribir que tu pusilanimidad y desorientación ya rayan lo absurdo y que, si es por mí, no te elegiría ni para encabezar una comisión proempedrado. Pero mis sentimientos democráticos y el pavor que me da tener un jefe del Ejecutivo débil por cuatro años más y a las puertas de una recesión económica me conminan a ser prudente.

Por eso te ruego que des ya un golpe de timón. Dejá de autojustificarte, de buscar explicaciones para tapar tu inacción, de dejar entrever que estás perdido, de mostrar que en verdad no tenés ganas de mandar ni gobernar. Y te aviso que acá se debe mandar más que gobernar. Pero vos no haces ni lo uno ni lo otro.

Decí lo que vas a hacer para zanjar la desaceleración económica y ponete en campaña. No hables como un sacerdote de provincia, que todos nos equivocamos y que debemos enmendar nuestros errores.

Demostrá autoridad o amor propio y hacé los cambios que tenés que hacer. Hasta para sustituir a tus ministros y principales asesores te manejás con los tiempos divinos del Vaticano y no con las urgencias humanas de un país en llamas como el nuestro. Hacé lo que la sociedad necesita que hagas, pero hacelo ya.

Dudás y pedís perdón todo el tiempo. ¡Por favor! Da señales de que podés manejar este país con entereza y probidad. Y no lo hagas en nombre de los adulones que fueron arreados para hacer una hipócrita demostración de fuerza a tu favor. Ni por Horacio Cartes (sí, ese al que llamabas contrabandista y ahora los ves como un mártir por la causa colorada). Ni por la rosca cuasimafiosa a que llamás correligionarios y que te apañan para salvarse ellos, no para salvarte a vos. Ni por el vicepresidente Hugo Velázquez, uno de los peores y más peligrosos floreros de nuestra democracia. Ni, dicho sea de paso, por Brasil, ese país que te genera tanto amor reivindicativo y al cual querés cuidar sus intereses ante los desalmados peajeros y pillos de este lado del Paraná.

Hay millones de personas honestas (de todas las nucleaciones y también apartidarios) que no viven de las tetas del Estado y que necesitan un presidente fuerte, decidido y con ganas de buscar las soluciones a este país.

No sé si te dicen las mentes brillantes que te rodean en el Palacio, pero la economía está muy complicada. Y no fue por el juicio político. Ahora leo que te pusieron un casete nuevo y decís que debe archivarse el proceso en tu contra para encarar el parate económico. Es bueno que asumas la dificultad socioeconómica, aunque lo hubieras hecho hace medio año o más y no porque estuviste a punto de perder tu presidencia.

Presidente, tenés que hacer mucho esfuerzo para recuperar tu credibilidad. Tu Gobierno tiene demasiados dueños, aunque la verdad, fue la intervención internacional y una eventual y temible presidencia de Blas Llano las que frenaron tu juicio político. El que, dicho sea de paso, iba a ser uno de los más justificados.

Puede que la próxima semana se le otorgue el certificado de defunción a tu procesamiento. (Presidente, me dio vergüenza ajena lo feliz que estaban el sepulturero con tus amigos al pactar el entierro, casi creí que el entierro era el tuyo y no de tu juicio). Con esto, retomo, te estás quedando sin excusas. Todo depende de vos. Espero que te vaya bien. Porque, aunque seas un desastre, sos nuestro desastre.

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