23 ago 2026

Solemnidad: Santísimo cuerpo y sangre de Cristo

Si bien hemos adelantado un artículo más breve el día 4 de junio pasado, atendiendo que en muchos países se ha celebrado esta solemnidad, para nosotros este gran acontecimiento se conmemora el día de la fecha.

Hoy celebramos esta gran Solemnidad en honor del misterio eucarístico. En ella se unen la liturgia y la piedad popular, que no han ahorrado ingenio y belleza para cantar al amor de los amores. Para este día, Santo Tomás compuso esos bellísimos textos de la misa y del oficio divino.

Hoy debemos dar muchas gracias al Señor por haberse quedado entre nosotros, desagraviarle, y mostrarle nuestra alegría por tenerlo tan cerca:... te adoro con devoción, Dios escondido..., le diremos hoy muchas veces en la intimidad de nuestro corazón.

En la Visita al Santísimo podremos decirle al Señor despacio, con amor:... no veo las llagas, como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios; haz que yo crea más y más en ti, que en ti espere, que te ame.

Si asistimos a la procesión, acompañando a Jesús, lo haremos como aquel pueblo sencillo que, lleno de alegría, iba detrás del Maestro en los días de su vida en la tierra, manifestándole con naturalidad sus múltiples necesidades y dolencias; también la dicha y el gozo de estar con él.

Si le vemos pasar por la calle, expuesto en la Custodia, le haremos saber desde la intimidad de nuestro corazón lo mucho que representa para nosotros... “Adoradle con reverencia y con devoción; renovad en su presencia el ofrecimiento sincero de vuestro amor; decidle sin miedo que le queréis; agradecedle esta prueba diaria de misericordia tan llena de ternura, y fomentad el deseo de acercaros a comulgar con confianza.

“El papa Francisco presidió, el jueves pasado en la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma, la Misa por la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y la Sangre de Cristo, en la que aseguró que “la Eucaristía no es un premio para los buenos, sino la fuerza para los débiles, para los pecadores, es el perdón, el viático que nos ayuda a andar, a caminar”.

En la Última Cena, Jesús dona su Cuerpo y su Sangre mediante el pan y el vino, para dejarnos el memorial de su sacrificio de amor infinito. Con este “viático” lleno de gracia, los discípulos tienen todo lo necesario para su camino a lo largo de la historia, para hacer extensivo a todos el Reino de Dios. Luz y fuerza será para ellos el don que Jesús ha hecho de sí mismo, inmolándose voluntariamente sobre la cruz. Y este Pan de vida ¡ha llegado hasta nosotros!

La Eucaristía nos permite el no disgregarnos, porque es vínculo de comunión, y cumplimiento de la Alianza, señal viva del amor de Cristo que se ha humillado y anonadado para que permanezcamos unidos. Participando a la Eucaristía y nutriéndonos de ella, estamos incluidos en un camino que no admite divisiones. El Cristo presente en medio a nosotros, en la señal del pan y del vino, exige que la fuerza del amor supere toda laceración, y al mismo tiempo que se convierta en comunión, también con el más pobre, apoyo para el débil, atención fraterna con los que fatigan en el llevar el peso de la vida cotidiana. Están en peligro de perder la fe.

Hoy, fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, tenemos la alegría no solamente de celebrar este misterio, sino también de alabarlo y cantarlo por las calles de nuestra ciudad. Que la procesión que realizaremos al final de la misa, pueda expresar nuestro reconocimiento por todo el camino que Dios nos ha hecho recorrer a través del desierto de nuestras miserias, para hacernos salir de la condición servil, nutriéndonos de su amor mediante el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre.

Dentro de poco, mientras caminaremos a lo largo de la calle, sintámonos en comunión con tantos de nuestros hermanos y hermanas que no tienen la libertad para expresar su fe en el Señor Jesús. Sintámonos unidos a ellos: cantemos con ellos, alabemos con ellos, adoremos con ellos. Y veneremos en nuestro corazón a aquellos hermanos y hermanas a los que ha sido requerido el sacrificio de la vida por fidelidad a Cristo: que su sangre, unida a aquella del Señor, sea prenda de paz y de reconciliación para el mundo entero. Y no olvidemos: para no disgregarnos, coman este vínculo de comunión, para no disolverse beban el precio de su rescate”.

(Frases extractadas del libro, Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal y https://www.aciprensa.com/noticias/texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-solemnidad-del-corpus-christi).