El control por la Contraloría General de la República (CGR) está en juego y el PLRA ya resolvió institucionalmente pelear para que un candidato de sus filas sea ungido en el cargo. El senador liberal Líder Amarilla exigió que la institución contralora sea ocupada por un representante de su nucleación política, pero sumando dentro del escenario a la disidencia para hacer frente al gobierno y ante un inminente copamiento cartista.
La premisa defendida por el legislador es clara y apela a la salud democrática: el control del gasto público debe ser ejercido por la oposición, y no por sectores afines al gobierno de turno.
Para el PLRA, esta exigencia trasciende la mera disputa por un cargo técnico o administrativo; se trata de una batalla estratégica por la influencia política en una de las instituciones más sensibles del Estado.
“El control debe ser ejercido por quien no pertenece al poder de turno”, sentenció Amarilla con relación a la postura oficial del PLRA que disputará para que un candidato de los liberales sea ungido en la Contraloría. El parlamentario subraya la determinación del liberalismo de disputar activamente los espacios de fiscalización.
Negociar con la disidencia
Para el senador liberal es preciso conversar con la disidencia colorada, pues este sector queda fuera de la disputa por la Contraloría General de la República (CGR), dado que las fichas del cartismo son el actual contralor, Camilo Benítez, quien aún no se postuló, y el hermano del apoderado de la ANR, Eduardo González, Gerardo González.
“No puede ser que el Partido Colorado se autocontrole. Hoy ese partido se reduce al cartismo, y están en concurso uno que es cartista (Camilo Benítez) y el otro hermano del apoderado de la ANR, que es más cartista. ¿Y dónde está la disidencia colorada?, es con la que debemos construir una mayoría de oposición al gobierno”, sostuvo Amarilla.
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El objetivo principal es garantizar la independencia de la CGR y evitar que la institución sea percibida o utilizada como una pieza más dentro del tablero del oficialismo, enfatiza el liberal.
Según el tablero político actual, la disidencia contaría con 8 votos, los cuales con una oposición a pleno se podrían tener chances de colocar en la terna a quienes consideran con el perfil para integrarla. No obstante, la palabra final la tienen los diputados, con los que también necesitarían un consenso.