Vecinos de Damasco, temerosos de una guerra civil que dejó a la capital rodeada de barrios en manos de rebeldes, se preparaban para los ataques aéreos. En una ciudad donde decenas de instalaciones militares se encuentran en medio de barrios civiles, algunos ciudadanos dejaban sus casas con la esperanza de encontrar un lugar más seguro, aunque muchos dudaban de que valiera la pena.
En las tiendas de alimentos, los sirios hacían acopio de pan, productos imperecederos y latas. El agua embotellada y las baterías también eran muy demandas.
La alianza de la OTAN, liderada por EEUU, dijo que la evidencia apuntaba a que las fuerzas de Assad usaron gas, calificándolo como una amenaza a la seguridad global. Rusia, sin embargo, dijo que los rebeldes habrían usado gas. El viceministro de Relaciones Exteriores, Vladimir Titov, dijo que “sería prematuro, por lo menos, discutir cualquier reacción del Consejo de Seguridad hasta que los inspectores de la ONU que trabajan en Siria presenten su reporte”. Como Rusia, China está preocupada por la interferencia occidental en los asuntos de otros estados soberanos. El oficialista Diario del Pueblo dijo que los ataques aéreos echarán combustible a las llamas de la guerra civil de Siria, como en el derrocamiento de Saddam Hussein en Irak. REUTERS