28 feb. 2024

“Siempre hubo acosos, presiones y situaciones de racismo y exclusión”

El antropólogo y etnomusicólogo Guillermo Mito Sequera reflexiona en esta entrevista sobre los Paĩ Tavyterã, su cultura y la violencia de un conflicto que recientemente atravesó a la comunidad.

Guillermo Sequera.

Antropólogo. ”Son culturas condenadas del siglo XXI”, asegura Guillermo Sequera.

Foto: Dardo Ramírez

Hay un texto del jesuita Bartomeu Melià, en la obra Culturas condenadas —una compilación que estuvo a cargo de Augusto Roa Bastos—, que resulta oportuno recordar en estos días:

“Nuestras sociedades, que tanto han exaltado los valores del heroísmo patrio, no han sabido nunca tomar conciencia del valor tenaz con que hombres y tribus han intentado defender su territorio y su identidad cultural, hasta derramar la última gota de su ser. No hay prácticamente en el Paraguay una sola tribu que no haya tenido que sufrir su Guerra de la Triple Alianza, en la que fue atacada y diezmada por las tres potencias de la invasión territorial, la destrucción biológica y la desintegración cultural. ¡Morimos con nuestra tierra!”, van gritando en su agonía.

Y es que en la narrativa del último enfrentamiento entre las fuerzas públicas y el autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo, se ha cargado la tinta en los logros del Gobierno en el combate al grupo armado, dejándose a un lado la manera en que este conflicto afecta a una comunidad indígena que apenas es nombrada en los reportes.

El enfrentamiento tuvo como escenario los territorios del pueblo Paĩ Tavyterã, en la comunidad Jasuka Venda, donde fueron asesinados dos indígenas y otro fue gravemente herido. De acuerdo con los relatos de antropólogos, los paĩ habitaron tradicionalmente alrededor de los cerros de la cordillera del Amambay de un lado y otro de la frontera entre Brasil y Paraguay, y sus tekoha guasu, incluso hasta hoy están relacionados con varios de estos cerros sagrados, siendo el más importante Jasuka Venda, considerado centro del universo por los paĩ.

Guillermo Sequera, antropólogo con una amplia experiencia y estudio con comunidades campesinas e indígenas y conocimientos de su cultura analiza los últimos acontecimientos que afectan gravemente a la comunidad.

—¿Cómo ve la situación actual?

—La actual es una situación muy compleja de por sí, con respecto a la situación de crisis profunda que está viviendo la sociedad paraguaya; con los altos riesgos de entrega de la soberanía a países poderosos. Esta historia de la Hidrovía, por ejemplo; ahí hay comunidades indígenas sobre el río que ya tienen incluso títulos de sus propiedades comunitarias.

En los años 60, mediante la alianza con sectores de la sociedad civil hubo un esfuerzo muy relevante y gracias a esa presión el Jasuka Venda les fue entregado a los paĩ.

Hubo un caso, con el entonces coronel Lino Oviedo, quien llegó a invadir y a presionar a los paĩ para que le entreguen los recursos forestales. Pero siempre hubo acosos, presiones, se dieron situaciones exacerbadas de racismo de exclusión. Cuántos más fueron asesinados en esas situaciones de conflicto entre incluso grandes ganaderos, sabemos, no es un secreto para nadie, Concepción, como Ñeembucú, Pilar, Misiones fueron territorios abandonados y sometidos a una vigilancia y un control criminal con la dictadura de Stroessner. El modelo está ahí, el modelo se reproduce bajo cooperación internacional. Qué éxitos trajo para Colombia en la lucha contra la droga, o qué hizo en Bolivia; en ningún lugar hubo un éxito declarado, sino más bien situaciones de alta confusión. Y son los desamparados las primeras víctimas.

—Sabemos muy poco sobre los paĩ.

—Sí, pero no solamente de ellos. Quiero volver a restituir la importancia que tuvo la entrega de su corazón a través de un texto común con un título realmente muy sugerente de Augusto Roa Bastos, esto de las culturas condenadas. Son culturas condenadas del siglo XXI, podemos ser sinceros sin pelos en la lengua, sin temores.

—¿Qué es Jasuka Venda?

—Nosotros podríamos hacer una lectura, una traducción en la dimensión cultural de lo que significaría sagrado para nosotros en nuestra cultura. En este caso, es propio de cualquier grupo humano que sea considerado un ámbito, un espacio... Un espacio donde el pueblo se encuentra, donde el pueblo va a congregarse para celebrar un acto ritual, un acto ceremonial propio de ellos que lo inventaron hace miles de años, antes de que nuestra presencia arribara con toda la maquinaria destructiva. Entonces, hay una gran deuda ahí, una gran deuda.

—¿Sabemos en qué condiciones viven?

—Miserables… y miserables es poco decir.

Ustedes vieron las fotografías, se ve perfectamente la miseria de un ranchito asentado en el lugar más sagrado, considerado por los Paĩ Tavyterã, que sería de Caacupé, si la Virgencita fuera depositada en una cabaña, en un ranchito miserable… pensemos en eso. Entonces, hay un grave problema de entendimiento de comunicación que debemos sortear de una vez, estamos en el siglo XXI.

Hay ausencia del Estado, ese no es ningún secreto, para los propios concepcioneros, se sabe eso. Hoy, en todo ese gran departamento tienen lugar y oportunidades de desarrollo, soja, los transgénicos en general, ganado, hay tres grandes frigoríficos; hoy la pulpa de papel tiene que ver con la plantación de 600.000 hectáreas de eucaliptos, donde la mira está puesta en la contratación de mano de obra barata de los Paĩ Tavyterã y de algunas comunidades Mbyá, ahí de Concepción…

—¿Por qué es importante hablar de ellos?

—Por una cuestión muy sencilla. El origen de la humanidad viene de ahí. Los paĩ pueden tener alta participación en la reposición de los recursos naturales porque tienen una gran sabiduría, un gran conocimiento. Ellos inventaron como otros la agricultura, la silvicultura. Imaginate con otros, no solo con guaraníes para sostener la vida, ellos saben mucho y nosotros desaprovechamos eso.

—¿Qué aportan los pueblos originarios?

—Ellos nos siguen dando lección. Lección que apuran el desarrollo sostenible y que apuran al mismo tiempo la valoración de los elementos cualitativos humanos que retiene la definición de una nueva cultura, la cultura de la humanidad, la cultura de la paz, la cultura de la madurez, de la racionalidad. Es la realidad, los pueblos originarios tienen sus recursos todavía, porque a la velocidad que vamos, los grandes especialistas les dan un muy triste futuro por el alto grado de peligro de extinción.

Como bien habían explicado Melià y Grinberg, los paĩ interpretan su vida en la tierra como una prueba que tiene que sufrir el alma, pero existe teóricamente al menos la posibilidad de llegar a la perfección, y así poder llegar a la tierra sin mal, en dirección al mar, Paray. Hoy se encuentran una vez más en el eje de un conflicto que promete seguir atacando ese centro del universo.

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