Son incómodos pero por ahora son casi la única forma de corregir las anomalías dentomaxilofaciales. Los frenillos, o brackets, son los aparatos más comunes prescriptos por los profesionales en ortodoncia para la corrección de esos problemas, pero cualquiera evitaría, si pudiera, tener que utilizarlos.
Sin embargo, en la actualidad, el número de personas que apelan a esta solución ha ido en aumento, y lo que antes era una imagen que se asociaba con los niños y preadolescentes, hoy se ha extendido inclusive a adultos. Y lo que puede sorprender a más de uno: existen casos en los cuales los frenillos son utilizados, digamos, por una cuestión de moda.
Curioso, ¿verdad?
Laura Martínez de Perruchino, presidenta de la Sociedad Paraguaya de Ortodoncia, afirma que, efectivamente, hay personas que optan por colocarse brackets solo para resultar más atractivas, y ortodoncistas que acceden a cumplir el pedido. “Si el profesional se presta, puede ser que haya gente que los use sin necesitarlos. Hay casos, no es lo frecuente, pero se da”, comenta.
Los testimonios de los pacientes confirman esta tendencia. Marian Torres lleva brackets en los dientes superiores e inferiores, pero confiesa que solo “los de abajo” fueron prescriptos por una odontóloga. “Abajo tenía un problemita, pero arriba no y por estética pedí que me colocaran. La diferencia es que los frenillos de arriba no tienen que ser ajustados”, cuenta.
Delia Velázquez, quien sí lleva aparatos de ortodoncia en sus dientes superiores e inferiores por recomendación médica, dice que las mujeres les resultan más atractivas a los hombres si utilizan brackets. “No sé cuál es la razón, pero yo veo que a los muchachos les atraen más las chicas con frenillos”, asegura.
Oferta variada
Hoy día, las gomitas de los aparatos pueden ser de colores, por lo que las sonrisas se tiñen con tonalidades a elección y gusto de cada paciente; y como son cambiadas cada semana (o cada dos), se puede optar por colores diferentes en cada ocasión.
Pero no solamente los aditamentos de los arcos presentan variedades, los brackets mismos vienen fabricados en diferentes materiales y pueden estar hechos, además de metal, de circonio o porcelana y ser transparentes.
“Es cuestión de gustos; los de colores son más utilizados como una especie de motivación para los chicos. Los mayores, si se animan, también pueden optar por ellos, pero es más para los menores. Los adultos siempre prefieren que sea lo menos notorio posible”, señala Martínez de Perruchino.
La profesional confirma que actualmente los adultos son usuarios de aparatos de ortodoncia en mayor medida que en épocas pasadas. Consultada si anteriormente no era aconsejable que los mayores llevaran frenillos, responde que “no es que no se recomendaba, sino que no había posibilidades, pero hoy día las técnicas y los aparatos están tan evolucionados, que hay solo un mínimo de daño biológico, por lo que los adultos ahora sí pueden usarlos”.
Las razones para prescribir brackets pueden ser funcionales o estéticas.En el primer caso se trata de corregir diferentes problemas en la articulación temporomandibular ocasionados por una maloclusión (mala mordida) que no fue tratada a tiempo (“no se hizo la ortodoncia”) y ha derivado en consecuencias negativas. Los inconvenientes funcionales pueden estar causados por el estrés, que termina provocando bruxismo (cuando se aprietan los dientes), ocasionando también problemas en la mordida.
“El bruxómano tiene por costumbre apretar los dientes, lo que hace que con el tiempo se produzcan desgastes y se movilicen algunas piezas dentarias. Eso a la larga, en la edad adulta, también tiene consecuencias y entonces se vuelve necesario recurrir a la ortodoncia”, explica Martínez de Perruchino.
La ortodoncista asegura que no existe un límite de edad para prescribir el uso de frenillos, aunque, aclara, en caso de enfermedades sistémicas en las que están afectados los huesos, podría estar contraindicado.
Tiempo ideal
¿Cuál es la edad recomendada para comenzar a llevar brackets? Generalmente alrededor de los siete años, cuando empiezan a aparecer los molares permanentes, aunque puede ser un poco antes, dependiendo del caso.
En cuanto a los adultos mayores, no hace falta que el paciente todavía conserve la totalidad de sus dientes. Asimismo, se recurre a la ortodoncia para corregir espacios cuando es necesario colocar implantes.
Pero la edad ideal depende del diagnóstico y de la anomalía, aclara Martínez de Perruchino, quien asegura que se pueden ahorrar años o algunas etapas del tratamiento si se empieza en el momento mismo en el que se detecta una anomalía.
La profesional informa que existen formas de prevenir las deficiencias y que estas pueden ser corregidas con aparatos menos complejos cuando el diagnóstico es temprano. “También hay veces en que uno deja pasar cuando ve una anomalía, porque quizás con el crecimiento se resuelva; depende del diagnóstico, como dije”, agrega.
El uso de frenillos es inevitable cuando el problema en cuestión interviene las funciones, cuando hay anomalías en ellas tales como la respiración bucal, cuando el paciente tiene algunos hábitos como la succión de dedos, o en mordidas cruzadas. En lo que respecta a la reconstrucción estética, los pacientes recurren a los frenillos cuando presentan algún diente mal posicionado.
Como alternativa a los brackets existen unas placas pequeñas transparentes, de silicona, llamadas invisalign, aparatos que se sacan y se ponen pero que son recetados para pequeñas anomalías. “Cuando hay que mover corona y raíz”, la solución pasa únicamente por la ortodoncia.
Quienes usan frenillos deben practicar una higiene bucal más minuciosa y frecuente. Existen cepillos indicados para el tratamiento, pero el común también es apropiado para la limpieza. Eso sí, el cepillado debe realizarse después de cada comida e incluso más, porque los alambres atrapan restos alimenticios.
Un poco lejos
El ajuste se realiza una vez por semana o por quincena, dependiendo del caso. El motivo de esta frecuencia es que los alambres se aflojan y pueden lastimar al paciente o dificultar la ingestión de alimentos y la higiene.
La ortodoncia no está al alcance de todos, ya que el tratamiento implica una entrega inicial que va desde G. 1.000.000 hasta G.1.500.000, más entregas mensuales de G. 150.000 o G. 200.000 mientras dure la terapia.
Según Martínez de Perruchino, el uso de frenillos se ha incrementado a raíz del deterioro de la calidad del aire, principalmente en centros urbanos densos. “En un ambiente con más contaminación, con smog, es más frecuente que haya problemas respiratorios, alergias y rinitis. Y eso crea malos hábitos, como la respiración bucal, que deforma la dentadura”, señala la odontóloga.
No es la única razón del aumento referido. Además, hubo un cambio en la dieta de la gente, la que antiguamente, en palabras de la profesional, era más dura, por lo que había que masticar más, lo que a su vez hacía que los maxilares crecieran y se desarrollaran. Actualmente la dieta es más débil, más blanda, recalca Martínez de Perruchino.
Por estética o por prescripción médica, el uso de frenillos se está convirtiendo en una tendencia creciente. Y por una razón u otra, el resultado es la posesión de una mejor sonrisa. Entonces valen la pena el dolor y el esfuerzo.
Texto: Carlos Darío Torres
Fotos: Fernando Franceschelli.